jueves, 29 de noviembre de 2018

The year of less, de Cait Flanders

En la newsletter de octubre, me fijé como propósito disfrutar de un noviembre de lecturas sencillas, y lo he cumplido a raja tabla. Un único libro. Una lectura especial a la que le tenía muchas ganas desde hace unos meses.

Conocí a la autora este verano a través de uno de mis sitios web favoritos y, desde que aterricé en su blog, supe que iba a quedarme. Cait Flanders es una joven canadiense que, en un momento de su vida, fue adicta al alcohol, a la comida, a las compras,... y llegó a estar en bancarrota. De hecho, en el primer post de su blog en junio de 2011, habla de cómo había llegado al punto de estar maxed out (sobrepasada, en bancarrota). Dos años después, en mayo de 2013, y tras seguir un exhaustivo plan para pagar su deuda, anunciaba que la había cancelado.

El blog de Cait Flanders me encanta por muchas razones (está muy bien escrito (en inglés, eso sí), el contenido es útil y es muy sencillo de navegar) pero lo que más me gusta, sin duda, es leer su evolución personal en los últimos siete años: de hacer recortes económicos por necesidad a disfrutar de lo que ella llama "vivir con menos" tras un shopping ban o un año sin comprar nada (que no sea necesario, aquí las reglas) y un decluttering o limpieza y orden de sus pertenencias.

El resumen de ese año (entre julio de 2014 y julio de 2015) quedó registrado en su página web, pero también publicó un libro en el que, además, pone en contexto ese año sin compras: The year of less. How I Stopped shopping, gave away my belongings, and discovered life is worth more than anything you can buy in a store.

Yo tenía especial interés en leer este libro por dos razones, una más práctica (mi intención es empezar a leer en inglés) y otra más romántica y es que, desde el mes de marzo de 2018, había empezado a hacer mi propio shopping ban, relacionado sobre todo con el veto de la compra de ropa (a día de hoy llevo ocho meses sin comprar ni ropa ni zapatos).

Mucha gente podría preguntarse por qué alguien se prohíbe a sí misma comprarse cosas. En estos meses he escuchado frases como que compramos cosas porque "para eso trabajamos", "nos lo merecemos", "hay que darse un capricho",... Pero, en realidad todo esto tiene que ver con aprender a vivir de forma consciente sin la necesidad de canalizar nuestra energía con el consumo exagerado.

En un momento de su vida, Cait se vio encerrada en una espiral de trabajo infernal para satisfacer todas las necesidades artificiales que se había creado, entre ellas, algunas que la perjudicaban seriamente y la abocaban a trabajar aún más para poder permitírselas. A lo largo del libro, podemos observar cómo los cambios que Cait lleva a cabo no surgen de un día para otro, sino que llega a ellos de manera progresiva y los va enlazando uno detrás de otro, dependiendo del momento de vida en el que se encuentra.

He de decir que me encantan las historias de vida y que esta de Cait Flanders me ha inspirado muchísimo, sobre todo en los últimos capítulos. Merece la pena el esfuerzo de leer en inglés (dicho sea de paso, es un libro que se lee bastante fácil con un nivel intermedio) solo por encontrar reflexiones como las siguientes:

I wish I could say this didn't feel as revelatory as it did. With these numbers in hand, I literally fantasized about screaming my discovery from the rooftops of stores and shopping malls: If you're wondenring why you can't save money, stop buying styff you don't need! And trust me, you probably don't need anything in here!

The ban uncovered the truth, which was that when you decide to want less, you can buy less and, ultimately, need less money.

Cait Flanders ha conseguido expresar en palabras lo que yo llevaba rondando en mi cabeza mucho tiempo. Si estás en un momento de cambio y de desarrollo personal, este libro es una buena inspiración.

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que estén inmersos en un periodo de cambios personales y quieran profundizar en un estilo de vida sencillo.

Si te gusta este libro, también te gustará...

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Eleanor Oliphant está perfectamente, de Gail Honeyman

Hace unas semanas, descubrí gracias a Instagram una faceta que no conocía de la actriz norteamericana Reese Witherspoon. Según he podido leer en algunos medios de comunicación, harta de esperar a que la llamaran para trabajar en una nueva película, Witherspoon ha tomado las riendas de su carrera y lo ha hecho siguiendo sus propios valores, encabezados por el empoderamiento femenino. De esta manera, la actriz ha creado su propia productora y lo que os hablaba de la nueva faceta, un club de lectura que "celebra las historias de las mujeres" (aquí su Instagram).

Así fue cómo, por casualidad, descubrí el último libro de mi mes Leo Autoras Octubre, Eleanor Oliphant está perfectamente, de Gail Honeyman. Solo el título ya resulta llamativo, ¿no te parece?

Eleanor Oliphant es una chica de treinta años con muy pocas habilidades sociales. Es franca y directa, poco dada a las relaciones de ningún tipo y bastante rutinaria. Su comportamiento milimétrico se ve alterado el día que conoce a su nuevo compañero de trabajo, Raymond: juntos salvan la vida de Sammy, un anciano que sufre una indisposición en plena calle.

A partir de ese momento, y muy poco a poco, Eleanor va comprendiendo que los patrones que sigue en su vida y su concepto de familia y de protección no son los estándares. Gracias a Raymond y a un desengaño amoroso, el lector descubre paso a paso cómo Eleanor ha llegado hasta allí y la acompaña en su viaje de vuelta. ¿De verdad Eleanor Oliphant está perfectamente? En realidad, es un libro con un trasfondo duro pero narrado de una manera impecable.

El personaje de Eleanor es uno de los que más he disfrutado en los últimos tiempos. Es diferente, franca, directa, no tiene apego a los convencionalismos sociales pero un sentido de los valores vitales muy fuerte. De ahí su riqueza y su forma de ser tan diferente a lo que estamos acostumbrados en la actualidad: sin dobles intenciones, sin postureo, sin maldad. Es un gusto leer una novela con un personaje auténtico y sincero, con unos diálogos y monólogos tan bien escritos y tan diferentes (me ha encantado también el personaje de Raymond, es verdaderamente entrañable).

Me había puesto las piernas negras y el pelo rubio. Me había alargado y oscurecido las pestañas, espolvoreado colorete en las mejillas y pintado los labios en un tono rojo oscuro que no tenía parangón en la naturaleza. Nadie podría negar que debía de parecer menos humana que nunca, pero, pese a todo, resultaba ser el aspecto más aceptable, más apropiado que había tenido ante el mundo. Era desconcertante.

En alguna parte he leído que comparaban a Eleanor Oliphant con Ignatius Reilly, el protagonista de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Lo cierto es que la comparación no beneficia a ninguno de los dos. En lo único que podemos compararlos es que son personajes que se colocan fuera del engrase social aunque Eleanor Oliphant es mucho más comedida, eso sí.

Esta novela es de mis favoritas de este año, sin lugar a dudas, y parece ser que Reese Witherspoon la llevará a la gran pantalla en 2019. He estado siguiendo algunas otras recomendaciones del club de lectura de la actriz y creo que la selección es muy interesante y que, de ahí, pueden salir grandes lecturas. Os lo recomiendo.

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que disfruten con personajes fuera de lo común que tienen un trasfondo psicológico importante y una dosis de intriga añadida. Es una novela que reflexiona sobre los convencionalismos sociales, las apariencias, la verdadera esencia, y que trata problemas vitales duros.

Si te gusta este libro, también te gustará...

#LeoAutorasOct


Estoy realmente contenta con la selección de autoras de este mes de octubre de 2018. He leído cuatro novelas escritas y protagonizadas por mujeres. Las historias son preciosas pero los personajes lo son aún más; realmente me han enamorado, especialmente, los de Eleanor Oliphant y Florence Green. Os recomiendo todas: Todos los veranos del mundo, de Mónica Gutiérrez; Soñar bajo el agua, de Libby Page; La librería, de Penelope Fitzgerald; y Eleanor Oliphant está perfectamente, de Gail Honeyman.

Las reseñas de noviembre, como os adelanté en el post anterior, tendrán que ver con un tema diferente: la vida sencilla, uno de mis favoritos de los últimos tiempos. Además, estoy leyendo mi segundo libro en inglés, sin adaptaciones, The year of less, de Cait Flanders (el primero fue este). Prometo contaros cómo es la experiencia para ver si os animáis y que me deis recomendaciones.


viernes, 26 de octubre de 2018

[10] La vuelta a los libros, leo autoras octubre y noviembre sencillo



Hace unos días, leí un tuit de @Pocheflor en el que confesaba que llevaba un mes sin leer un libro porque los empezaba y era incapaz de seguirlos. Y me recordó dos cosas que me han pasado en el último año y medio.


La primera tiene que ver con una entrada que escribí hace tiempo en la que hablaba de que mi lista de lecturas era como leer el futuro en las hojas de té que quedan en el fondo de una taza, pero al revés. Es decir, que si la observamos detenidamente, nos podemos dar cuenta de que en los momentos en que no leo, algo me corroe (normalmente por dentro).

La segunda cosa está relacionada con la entrada en la que yo misma cuestionaba mi relación con los libros debido a una crisis lectora que ha durado casi un año. En aquel momento cuestionaba mi conexión con la lectura como forma de vida e incluso llegué a pensar que me estaba encasillando tanto en un tema en concreto que no lograba disfrutar de nada más.

Pero he vuelto al blog. ¿Por qué? ¿Por qué ahora? La verdad es que ha sido un impulso más de los que conducen mi vida pero la historia es esta. Este verano, después de un año de trabajo intenso y absorbente, me quedé sin empleo. Estuve ideando poner en marcha un blog sobre vida sostenible, que es otro de los temas que me interesan mucho en los últimos tiempos. Pero en ese proyecto echaba mucho de menos los libros.

Para mí, los libros son fuente infinita de inspiración y una de las principales guías de mi vida. Me di cuenta de que, en mi última etapa, los había cambiado por Instagram y por el postureo que muchas veces supone esta red social. Y sentí que debía volver aquí para reencontrarme conmigo mismo, con la calma, con la reflexión, con ese sentimiento que me provoca leer algo que me llega al alma.

Es verdad que, como comenté en el tuit de @Pocheflor, el hábito ha vuelto pero aún no la ilusión de cuando empecé este blog hace cuatro años. Supongo que forma parte de nuestra evolución como personas y del momento que estamos atravesando. Me preocupa, pero sigo adelante, sin pensarlo mucho, soltando, intentando no controlar la situación y esperando que se controle sola. Aunque, como siempre digo, voy a días.

Leo Autoras


De momento, este mes de octubre he querido rendir mi humilde y particular homenaje a la iniciativa Leo Autoras Octubre. Las cuatro lecturas elegidas tienen que ver con mujeres que hablan de otras mujeres. Unas buscan el sentido a su vida desde una perspectiva feel good; otras son personas corrientes que influyen en los demás de manera extraordinaria; muchas luchan por conseguir lo que se proponen a pesar de todo; y algunas nos sentimos diferentes entre la multitud.

Noviembre de vida sencilla


Estoy pensando hilo común para las lecturas del mes de noviembre. Me apetece infinito empezar a leer en inglés (ya leí este, por ejemplo) y, en concreto, me apetece este libro. Además, quiero seguir profundizando en libros que completen el apartado de vida sencilla del blog y hace poco descubrí a Alain de Botton, así que posiblemente el próximo mes de noviembre estaré leyendo libros sobre vida consciente.

Estoy deseando empezar.

lunes, 22 de octubre de 2018

La librería, de Penelope Fitzgerald

Hace un tiempo, cuando se estrenó la película de Isabel Coixet (noviembre de 2017), hice intento de leer La librería, de Penelope Fitzgerald. Pero aquel, definitivamente, no fue su momento. Me encontraba en otro punto y me pareció un libro lento.

Sin embargo, este mes (un año después), coincidiendo con la iniciativa Leo Autoras Octubre, lo encontré de nuevo en la biblioteca y lo cogí prestado. Intuía que le había llegado el momento y que era una buena continuación al libro que había estado leyendo, Soñar bajo el agua, de Libby Page.

Y el resultado de esta lectura ha sido una mezcla de los dos párrafos anteriores. La librería es un libro lento, cotidiano y sencillo pero con la historia de una mujer fuerte y guerrera detrás, como lo eran Kate y Rosemary en la novela de Libby Page.

En esta ocasión, la protagonista se llama Florence Green, es viuda y vive de forma modesta en Hardborough (Inglaterra), un pueblo pequeño y poco desarrollado, con pocos servicios y comercios, motivo por el que Florence pensó que sería buena idea abrir una librería. Al fin y al cabo, de joven había trabajado en la librería Müller's y tenía experiencia en el sector.

A buena parte de los habitantes del lugar, esta iniciativa les parece una locura y otros son bastante reticentes debido sobre todo a que el lugar en el que se abrirá el negocio es una vieja casa en condiciones dudosas conocida como Old Hardborough. Florence se las tiene que ver con el banquero, con el abogado, con las reticencias de la todopoderosa señora Gamart, que tenía otros planes para Old Hardborough, con el pescadero e incluso con un rapper (fantasma) que habita la casa.

Pero también contará con la ayuda de uno de los vecinos más influyentes de Hardborough, el misterioso señor Brundish y de su aprendiz, Christine Gripping. La librería se convertirá durante un tiempo en un comercio de bien en el pueblo y su máximo esplendor llegará cuando Florence decide empezar a vender una novela que hasta el momento se había calificado de escandalosa o inmoral: Lolita, de Vladimir Nabokov (esta es, sin duda, mi parte favorita de la novela).

- ¿Qué? ¿Al final va a encargar Lolita?
- Todavía no lo he decidido. He pedido un ejemplar de lectura. Estoy un poco desconcertada por lo que han dicho de ella los periódicos americanos. Un crítico ha afirmado que su publicación era una mala noticia para el ramo y para los lectores, porque era aburrida, pretenciosa, de lenguaje florido y repulsiva. Pero por otro lado había un artículo de Graham Greene que decía que era una obra maestra.

A pesar de los éxitos, una serie de intereses pondrán en riesgo el negocio de Florence, que tendrá que vérselas con el banquero, con el abogado, con la señora Gamart, con el pescadero e incluso con el rapper.

La librería no es una novela que me haya encantado pero hay dos cosas que me han parecido de lo más interesantes. A una de ellas, ya he hecho referencia, la parte de Lolita, y la otra es el personaje de la protagonista, Florence Green. Es una mujer pequeña, menuda, de hábitos predecibles y muy modesta. Pero tiene coraje, fuerza, valor, perseverancia, lealtad a sus ideas, a la vez que tolerancia y respeto por los demás.

Florence tenía buen corazón, aunque eso sirve de bien poco cuando de lo que se trata es de sobrevivir

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que disfruten con historias de librerías y de libros. También para aquellos que busquen novelas con personajes fuertes, con gran sentido de la lealtad y amplias dosis de coraje, fuerza, valor y perseverancia. Recomendado también para los que sabemos que la vida no es justa, a pesar de.

Si te gusta este libro, también te gustará...


#LeoAutorasOct

Este mes de octubre continúo leyendo autoras. A Todos los veranos del mundo, de Mónica Gutiérrez, y a Soñar bajo el agua, de Libby Page, se La librería, de Penelope Fitzgerald, y, en breve, Eleanor Oliphant está perfectamente, de Gail Honeyman.


lunes, 15 de octubre de 2018

Soñar bajo el agua, de Libby Page

La novela que hoy os reseño la encontré a principios de verano haciendo una búsqueda sobre literatura feel good, que es uno de los cuatro pilares básicos de este blog. Y sí, podemos decir que Soñar bajo el agua, de Libby Page, es un libro feel good pero también me ha recordado mucho a Alguien, de Alice McDermott. Y ahora os explicaré por qué.

Rosemary es una anciana que vive en Brixton. Toda su historia está ligada a este barrio londinense y a su piscina: lleva frecuentándola desde que era una niña, incluso durante la guerra, y después sería uno de los escenarios más representativos de su vida de casada. Ahora, con 86 años, se levanta cada mañana para acudir a su cita puntual con las aguas frías y azules de su piscina hasta que un día el ayuntamiento decide que es hora de vender la piscina a un grupo inmobiliario para evitar las pérdidas que genera. Pero Paradise Living tiene otros planes para el barrio: construirá un complejo de edificios y una cancha de tenis en el lugar que ocupa en este momento la piscina.

Kate es una joven periodista del diario local Brixton Chronicle. Desde que se mudó al barrio hace dos años apenas tiene contacto con nadie y la persigue la sombra de sus ataques de pánico y la depresión. En el trabajo escribe en la sección de mascotas perdidas hasta que su jefe decide darle como encargo que escriba sobre el posible cierre de la piscina del barrio. Ella no lo sabe, pero conocer a Rosemary y al elenco de amigos de la anciana, va a dar un giro a su existencia.

Como en todas las novelas feel good, a los protagonistas les cambia la vida gracias en parte a un arranque de coraje y fuerza por un motivo que les mueve desde dentro. En el caso de Kate, ese motivo es ayudar a Rosemary a evitar el cierre de la piscina que tanto significa para ella y para los habitantes del barrio. Kate se involucra tanto en todo ello que acaba por hacer de esta causa la suya propia, al tiempo que descubre un  mundo que hasta ahora le era desconocido: el sentimiento de comunidad y de amistad en un barrio como Brixton.

¿Y por qué digo que Soñar bajo el agua me ha recordado a Alguien, de Alice McDermott? Pues porque, salvando las distancias del género, ambas son historias de gente corriente y de vida cotidiana. A los personajes de Soñar bajo el agua no les ocurren cosas trascendentales pero sí les pasa la vida alrededor de esa piscina. El frutero, los libreros, la anciana, la vecina, la compra, los estudios, el barrio,... Esos son los protagonistas diarios, para mí mucho más complicados de desarrollar que aquellas novelas en las que pasan grandes cosas. Porque, ¿cómo mantienes vivo el interés del lector? Pues a través de la empatía, de vernos reflejados.

Y, como ya dije en la reseña de Alguien, creo que en ese tipo de libros hay mucha belleza y un mensaje, sobre todo en la sociedad de escaparate en la que vivimos actualmente: todas las vidas son importantes porque ellas influirán en otras, y así sucesivamente.

Sí, este es un libro lento, que transcurre en su mayor parte en la cotidianeidad de gente que normalmente no es protagonista. Es una novela para leer cuando necesites ralentizar tus revoluciones, para no tener prisa y para valorar el día a día, la lentitud y la amistad. También es una novela que reflexiona sobre la soledad en una sociedad afiliada a la prisa y a la imagen externa, y sobre la depresión y la ansiedad.

El florista es un hombre mayor que lleva un delantal de color verde oscuro, luce una cadena de oro en el cuello y tiene las uña negras llenas de tierra. Haga frío o calor, vende "lo sientos" y "te quieros" a un precio razonable. Envueltos en papel marrón y sujetos a una cinta.

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que busquen paz y tranquilidad en su vida y la grandeza de las cosas cotidianas. También para aquellos que deseen encontrar el sentido de la amistad y del amor más puros. La soledad, la ansiedad y la depresión son temas latentes, por lo que también puede servir como terapia en estos casos.

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#LeoAutorasOct

Este mes de octubre continúo leyendo autoras. A Todos los veranos del mundo, de Mónica Gutiérrez, y a Soñar bajo el agua, de Libby Page, se sumará La librería, de Penelope Fitzgerald, que reseñaré en breve.