jueves, 25 de agosto de 2016

Alguien como tú, de Xavier Bosch

A Alguien como tú, de Xavier Bosch, llegué buscando libros para este verano. Lo cierto es que estoy en una época de sequía lectora y no sabía si me iba a enganchar, pero finalmente lo hizo. En las primeras páginas, la historia que se desarrolla en el presente, la de Gina, me dejó un poco fría, pero fue entrar en la otra historia, la del pasado, la de Paulina, y me dejé ir a París irremediablemente.

Gina perdió a su madre, Paulina Homs, con tan solo 9 años. Sabe poco de su vida y apenas la recuerda hasta que encuentra una serie de cartas que revelan una historia de amor en el que el protagonista masculino no es su padre, sino un galerista francés llamado Jean-Pierre Zanardi.

Con estas cartas, fotografías y otros documentos que su madre dejó repartidas por algunas de las librerías más famosas de todo el mundo y que llegan a sus manos por casualidad, Gina reconstruye una historia de amor romántica, dulce, inspiradora, eléctrica, imprevista…, una historia de amor que nos lleva a una boda en París en los años 80, donde Paulina y Jean Pierre se conocen de la mano de Julia, prima de Paulina. Desde ese día y durante otros tres los protagonistas viven momentos inolvidables en la ciudad de la luz.

Pero la aventura física entre ambos termina en el momento en que Paulina tiene que volver a su casa con su marido y su hija, aunque bien saben la conexión entre ellos es más fuerte, tanto que continúa en el tiempo por carta y con una demostración de amor única y preciosa por parte de Paulina.

Parece que la historia muere el día en que Paulina fallece pero será Gina quien años después una todas las piezas del puzle y llegue de nuevo a Jean Pierre Zanardi.

Lo que más me ha gustado de este libro, aparte del enclave, París, es la bonita forma que Paulina tiene de demostrarle el amor a Jean Pierre a través de los libros de mariposas que él colecciona. Es absolutamente romántico. Además, gracias a esto he conocido un montón de librerías famosas en todo el mundo. La conexión entre todo esto que acabo de explicar tiene mucho sentido, pero dentro del libro. Hay que leerlo. 

miércoles, 3 de agosto de 2016

After, de Anna Todd

El verano es una de esas épocas del año en las que me apetece leer cosas ligeras y de fácil digestión. En esta ocasión,  para asegurarme de que acertaba, le pregunté a Google: lecturas de verano 2016. Revisé varias listas que compartían títulos como Instrumental, de James Rhodes; el nuevo de Jöel Dicker (del que me leí La verdad sobre el caso Harry Quebert en 2014); La chica del tren, de Paula Hawkins; … Sumando aquellos que ya había leído y otros que no me llamaban la atención, fui a parar a una serie de una escritora súper joven que empezó a escribir en Internet. Y esto me llamó la atención. El libro se titulaba After, y ella Anna Todd.

Tessa Young es un joven a la que su madre ha preparado para que su vida sea perfecta. Tiene 18 años, saca notazas y su novio es un chico ejemplar. Para su primer año de universidad tiene pensado todo al milímetro hasta que aparece Hardin Scott, el típico chico inteligente pero malote al máximo (Sí, Cincuenta sombras de Grey pero con menor carga erótica y mayor componente adolescente).

A pesar de que la autora deja constancia de que Tessa y Hardin son muy diferentes en muchos aspectos (ella es la típica chica estirada y él un gamberro redomado), algo surge entre ambos. Al principio parece que se trata solo de un rollo pasajero pero la relación se va intensificando entre celos, peleas, reencuentros, compromisos, rupturas,…

El libro de principio a fin es un continuo ir y venir, un no puedo vivir sin ti pero contigo tampoco típico de mentes adolescentes. Es absurdo idealizar una relación como esta y hablar de amor infinito, tal como la venden. Odio los tiras y aflojas continuos, lo fácil que Tessa perdona los desplantes, las malas maneras, las palabras malsonantes, las falsas promesas, el control obsesivo, lo pendiente que está de los cambios de humor de Hardin y lo que influye todo eso en su relación e incluso en su propia autoestima.

Cada vez que Hardin la lía parda y ella le manda a freír monas yo tenía la esperanza de que esa iba a ser la última (tonta de mí, que no me di cuenta de que este es el primero de una serie). Pero no, Tessa siempre perdona porque Hardin es irresistible, haga lo que haga. Y seguro que si seguimos leyendo la siguiente entrega, más de lo mismo.

Lo cierto es que la novela no tiene mucha más chicha, aparte de las terribles situaciones que se crean entre ellos, las idas y venidas, el alcohol, la universidad, una madre histérica, un novio bastante pánfilo y un grupo de amigos que mejor tener enemigos, la verdad.

¿Lectura ligera de verano? Pues no creas, es más pesado de lo que parece a pesar de ser una novela de niñatos adolescentes porque hay muchas situaciones desagradables e indignantes. Me ha recordado mucho a Cincuenta sombras de Grey: la chica inocente y el tío listo y guapo influyente y dominante.

Lo que más me gusta de este tipo de relatos es diseccionar a los personajes y analizar su psicología. ¿Por qué Hardin es tan inestable? ¿Por qué Tessa tiene tan poca autoestima? No creo que lea la siguiente parte y si empiezo, espero que Tessa deje de hacer el bobo porque a la siguiente escenita que monte Hardin, dejo de leer.

viernes, 10 de junio de 2016

Un perro, de Alejandro Palomas

El mismo día de la final de la Champions, el 28 de mayo, era también el primer sábado de la Feria del Libro de Madrid. Como os podéis imaginar, evento de tal magnitud (el fútbol, claro) y una tarde difícil de primavera, me permitieron pasear tranquilamente y sin agobios por El Retiro.

Y en esas iba cuando vi que ¡Alejandro Palomas! estaba firmando libros en la Feria. Había leído ya dos libros suyos que he reseñado en este blog: Una madre, mi libro favorito de 2015; y Un hijo. No me faltaban ganas de hincarle el diente a Un perro, su último libro, que salió a principios de este año y que está protagonizado por Amalia, la madre de Una madre. Así que me acerqué y me llevé el libro que me tenía pendiente y sumé otro pendiente más a mi lista. Ahora os cuento por qué.

Hablando con el autor, le comenté lo mucho que había disfrutado con Una madre y le hice unas cuantas observaciones sobre el libro. Desde que lo leí me decía a mí misma que muchas de las cosas que quedaron escritas en ese libro era necesario haberlas vivido para poder escribirlas de esa manera. Lo sé porque me sentí identificada en un par de pasajes y  pensé: “esto si no lo vives, no lo cuentas así, lo cuentas de otra manera, pero no con un sentimiento tan profundo”.

El caso es que Alejando Palomas me comentó que si me había gustado tanto Una madre que sí, que leyera Un perro, pero que, sobre todo, leyera El tiempo que nos une. Y así fue cómo salí de la Feria del Libro de Madrid de este año, borrando un pendiente y añadiendo otro, jeje.

En cuanto llegué a casa empecé a leer Un perro, que es el protagonista de hoy. De nuevo ahí estaban las dos Amalias, la más loca y la más cuerda. La más loca porque, a pesar de su edad, ella sigue teniendo ideas disparatadas que la llevan a situaciones desternillantes. Pero, sobre todo, me quedo ensimismada con la Amalia más cuerda, la que sale siempre cuando le tocan a alguno de sus hijos.

En esta ocasión, Amalia, Fer, Silvia y Emma esperan en la terraza de un bar una llamada súper importante para Fer. Su amigo R es el hilo de toda la novela y, gracias al cual, se van desatando, entre REV y FWD, episodios de la vida de todos y cada uno de los miembros de esta familia en las que inevitablemente surgen roces, alegrías, tristezas y un sinfín de situaciones emociones.

He de decir que me sigo quedando con Una madre aunque, probablemente, aquellos que compartáis la vida con algún animal podáis ver en esta novela mucho más allá de lo que yo he llegado. Tengo ganas ya de hacerme con El tiempo que nos une y volverme a encontrar con ese festival de sentimientos que Alejandro Palomas nos regala cada vez que abrimos una obra suya. Seguro que en breve os lo cuento.

“La soledad es quizá el momento más ruidoso del día; callan los de fuera, vuelven los de dentro”.

jueves, 19 de mayo de 2016

Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes

¿Habéis deseado alguna vez ser los únicos que habéis leído algo y no querer compartirlo con otros? Cada vez que tengo esa sensación sé que el texto en cuestión está tocando fibra. Y no penséis que es egoísmo (aunque puede que un poco sí); es que no me hago a la idea de que algo tan íntimo pueda ser de dominio público.

No me pasa con muchos, pero en los últimos tiempos he tenido la necesidad de no contarle a nadie nada de lo que estaba leyendo en más de un par de ocasiones. Este sentimiento me lo ha provocado por última vez, otra vez, Miguel Delibes con una obra suya poco conocida como es Señora de rojo sobre fondo gris.

Aunque parece el título de un cuadro cubista, esta novela se desarrolla principalmente a finales de los años 70 cuando Ana, la mujer de un exitoso pintor español de la época, muere de forma prematura. La historia es otra de muchas en las que la mujer interpreta un papel secundario desde el protagonismo más absoluto.

Ana es un torbellino, como lo son todas aquellas mujeres que constituyen el pilar sobre el que se asienta una familia: es inteligente, sensible, tiene ese tipo de personalidad arrolladora que  encandila y, además, es madre, abuela, esposa, amiga y la relaciones públicas de los negocios de su marido.
Es todo esto y muchas cosas más hasta que una enfermedad la obliga a parar, y es en ese momento cuando comienzan a tambalearse los cimientos de todos los que la rodean y, especialmente, los de su marido.

“Una voz misteriosa me soplaba la lección entonces y yo atribuía a los ángeles, pero ahora advertía que no eran los ángeles sino ella; su fe me fecundaba porque la energía creadora era de alguna manera transmisible ¿De quién me compadecía entonces, de ella o de mí?”

Esta novela corta, pero lo suficientemente extensa como para transmitir más que algunas de 1.000 páginas, habla del amor pero no del amor romántico, perfecto y con final feliz que nos intentan colar por todos lados. No. Habla del amor cotidiano y sencillo mezclado con las cosas de la vida. Habla de una relación forjada entre los hijos, el trabajo,  la familia, el día a día, las personalidades, la enfermedad, la incondicionalidad y la muerte.

Y, después de todo esto, relata el dolor desnudo y cruel que deja la pérdida. Y lo hace a través de un monólogo de un padre a su hija escrito de manera impecable. Muy Delibes.

De nuevo me ha vuelto a encandilar un libro de vida, íntimo y personal. No he podido evitar actuar como si fuera la destinataria de esa carta, la hija del pintor. Es tan difícil no leer a Delibes y reconocer ciertas cosas... Si fuera coherente os diría que no leáis este libro, que solo va dirigido a mí. Pero, haced el favor y leedlo. Descubrir a este escritor más allá de El Camino es una delicia.

"Nos bastaba mirarnos y sabernos. Nada importaba los silencios, el tedio de las primeras horas de la tarde. Estábamos juntos, era suficiente. Cuando ella se fue, todavía lo vi más claro: aquellas sobremesas sin palabra, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida, eran sencillamente la felicidad"

Ángeles de Castro, el álter ego de Ana en la realidad


En Señora de rojo sobre fondo gris, Miguel Delibes cuenta de forma velada su propia historia de amor. Salvando las distancias, puesto que el protagonista de la obra, Nicolás, es pintor, en la novela está presente el amor de toda una vida, una gran familia, una influencia enorme de la esposa, una enfermedad y una muerte prematura.

Lo mismo representó Ángeles de Castro para Delibes: su amor de vida, con quien formaría una gran familia, y un apoyo incondicional a lo largo de su recorrido común. Ángeles de Castro murió de forma prematura en el año 1974, y el vacío que muestra Nicolás es el mismo que Delibes pudo por fin plasmar en esta obra, que vio la luz en el año 1991, 17 años después del fallecimiento de su esposa.

martes, 10 de mayo de 2016

¡Abajo el colejio!, de Geoffrey Willans y Ronald Searle

Con esta última reseña acabo el reto de Mónica Serendipia, y eso que solo estamos en mayo ¡bien! Así me quito pronto la espinita del año pasado porque, como ya os he contado, no pude terminar el reto debido a que me topé con un libro que no encajaba mucho en mi perfil lector (aunque lo intenté).

El caso es que este año he leído casi de corrido todo lo que me propuse de este reto y la valoración final es bastante buena. Comencé con Confesiones de una heredera con demasiado tiempo libre, de Belén Barroso, un libro diferente a lo que suelo leer con el que me reí mucho; continué con Ellado bueno de las cosas, de Matthew Quick, una novela de la que ya había visto su versión cinematográfica y que resultó ser mi favorito de esta la tríada; y terminé con ¡Abajo el colejio!, de  Geoffrey Willans y Ronald Searle, del que, a continuación, os daré mi parecer.

Desde luego, lo que sí es ¡Abajo el colejio! es un libro diferente. Está escrito por un niño llamado Nigel Molesworth que estudia, por decir algo, en un internado inglés de los años 50. Para describir el suplicio en el que vive, decide escribir una historia muy mamarracha repleta de faltas de ortografía que duelen a la vista. Porque, si os parecía que la palabra "colejio" ya hace daño, es que no habéis abierto aún un ejemplar, por otro lado tan cuidadosamente editado. No da una a derechas, incluso por probabilidad, ese texto no podría estar tan mal escrito.

El contenido en sí mismo es bastante interesante. Nigel se esfuerza por describir pormenorizadamente cómo es su colegio, sus compañeros, sus profesores y un buen catálogo de trucos para quedar bien con los profesores o escaquearse de las clases. Además, él mismo ilustra (en realidad Ronald Searle lo hace por él) con bastante más acierto que escribe las situaciones que plasma en su escrito.

¡Abajo el colejio! es un libro de humor, mejor dicho, de humor británico, que particularmente no me ha cautivado. Las faltas de ortografía no han terminado de convencerme y, en vez de concentrarme en la lectura, no he hecho más que sorprenderme de los despropósitos que había escritos. Me quedo, a pesar de todo, con las ilustraciones, que narran con humor el contenido del libro y que preservan de los infartos de ojos después de tanto despropósito ortográfico.

Humor británico

Todos hemos oído hablar del  particular humor británico. Después de las pinceladas que os he dejado de ¡Abajo el colejio!, una muestra de la tan extensa producción de este tipo de humor, he estado navegando por la web y he encontrado un muy buen artículo deLa Vanguardia de hace unos años en los que se hace un repaso extensísimo de este género. “El humor británico bascula entre dos polos contrapuestos: la finura satírica basada en el sobreentendido y la farsa desbocada y procaz”.

Además de escritores como Saki o P.G. Wodehouse, muchos de vosotros recordaréis la influencia de humoristas británicos más audiovisuales con los que muchos hemos crecido. ¿O acaso no habéis visto nunca un capítulo de Mr. Bean o el show de Benny Hill?

miércoles, 4 de mayo de 2016

Nubes de kétchup, de Annabel Pitcher

Hace un tiempo leí un libro sencillo que me emocionó bastante. Con sus más y con sus menos, Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea, de Annabel Pitcher, cuenta una historia dura desde la perspectiva de un niño de una manera muy ingeniosa. Por eso fue que tenía en mi lista de pendientes otro de sus libros con un título más que sugerente: Nubes de kétchup.

Las nubes de kétchup son esas que el amanecer y el atardecer pintan de rojo. Preciosa metáfora. Estos dos elementos (un libro previo que me gustó y un título prometedor) me empujaron a la lectura de este libro. Si a ello le sumamos un planteamiento inicial muy competente, el resultado es ganas de leerlo pero ya.

Zoe es una chica inglesa de 15 años que tiene un secreto que la atormenta: ha matado a alguien, o eso es por lo menos lo que le cuenta a Stuart, un criminal que cumple condena en el corredor de la muerte en Texas por matar a su mujer. Zoe piensa que solo alguien que ha cometido un delito como el suyo es capaz de entender lo que tiene dentro. Y, de esta manera, empieza a cartearse con él, a contarle toda la historia, desde el principio.

Hasta aquí todo bien, todo genial. Pero, para mi gusto, hasta aquí. Después, exceptuando algunos pasajes, casi todos protagonizados por la hermana pequeña de Zoe, Dot, la novela se convierte en un pastelito adolescente en el que, además de Zoe, están implicados los hermanos Morgan, Max y Aaron.

Evidentemente, lo que cuenta es duro si algo así le llegara a pasar a una adolescente pero el tono es demasiado pastelón. La historia de Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea es tremendamente triste y, sin embargo, está mucho mejor resuelta; incluso gana puntos contada desde la perspectiva de un niño pequeño.

Sin embargo, la relación entre Zoe y los hermanos Morgan no me acaba de gustar, como tampoco la resolución de las tramas de los padres o del abuelo. Por el contrario, los pasajes en los que aparece Dot, la hermana pequeña de Zoe, que es sorda, ganan mucho en comicidad y en ternura.

En cuanto al desenlace, yo me imaginaba al principio que la sangre no llegaría al río y que los actos de Zoe no podían haber sido tan malos ni comparables a los de Stuart. A pesar de que sí que hay algo de lo prometido en el final, esperaba que la historia me ofreciera ese algo para compensar las cosas que no me habían gustado. No lo llegué a encontrar.

miércoles, 27 de abril de 2016

El lado bueno de las cosas, de Matthew Quick

El año pasado me quedé con la espinita de no haber cumplido el reto de Mónica Serendipia. Era bastante asequible y, de hecho, cumpliendo con este deber, descubrí dos novelas que me engancharon (especialmente La amiga estupenda, de Elena Ferrante). Sin embargo el libro de la discordia, ese con el que hubiera finiquitado el reto, se me atragantó.

Así que este año me lo he propuesto. El primero de los retos que voy a cumplir es este. Llevo buen ritmo y mis libros electos me acompañan. Si la semana pasada os hable de Confesiones de una heredera con demasiadotiempo libre, de Belén Barroso, hoy vengo con El lado bueno de las cosas, de Matthew Quick.

Al principio esta novela me daba cierto reparo porque ya había visto la peli hacía un tiempo. Pero mi memoria de pez ha ayudado a que no me acordara de los detalles más determinantes y, además, por lo que recuerdo, la peli difiere de la trama del libro. Así que, aunque hayáis visto la película, os animo a que lo leáis. Yo lo he disfrutado mucho.

Pat Peoples es un chico que, tras un desafortunado desencadenante en su vida que él no recuerda, tiene que internar en un psiquiátrico (el sitio malo, lo llama él). Tras un tiempo en este lugar, su madre consigue que le dejen salir y llevarle a casa y, a partir de entonces, el único objetivo de Pat es mejorar como persona y recuperar a su mujer, Nikki, a la que no ve desde que ocurrió aquel incidente.

Durante todo el libro Pat busca el final feliz a la película de su vida, que no es otro que volver con Nikki. Lo que él no sabe (y que tiene que descubrir a lo largo del libro) es que ese final feliz  podía venir de una manera diferente a como se lo había planteado.

En pleno proceso de recuperación, en el que el ejercicio físico y los partidos de los Eagles son una parte imprescindible de la vida de Pat, aparece una chica que trastoca sus planes: Tiffany. Tiffany es la cuñada del mejor amigo de Pat. Recientemente ha perdido de manera trágica a su marido y está psicológicamente muy afectada.

Juntos, Pat y Tiffany forman una extraña pareja de amigos: salen a correr juntos sin apenas hablar, van a cenar leche con cereales,… Sin embargo, su relación se va haciendo cada vez más fuerte, hasta el punto de que Tiffany le ofrece a Pat ayudarle a terminar el periodo de separación con Nikki si él hace algo a cambio por ella.

Y el resultado no es desde luego el final feliz que busca Pat, sino que dista mucho de la visión idílica que él quiere para su vida. Pero, ¿es retomar la relación con Nikki el único final feliz de para Pat? Probablemente no y Tiffany se va a encargar de demostrárselo.