miércoles, 7 de noviembre de 2018

Eleanor Oliphant está perfectamente, de Gail Honeyman

Hace unas semanas, descubrí gracias a Instagram una faceta que no conocía de la actriz norteamericana Reese Witherspoon. Según he podido leer en algunos medios de comunicación, harta de esperar a que la llamaran para trabajar en una nueva película, Witherspoon ha tomado las riendas de su carrera y lo ha hecho siguiendo sus propios valores, encabezados por el empoderamiento femenino. De esta manera, la actriz ha creado su propia productora y lo que os hablaba de la nueva faceta, un club de lectura que "celebra las historias de las mujeres" (aquí su Instagram).

Así fue cómo, por casualidad, descubrí el último libro de mi mes Leo Autoras Octubre, Eleanor Oliphant está perfectamente, de Gail Honeyman. Solo el título ya resulta llamativo, ¿no te parece?

Eleanor Oliphant es una chica de treinta años con muy pocas habilidades sociales. Es franca y directa, poco dada a las relaciones de ningún tipo y bastante rutinaria. Su comportamiento milimétrico se ve alterado el día que conoce a su nuevo compañero de trabajo, Raymond: juntos salvan la vida de Sammy, un anciano que sufre una indisposición en plena calle.

A partir de ese momento, y muy poco a poco, Eleanor va comprendiendo que los patrones que sigue en su vida y su concepto de familia y de protección no son los estándares. Gracias a Raymond y a un desengaño amoroso, el lector descubre paso a paso cómo Eleanor ha llegado hasta allí y la acompaña en su viaje de vuelta. ¿De verdad Eleanor Oliphant está perfectamente? En realidad, es un libro con un trasfondo duro pero narrado de una manera impecable.

El personaje de Eleanor es uno de los que más he disfrutado en los últimos tiempos. Es diferente, franca, directa, no tiene apego a los convencionalismos sociales pero un sentido de los valores vitales muy fuerte. De ahí su riqueza y su forma de ser tan diferente a lo que estamos acostumbrados en la actualidad: sin dobles intenciones, sin postureo, sin maldad. Es un gusto leer una novela con un personaje auténtico y sincero, con unos diálogos y monólogos tan bien escritos y tan diferentes (me ha encantado también el personaje de Raymond, es verdaderamente entrañable).

Me había puesto las piernas negras y el pelo rubio. Me había alargado y oscurecido las pestañas, espolvoreado colorete en las mejillas y pintado los labios en un tono rojo oscuro que no tenía parangón en la naturaleza. Nadie podría negar que debía de parecer menos humana que nunca, pero, pese a todo, resultaba ser el aspecto más aceptable, más apropiado que había tenido ante el mundo. Era desconcertante.

En alguna parte he leído que comparaban a Eleanor Oliphant con Ignatius Reilly, el protagonista de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Lo cierto es que la comparación no beneficia a ninguno de los dos. En lo único que podemos compararlos es que son personajes que se colocan fuera del engrase social aunque Eleanor Oliphant es mucho más comedida, eso sí.

Esta novela es de mis favoritas de este año, sin lugar a dudas, y parece ser que Reese Witherspoon la llevará a la gran pantalla en 2019. He estado siguiendo algunas otras recomendaciones del club de lectura de la actriz y creo que la selección es muy interesante y que, de ahí, pueden salir grandes lecturas. Os lo recomiendo.

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que disfruten con personajes fuera de lo común que tienen un trasfondo psicológico importante y una dosis de intriga añadida. Es una novela que reflexiona sobre los convencionalismos sociales, las apariencias, la verdadera esencia, y que trata problemas vitales duros.

Si te gusta este libro, también te gustará...

#LeoAutorasOct


Estoy realmente contenta con la selección de autoras de este mes de octubre de 2018. He leído cuatro novelas escritas y protagonizadas por mujeres. Las historias son preciosas pero los personajes lo son aún más; realmente me han enamorado, especialmente, los de Eleanor Oliphant y Florence Green. Os recomiendo todas: Todos los veranos del mundo, de Mónica Gutiérrez; Soñar bajo el agua, de Libby Page; La librería, de Penelope Fitzgerald; y Eleanor Oliphant está perfectamente, de Gail Honeyman.

Las reseñas de noviembre, como os adelanté en el post anterior, tendrán que ver con un tema diferente: la vida sencilla, uno de mis favoritos de los últimos tiempos. Además, estoy leyendo mi segundo libro en inglés, sin adaptaciones, The year of less, de Cait Flanders (el primero fue este). Prometo contaros cómo es la experiencia para ver si os animáis y que me deis recomendaciones.


viernes, 26 de octubre de 2018

[10] La vuelta a los libros, leo autoras octubre y noviembre sencillo



Hace unos días, leí un tuit de @Pocheflor en el que confesaba que llevaba un mes sin leer un libro porque los empezaba y era incapaz de seguirlos. Y me recordó dos cosas que me han pasado en el último año y medio.


La primera tiene que ver con una entrada que escribí hace tiempo en la que hablaba de que mi lista de lecturas era como leer el futuro en las hojas de té que quedan en el fondo de una taza, pero al revés. Es decir, que si la observamos detenidamente, nos podemos dar cuenta de que en los momentos en que no leo, algo me corroe (normalmente por dentro).

La segunda cosa está relacionada con la entrada en la que yo misma cuestionaba mi relación con los libros debido a una crisis lectora que ha durado casi un año. En aquel momento cuestionaba mi conexión con la lectura como forma de vida e incluso llegué a pensar que me estaba encasillando tanto en un tema en concreto que no lograba disfrutar de nada más.

Pero he vuelto al blog. ¿Por qué? ¿Por qué ahora? La verdad es que ha sido un impulso más de los que conducen mi vida pero la historia es esta. Este verano, después de un año de trabajo intenso y absorbente, me quedé sin empleo. Estuve ideando poner en marcha un blog sobre vida sostenible, que es otro de los temas que me interesan mucho en los últimos tiempos. Pero en ese proyecto echaba mucho de menos los libros.

Para mí, los libros son fuente infinita de inspiración y una de las principales guías de mi vida. Me di cuenta de que, en mi última etapa, los había cambiado por Instagram y por el postureo que muchas veces supone esta red social. Y sentí que debía volver aquí para reencontrarme conmigo mismo, con la calma, con la reflexión, con ese sentimiento que me provoca leer algo que me llega al alma.

Es verdad que, como comenté en el tuit de @Pocheflor, el hábito ha vuelto pero aún no la ilusión de cuando empecé este blog hace cuatro años. Supongo que forma parte de nuestra evolución como personas y del momento que estamos atravesando. Me preocupa, pero sigo adelante, sin pensarlo mucho, soltando, intentando no controlar la situación y esperando que se controle sola. Aunque, como siempre digo, voy a días.

Leo Autoras


De momento, este mes de octubre he querido rendir mi humilde y particular homenaje a la iniciativa Leo Autoras Octubre. Las cuatro lecturas elegidas tienen que ver con mujeres que hablan de otras mujeres. Unas buscan el sentido a su vida desde una perspectiva feel good; otras son personas corrientes que influyen en los demás de manera extraordinaria; muchas luchan por conseguir lo que se proponen a pesar de todo; y algunas nos sentimos diferentes entre la multitud.

Noviembre de vida sencilla


Estoy pensando hilo común para las lecturas del mes de noviembre. Me apetece infinito empezar a leer en inglés (ya leí este, por ejemplo) y, en concreto, me apetece este libro. Además, quiero seguir profundizando en libros que completen el apartado de vida sencilla del blog y hace poco descubrí a Alain de Botton, así que posiblemente el próximo mes de noviembre estaré leyendo libros sobre vida consciente.

Estoy deseando empezar.

lunes, 22 de octubre de 2018

La librería, de Penelope Fitzgerald

Hace un tiempo, cuando se estrenó la película de Isabel Coixet (noviembre de 2017), hice intento de leer La librería, de Penelope Fitzgerald. Pero aquel, definitivamente, no fue su momento. Me encontraba en otro punto y me pareció un libro lento.

Sin embargo, este mes (un año después), coincidiendo con la iniciativa Leo Autoras Octubre, lo encontré de nuevo en la biblioteca y lo cogí prestado. Intuía que le había llegado el momento y que era una buena continuación al libro que había estado leyendo, Soñar bajo el agua, de Libby Page.

Y el resultado de esta lectura ha sido una mezcla de los dos párrafos anteriores. La librería es un libro lento, cotidiano y sencillo pero con la historia de una mujer fuerte y guerrera detrás, como lo eran Kate y Rosemary en la novela de Libby Page.

En esta ocasión, la protagonista se llama Florence Green, es viuda y vive de forma modesta en Hardborough (Inglaterra), un pueblo pequeño y poco desarrollado, con pocos servicios y comercios, motivo por el que Florence pensó que sería buena idea abrir una librería. Al fin y al cabo, de joven había trabajado en la librería Müller's y tenía experiencia en el sector.

A buena parte de los habitantes del lugar, esta iniciativa les parece una locura y otros son bastante reticentes debido sobre todo a que el lugar en el que se abrirá el negocio es una vieja casa en condiciones dudosas conocida como Old Hardborough. Florence se las tiene que ver con el banquero, con el abogado, con las reticencias de la todopoderosa señora Gamart, que tenía otros planes para Old Hardborough, con el pescadero e incluso con un rapper (fantasma) que habita la casa.

Pero también contará con la ayuda de uno de los vecinos más influyentes de Hardborough, el misterioso señor Brundish y de su aprendiz, Christine Gripping. La librería se convertirá durante un tiempo en un comercio de bien en el pueblo y su máximo esplendor llegará cuando Florence decide empezar a vender una novela que hasta el momento se había calificado de escandalosa o inmoral: Lolita, de Vladimir Nabokov (esta es, sin duda, mi parte favorita de la novela).

- ¿Qué? ¿Al final va a encargar Lolita?
- Todavía no lo he decidido. He pedido un ejemplar de lectura. Estoy un poco desconcertada por lo que han dicho de ella los periódicos americanos. Un crítico ha afirmado que su publicación era una mala noticia para el ramo y para los lectores, porque era aburrida, pretenciosa, de lenguaje florido y repulsiva. Pero por otro lado había un artículo de Graham Greene que decía que era una obra maestra.

A pesar de los éxitos, una serie de intereses pondrán en riesgo el negocio de Florence, que tendrá que vérselas con el banquero, con el abogado, con la señora Gamart, con el pescadero e incluso con el rapper.

La librería no es una novela que me haya encantado pero hay dos cosas que me han parecido de lo más interesantes. A una de ellas, ya he hecho referencia, la parte de Lolita, y la otra es el personaje de la protagonista, Florence Green. Es una mujer pequeña, menuda, de hábitos predecibles y muy modesta. Pero tiene coraje, fuerza, valor, perseverancia, lealtad a sus ideas, a la vez que tolerancia y respeto por los demás.

Florence tenía buen corazón, aunque eso sirve de bien poco cuando de lo que se trata es de sobrevivir

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que disfruten con historias de librerías y de libros. También para aquellos que busquen novelas con personajes fuertes, con gran sentido de la lealtad y amplias dosis de coraje, fuerza, valor y perseverancia. Recomendado también para los que sabemos que la vida no es justa, a pesar de.

Si te gusta este libro, también te gustará...


#LeoAutorasOct

Este mes de octubre continúo leyendo autoras. A Todos los veranos del mundo, de Mónica Gutiérrez, y a Soñar bajo el agua, de Libby Page, se La librería, de Penelope Fitzgerald, y, en breve, Eleanor Oliphant está perfectamente, de Gail Honeyman.


lunes, 15 de octubre de 2018

Soñar bajo el agua, de Libby Page

La novela que hoy os reseño la encontré a principios de verano haciendo una búsqueda sobre literatura feel good, que es uno de los cuatro pilares básicos de este blog. Y sí, podemos decir que Soñar bajo el agua, de Libby Page, es un libro feel good pero también me ha recordado mucho a Alguien, de Alice McDermott. Y ahora os explicaré por qué.

Rosemary es una anciana que vive en Brixton. Toda su historia está ligada a este barrio londinense y a su piscina: lleva frecuentándola desde que era una niña, incluso durante la guerra, y después sería uno de los escenarios más representativos de su vida de casada. Ahora, con 86 años, se levanta cada mañana para acudir a su cita puntual con las aguas frías y azules de su piscina hasta que un día el ayuntamiento decide que es hora de vender la piscina a un grupo inmobiliario para evitar las pérdidas que genera. Pero Paradise Living tiene otros planes para el barrio: construirá un complejo de edificios y una cancha de tenis en el lugar que ocupa en este momento la piscina.

Kate es una joven periodista del diario local Brixton Chronicle. Desde que se mudó al barrio hace dos años apenas tiene contacto con nadie y la persigue la sombra de sus ataques de pánico y la depresión. En el trabajo escribe en la sección de mascotas perdidas hasta que su jefe decide darle como encargo que escriba sobre el posible cierre de la piscina del barrio. Ella no lo sabe, pero conocer a Rosemary y al elenco de amigos de la anciana, va a dar un giro a su existencia.

Como en todas las novelas feel good, a los protagonistas les cambia la vida gracias en parte a un arranque de coraje y fuerza por un motivo que les mueve desde dentro. En el caso de Kate, ese motivo es ayudar a Rosemary a evitar el cierre de la piscina que tanto significa para ella y para los habitantes del barrio. Kate se involucra tanto en todo ello que acaba por hacer de esta causa la suya propia, al tiempo que descubre un  mundo que hasta ahora le era desconocido: el sentimiento de comunidad y de amistad en un barrio como Brixton.

¿Y por qué digo que Soñar bajo el agua me ha recordado a Alguien, de Alice McDermott? Pues porque, salvando las distancias del género, ambas son historias de gente corriente y de vida cotidiana. A los personajes de Soñar bajo el agua no les ocurren cosas trascendentales pero sí les pasa la vida alrededor de esa piscina. El frutero, los libreros, la anciana, la vecina, la compra, los estudios, el barrio,... Esos son los protagonistas diarios, para mí mucho más complicados de desarrollar que aquellas novelas en las que pasan grandes cosas. Porque, ¿cómo mantienes vivo el interés del lector? Pues a través de la empatía, de vernos reflejados.

Y, como ya dije en la reseña de Alguien, creo que en ese tipo de libros hay mucha belleza y un mensaje, sobre todo en la sociedad de escaparate en la que vivimos actualmente: todas las vidas son importantes porque ellas influirán en otras, y así sucesivamente.

Sí, este es un libro lento, que transcurre en su mayor parte en la cotidianeidad de gente que normalmente no es protagonista. Es una novela para leer cuando necesites ralentizar tus revoluciones, para no tener prisa y para valorar el día a día, la lentitud y la amistad. También es una novela que reflexiona sobre la soledad en una sociedad afiliada a la prisa y a la imagen externa, y sobre la depresión y la ansiedad.

El florista es un hombre mayor que lleva un delantal de color verde oscuro, luce una cadena de oro en el cuello y tiene las uña negras llenas de tierra. Haga frío o calor, vende "lo sientos" y "te quieros" a un precio razonable. Envueltos en papel marrón y sujetos a una cinta.

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que busquen paz y tranquilidad en su vida y la grandeza de las cosas cotidianas. También para aquellos que deseen encontrar el sentido de la amistad y del amor más puros. La soledad, la ansiedad y la depresión son temas latentes, por lo que también puede servir como terapia en estos casos.

Lee más sobre feel good



Lee más sobre historias cotidianas



Si te gusta este libro, también te gustará...


#LeoAutorasOct

Este mes de octubre continúo leyendo autoras. A Todos los veranos del mundo, de Mónica Gutiérrez, y a Soñar bajo el agua, de Libby Page, se sumará La librería, de Penelope Fitzgerald, que reseñaré en breve.


miércoles, 3 de octubre de 2018

Todos los veranos del mundo, de Mónica Gutiérrez (Serendipia)

Hace tiempo que estoy prácticamente desaparecida del blog. Todo tiene su explicación y ya os lo avanzaba en una entrada de hace justo un año. En aquel momento dudaba de si había dejado de conectar con la lectura o si, simplemente, mi crisis lectora estaba más relacionada con el cansancio que acumulaba.

Ahora ya tengo mi respuesta y no tengo mejor modo de celebrarla que volviendo al blog con una nueva reseña de un libro de mi género favorito, el feel good. Pero es que, además, este no es un libro feel good cualquiera. No. Para nada. Es lo nuevo de Mónica Gutiérrez (Serendipia), Todos los veranos del mundo. Un par de entradas más abajo, solo separados por El libro de los Baltimore, de Joël Dicker, podéis leer la reseña de su libro anterior, La librería del señor Livingstone.

Helena es abogada y trabaja para uno de los bufetes más importantes de Barcelona. A finales de verano, unas semanas antes de su boda, se reúne con su familia en el pueblo de su infancia para descansar y hacer los preparativos para la gran fecha. Lo que Helena no sabe en ese momento es que, durante esos días, sucederán cosas que le harán desprenderse de su caparazón y ver la vida desde otro punto de vista: aprenderá a entender a su madre, se reconciliará con su hermana Silvia, se refugiará en su hermano Xavier, conocerá a un librero sabio con acento inglés y cara de ratón y se reencontrará con su viejo amigo de la infancia, Marc Saugrés.

El carácter de Helena va mudando conforme pasan los días en ese pueblo del Pirineo catalán donde el tiempo pasa de otra manera y los problemas se relativizan e incluso desaparecen. El mal humor y los resentimientos van dejando espacio a una Helena que viste calcetines de colores, relajada, tranquila y en paz que, progresivamente, va descubriendo quién es y lo que quiere.

Y es en ese punto, más o menos a la mitad del libro, que aparece el personaje femenino que tanto me gusta de las novelas de Mónica Serendipia. Ese hada vulnerable pero fuerte, indecisa pero segura, que tiene el valor de cambiar el rumbo de su vida para ser fiel a lo que realmente es.

Vuelven a aparecer en este libro esos elementos característicos de la novela feel good con los que tanto disfruto: un pueblo que huele a galletas de vainilla; un bar donde se comen las mejores aceitunas del mundo; un jardín que huele a jazmines decorado con luces navideñas; y una librería en la que podría quedarme a vivir.

También están las numerosas referencias a libros y autores tan propios de las novelas de Mónica, por las que puedes navegar hasta perderte; y esos negocios con encanto que a todos nos gustaría regentar. Siempre es un placer volver a soñar despierta con este tipo de novelas, recuperar la paz y el sentido de tu vida.

[…] Quiero dejar de ser tantas cosas a la vez para convertirme solo en una: una mujer con un libro abierto entre las manos, solo eso, ¡eso es lo que quiero!

Otras reseñas de los libros de Mónica Gutiérrez

Entrevistas y colaboraciones

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#LeoAutorasOct


En octubre de 2016, se popularizó en las redes sociales la iniciativa "Leo Autoras Octubre" para visibilizar la labor de autoras de todo tipo. De nuevo este 2018, la propuesta se ha retomado y quiero hacer mi contribución con esta lectura de Mónica Serendipia y con las que tienen que venir este mes. Ya estoy leyendo Soñar bajo el agua, de Libby Page y dentro de unos días tendréis también la reseña.