miércoles, 22 de marzo de 2017

Kitchen y Moonlight Shadow, de Banana Yoshimoto

Curioseando en mi lista de pendientes hace unos días, encontré la opera prima de una escritora a la que ya leí el año pasado. Se trata de una novela en dos partes muy cortita titulada Kitchen que, en mi edición, viene acompañada de un cuento llamado Moonlight Shadow. La autora es la japonesa Banana Yoshimoto y, por si acaso no habéis leído todavía acerca de mi obsesión con los escritores japoneses, aquí os dejo un recordatorio.

Para confeccionar la reseña  de hoy, bien podría recuperar algunos extractos de la que hice para Sueño profundo, de la misma Yoshimoto, y pegarlos aquí sin apenas edición porque las cuestiones de fondo son las mismas. Por ejemplo:

“Cada uno de los tres cuentos que componen este libro de Yoshimoto tiene un personaje protagonista femenino muy joven que, de una u otra manera, ha sufrido una o varias pérdidas, algunas en forma de muerte. Lo que sí es cierto es que todas ellas transitan por la vida interpretando el significado de lo que les pasa hasta llegar a resolver de alguna forma su conflicto, normalmente a través del amor”.

En la primera parte de Kitchen, una joven llamada Mikage pierde al único familiar directo que le queda, su abuela. Sin embargo, unos pocos días después de su pérdida, recibe la extraña invitación de Yuichi, un conocido de su abuela, para que ella vaya a vivir con él y con su madre, Eriko. A pesar de las reticencias iniciales por ir a vivir con una familia que no conoce, el miedo a la soledad es más fuerte y termina por mudarse con Yuichi y Eriko. Una vez instalada en la casa, Mikage descubrirá la verdadera historia de su familia de acogida y que Eriko, antes de ser la madre de Yuichi, fue su padre.

En esta historia, en el que también está muy presente el amor a la cocina de Mikage, la soledad vuelve a tomar el papel de protagonista, como viene siendo un habitual en los libros japoneses. Es un libro en el que apenas pasan cosas, casi no hay acción, es lento, pero, eso sí, hay mucha reflexión sobre los sentimientos, las sensaciones y las emociones. Muy Murakami. Muy literatura japonesa contemporánea.

El relato que completa en algunas ediciones a Kitchen, como ya he comentado antes, se titula Moonlight Shadow y me ha parecido precioso. Antes de adentrarme en él estaba un poco perdida ya que, sin previo aviso, pasamos la página y dejamos de leer acerca de los personajes principales de la novela anterior y nos adentramos en un texto que narra la historia de un amor joven e inmaduro pero muy fuerte al que, por desgracia, le falta uno de los integrantes.

Satsuki ha perdido a Hitoshi en un accidente de coche. A pesar de su tierna edad, reflexiona acerca de su relación con él, de lo que fue y de lo que pudo haber sido. La pérdida del primer amor de una forma tan brusca la lleva a un estado de melancolía, tristeza y soledad que la impide seguir con su vida. Solo con el apoyo del hermano de Hitoshi y de Urara, una extraña que conoce en el parque, la ayudarán a continuar.

Y, otra vez, me sirve un párrafo de la reseña de Sueño profundo para este relato: “El relato es  tan onírico como la literatura de Murakami, con muchas referencias a la memoria borrosa, al sueño, a la muerte, a los estados de inconsciencia e incluso a fenómenos algo paranormales”.

Vuelvo de nuevo a los japoneses, esta vez por casualidad, y el resultado es que este género me sigue atrayendo por los temas que trata a pesar de que los temas de fondo que trata son idénticos a la novela que leí el año pasado.

Siguiendo con el tema de la biblioterapia que os contaba en la newsletter de la semana pasada, este libro puede servir de terapia para aquellos que sufren o temen sufrir la pérdida de un ser querido o tienen miedo de la soledad. También les servirá a aquellos que, de alguna manera, quieran reflexionar sobre el primer amor.

La leyenda de Tanabata


Cuenta la leyenda que Orihime, hija de Tentei, el Rey Celestial, tejía telas espléndidas a orillas del río Amanogawa (la Vía Láctea). A su padre le encantaban sus telas, y ella trabajaba duramente día tras día para tenerlas listas, pero a causa de su trabajo la princesa no podía conocer a alguien de quien enamorarse, lo cual entristecía enormemente a la princesa. Preocupado por su hija, su padre concertó un encuentro entre ella y Hikoboshi, un pastor que vivía al otro lado del río Amanogawa.

Cuando los dos se conocieron se enamoraron al instante y, poco después, se casaron. Sin embargo, una vez casados, Orihime comenzó a descuidar sus tareas y dejó de tejer para su padre, al tiempo que Hikoboshi prestaba cada vez menos atención a su ganado, que terminó desperdigándose por el Cielo. Furioso, el Rey Celestial separó a los amantes, uno a cada lado del Amanogawa, prohibiendo que se vieran. Orihime, desesperada por la pérdida de su marido, pidió a su padre poder verse una vez más.

Su padre, conmovido por sus lágrimas, accedió a que los amantes se vieran el séptimo día del séptimo mes, a condición de que Orihime hubiera terminado su trabajo. Sin embargo, la primera vez que intentaron verse se dieron cuenta de que no podían cruzar el río, dado que no había puente alguno. Orihime lloró tanto que una bandada de urracas vino en su ayuda y le prometieron que harían un puente con sus alas para que pudieran cruzar el río. Ambos amantes se reunieron finalmente y las urracas prometieron venir todos los años siempre y cuando no lloviera. Cuando se da esa circunstancia, los amantes tienen que esperar para reunirse hasta el año siguiente.

viernes, 17 de marzo de 2017

[8] Biblioterapia o cómo me encuentro a mí misma a través de los libros

El significado de un libro está en el ojo del que lee

Llevo tiempo sintiendo que los libros me sirven como terapia. De hecho, antes de saber lo que he descubierto esta semana, a este fenómeno yo lo describía como “libroterapia” y lo definía como “la capacidad de los libros para el autoconocimiento y el crecimiento personal”.

Sin embargo, como ya me pasó con las novelas feel good, he descubierto que existe un término correcto que define esa acción de entenderme a mí misma a través de los libros: biblioterapia. Este término todavía es poco conocido aquí en España pero en otros sitios europeos es un viejo amigo.

Y, ¿en qué consiste, básicamente, la biblioterapia? Pues consiste en utilizar los libros como un modo de desarrollo y de crecimiento personal. Cada uno de ellos, bien elegidos, me sirve para profundizar y reflexionar acerca de varios aspectos de mi vida y entender.

El significado de un texto está en el corazón del que lo leeEsto, unido a una buena elección en el momento y sitio oportunos, permite que lo que estamos leyendo adquiera todo el sentido dentro de nosotros

Este hecho ha dado como resultado que la etapa de mi vida en la que más he aprendido sobre mí y sobre el mundo que me rodea es aquella en la que la lectura ha jugado un papel importante dentro de mi vida diaria.

Es sabido que los libros tienen múltiples interpretaciones y que, igual que la belleza está en el ojo del que mira, el significado de un texto está en el corazón del que lo lee. Esto, unido a una buena elección en el momento y sitio oportunos, permite que lo que estamos leyendo adquiera todo el sentido dentro de nosotros. Encontramos la pieza del puzzle que buscamos.

¿Os ha pasado algo así alguna vez? A mí infinidad de veces en los últimos años. Los libros que están en mi top 10 han llegado tan alto porque tienen significado para mí en el momento de mi vida en el que los leo. Puede que no sean los más vendidos, ni los más sesudos, ni los más conocidos pero tienen sentido en mi contexto.

Por eso os decía hace unas semanas que mi lista de lecturas dice mucho de mí, más de lo que jamás podrá saber nadie. Increíble el poder de los libros, ¿verdad?

martes, 14 de marzo de 2017

The little book of contentment, de Leo Babauta

Hace un tiempo, enredando en el blog de una de mis blogueras favoritas, Wasel Wasel, encontré en uno de sus posts una lectura que me pareció interesante. Gemma escribe sobre cosas muy afines a mí como el minimalismo, la vida sostenible o la organización, entre otras cosas. Gracias a ella encontré hace unos meses La magia del orden, de Marie Kondo,  así que ya sabía que iba sobre seguro.

El libro en cuestión se llama The Little book of contentment. A guide to becoming happy with life and who you are, while getting this done, el autor es Leo Babauta y está disponible para su descarga gratuita. ¡Es el primer libro en inglés de mi lista de lecturas! pero no os preocupéis porque es muy sencillo de seguir con un nivel de inglés medio.

Como bien reza el título, el libro es muy cortito pero suficiente para invitar a la reflexión y llamar a la acción. Menos es más. Babauta explica cómo los problemas que creemos tener provienen de una profunda insatisfacción con nosotros mismos y la búsqueda de la felicidad en estímulos externos.

Por ejemplo, comemos de manera compulsiva porque la comida nos proporciona felicidad pero ¿de qué tipo? Es una felicidad efímera y de corto plazo que va sucedida, en muchas ocasiones, de frustración posterior por haber comido cosas que no deberíamos. Lo mismo para los fumadores o adictos a alguna droga, al alcohol, videojuegos, porno, Internet, las compras, etc.

Además de estas, existen situaciones que también nos hacen sentir vulnerables y nos dan miedo: no interaccionamos más con la gente porque nos preocupa que nos juzguen; no emprendemos un negocio porque tememos fracasar; no nos gustan nuestros cuerpos; sentimos celos; o envidiamos lo que los demás dicen que hacen en su vida por las redes sociales.

En general, esto se debe a que no nos sentimos a gusto con quiénes somos y la situación nos puede llevar a sufrir ansiedad y miedo, en general. En este sentido, Leo Babauta expone en este libro diversas claves para sentirnos realmente bien con nosotros mismos. De hecho, el autor dice que, a pesar de que ahora ha conseguido llegar a este estadio de contentment o satisfacción, no siempre fue así en su vida y nos cuenta cómo fue evolucionando hasta llegar a ser quien es hoy en día. Podéis leer sobre esto más ampliamente en su blog, que tiene un histórico desde el año 2006.

Uno de los primeros pasos para reconciliarnos con nuestro yo es empezar a confiar en nosotros mismos. “El principal problema es que no confiamos en nosotros mismos y la relación con nosotros mismos es como si tuviéramos una relación con cualquier persona”. Por tanto, trabajar la confianza con uno mismo y no tratarnos mal son aspectos clave, además de dejar de compararnos con los demás y plantearnos objetivos realistas que queramos conseguir.

Dice Babauta que la satisfacción está dentro de nosotros y que no necesitamos las fuentes de felicidad externas. Y, una puntualización: estar satisfechos con lo que somos tampoco quiere decir quedarse quieto o no progresar; puedes ser feliz tal como eres y querer ofrecer al mundo más cosas de ti sin que necesariamente tengas que hacerlas para sentirte bien contigo mismo.

Zen habits


Zen habits es el blog de Leo Babauta, el autor de este ebook, donde podéis encontrar más información sobre qué le llevó a él a realizar una serie de cambios en su vida. Desde que decidió dejar de fumar en 2005 hasta ahora han pasado 12 años en los que se ha hecho runner; ha empezado a comer mejor; ha logrado controlar su economía; ha perdido peso, ha simplificado su vida; … y todo eso en pro de vivir una vida en la que necesitas poco para ser feliz y aquello que necesitas lo tienes dentro de ti. ¡Ay! Me encantan este tipo de historias de superación personal.

Por cierto, si quieres saber más sobre minimalismo, tiene un blog de esta temática llamado mnmlist.com. El manifiesto del menos:

  • Stop buying the unnecessary.
  • Toss half your stuff, learn contentedness.
  • Reduce half again.
  • List 4 essential things in your life, do these first, stop doing the non-essential.
  • Clear distractions, focus on each moment.
  • Let go of attachment to doing, having more.
  • Fall in love with less.

martes, 7 de marzo de 2017

El gozo de escribir, de Natalie Goldberg

El gozo de escribir, de Natalie Goldberg, lo compré hace unos tres años cuando, pasando por una etapa difícil, necesitaba expresar todo lo que tenía dentro a través de la escritura. Ese momento pasó y, después de haber vomitado todo lo que tenía dentro en unos pocos relatos que escribí aquí y otros tantos que me guardo para mí, el libro quedó a la mitad. Y no porque no le hubiera sacado provecho. Al contrario. Las primeras páginas fueron tan esclarecedoras que no me hizo falta mucho más. Me dieron la clave de lo que necesitaba en ese momento: escribe, escribe, escribe, sin dejarle paso al censor, solo deja que las teclas (o el bolígrafo) fluyan. Y eso fue lo que hice.

Este pasado mes de febrero ya sabéis que leí dos de los libros que más me han marcado hasta el momento: Días de viaje, de Aniko Villalba y, sobre todo, Salvaje, de Cheryl Strayed. En ellos, además del relato del viaje, se dejan entrever las inquietudes escritoras de cada una de las autoras, y algo se me removió por dentro. Entonces, volví a mi estantería y allí estaba El gozo de escribir, con un marcapáginas verde que lleva mi nombre y que creí haber perdido, colocado unas hojas más allá de la mitad del libro diciéndome: aquí te quedaste hace tres años. Lo abrí, lo hojeé y ¡estaba lleno de notas y subrayado! Y sufrí un dèjá vu. Me hice con un lapicero y empecé de nuevo.

Este libro de Natalie Goldberg es una pequeña biblia para escritores, sobre todo para los más noveles como yo. Al leerlo sientes que todo aquel que se lo proponga puede escribir. No hay que temer a la hoja en blanco, solo piensa sobre qué quieres escribir y, si no sabes de qué, echa mano de cualquier cosa cotidiana. Cuando lo tengas, no dejes de mover tu muñeca. Escribe. Escribe. Escribe. Solo deja fluir a tu parte creativa. No hagas caso al crítico, al censor, a ese que te dice que eres un impostor. “Qué tontería, no se puede escribir algo así. ¿Tú, una escritora? ¿Pero quién te crees que eres?” Todavía no es su momento. Ya llegará. Tú solo escribe. Después, déjalo reposar. “El tiempo permite tomar distancias frente al trabajo de uno y adquirir mayor objetividad”.

En El gozo de escribir encontrarás inspiración, trucos, ejemplos y, lo que más me gusta, muchas reflexiones. La escritura de Natalie Goldberg está muy influenciada por el budismo y su forma de relacionar la vida interior y la espiritualidad con la escritura. Escribiendo estamos contribuyendo a conocernos a nosotros mismos. “Otra buena razón para releer nuestros cuadernos es que, de esta forma, podemos entender el funcionamiento de nuestra mente”. Conociéndonos por dentro, tenemos la oportunidad de entender quiénes somos y lo que hemos venido a hacer a este mundo.

Dice Goldberg: “Sé que trabajar con este cerebro cansado y rebelde es lo más profundo que viviré sobre esta tierra […] Por eso ser escritora es una experiencia muy profunda; la más profunda que conozco. Y pienso que si no es esto, entonces nada. Será mi modo de estar en el mundo durante el resto de mi existencia. Tengo que recordarlo, siempre”.

La influencia de la poesía es también un punto a favor de este libro. Está muy bien escrito y transmite sentimientos, tal y como ella misma enseña en el libro, a través de la cotidianeidad, de ejemplos que todos entendemos y que hacemos propios mediante nuestra experiencia.

Desde luego, leer este libro es una experiencia en sí misma. No solo aprenderás recursos de escritura sino que entenderás por qué te empeñas en hacer eso que crees que es lo tuyo a pesar de todo.Y te conocerás a ti mismo. “Si no tenéis miedo a equivocaros, lo conseguiréis”.

Tres tips para escribir bien


La buena escritura no tiene fórmula pero Natalie Goldberg propone tres sencillos pasos. Fundamentalmente, si queréis aprender a escribir bien, dice, tendréis que hacer tres cosas:

1. Leer bastante
2. Escuchar bien e intensamente
3. Escribir mucho.

Además, añade un bonus track: para escribir bien, también es importante no pensar demasiado. ¿Aún no estás convencido? No hace falta solo escribe, escribe, escribe.

viernes, 24 de febrero de 2017

[7] Lo que mis lecturas dicen de mí

Probablemente vosotros no lo sabréis pero cuando no leo o leo poco es porque algo me preocupa. Por ejemplo, el verano de 2015 sufrí un bajón existencial profundo y el resultado fue dos libros leídos en junio y julio, a pesar de que suelo leer cuatro de media al mes. El mismo descalabro se puede ver en febrero de 2016 o en julio de 2014. Cuando me pasan estas cosas, no puedo leer. No me concentro.

Indagar en mi lista de lecturas es como leer el futuro en las hojas de té que quedan en el fondo de una taza, pero al revés. Gracias a ellas puedo volver al pasado y recordar qué pensaba o qué me pasaba en determinado momento. Por ejemplo, a finales de 2016 y principios de 2017, leí mucho (y no solo libros) sobre la muerte. Y hubo una época en 2015 en la que el cuerpo solo me pedía literatura feel good. Va por rachas.

No concibo mi vida al margen de los libros que leo. Somos ellos y yo en un proceso de evolución continua. Ellos forman parte de lo que me ronda por la cabeza en ese momento y muchas veces son los responsables de que vengan otras.

Por lo general, aunque piense que un libro que encuentro lo he buscado yo, creo que en realidad es él quien me ha encontrado a mí. Habréis tenido esa sensación muchas veces: enredando por ahí ves algo que no está mal pero lo dejas pasar (si fuera importante para ti en ese momento, lo habrías apuntado, guardado en la lista de favoritos o tu cabeza no lo hubiera olvidado, sin más). Un tiempo después, eso mismo aparece como por arte de magia y ya te has enamorado.

Otros libros llegan sin esperarlo. De hecho, solo los hojeas por curiosidad y cuando despegas los ojos de las páginas es porque tu vejiga te reclama. Pero, ¿ha pasado ya una hora? Sí, aunque te hayan parecido cinco minutos.

Mi lista de lecturas también dice que leo lo que me da la gana. No hay un patrón. Lo mismo escojo a un autor más clásico que a alguien que no conoce ni perri. Hace tiempo que dejé de leer lo que los demás pensaban que era lo correcto. Hubo momentos en que incluso me avergonzaba de leer esto o aquello, pero eso era lo mismo que avergonzarme de la persona que era. Ya no. Escojo agradeciendo todas las posibilidades que tengo frente a mí pero siguiendo siempre mi intuición.

Lo que no me convence en las primeras páginas lo dejo y pruebo con algo que conecte más conmigo en este momento. Quizá el turno de ese libro llegue dentro de un tiempo o quizá ya se le pasó o incluso no llegue nunca.

#Leyendo


El ejemplo más reciente de cómo mis lecturas me definen es este mismo texto. Llevaba mucho tiempo pensando en escribir algo así pero mi parte más racional me decía que me encontraba en una época de secano en cuanto a escritura. Sin embargo, las primeras páginas de El gozo de escribir, de Natalie Goldberg, me han animado a hacer una escritura automática de lo que me rondaba en esta cabeza que tengo. Y ha salido esto.

Mi lista de lecturas es lo que siento en cada momento de mi vida. Variable como yo. Curiosa. Cambiante. Pluma.

jueves, 23 de febrero de 2017

Coraline, de Neil Gaiman

Mil veces os he contado que la literatura juvenil no es mi fuerte. Si a eso le sumo un libro  con ciertos toques de fantasía, casi que paso a otra cosa. Pero me estoy sorprendiendo a mí misma. En los últimos dos años he leído bastantes novelas en las que un niño o adolescente es su protagonista y, aunque han sido menos, también he leído ciertas cosas fantásticas, como Un monstruo viene a verme, de Patrick Ness.

En esta ocasión, he dedicado mi tiempo de lectura a un autor del que algunos de mis compañeros del Club de Lectura son fan de póster y se sorprendieron de que no lo conociera. ¡No has leído a Neil Gaiman! Pues no, hasta hace unos días que me puse con Coraline, una de sus novelas más conocidas, encuadradas dentro del género terror infantil/juvenil.

¿Cómo puede ser un libro para niños de terror? No es lo que imaginamos, no hay muerte y destrucción violenta, sino un relato sutil de algo misterioso con toques de inquietud, bien escrito también para los mayores.

Coraline es una novela cortita que cuenta la historia precisamente de Coraline, una niña súper despierta que se acaba de mudar con sus padres a una casa misteriosa y con vecinos un tanto extraños. Coraline se aburre como una ostra y decide explorar para ver qué encuentra. Sus padres le ponen algunos retos para que les deje trabajar tranquilos y se distrae hablando con los vecinos, pero para ella no es suficiente.

En una de sus excursiones, descubre que en el salón de la casa hay una puerta que abre con la llave más vieja de todo el manojo de llaves de la casa. Pero esa puerta está tapiada, hasta que vuelve de nuevo, la abre y se encuentra con un pasillo oscuro que la llevará a una casa paralela a la suya y con muchas similitudes. De hecho, allí también  viven unos padres que se parecen a los suyos.

En la casa que descubre Coraline, hay muchos juguetes, comida apetitosa y los otros padres siempre la prestan atención. Parece el sitio perfecto para vivir solo que hay un problema: esos padres no son sus padres y esas cosas no son las suyas. Sin embargo, ¿podrá escapar Coraline de esta realidad paralela?

Desde luego, este cuento de Neil Gaiman es fácil y entretenido de leer. Una de las cosas que, en mi opinión, está más conseguida es la forma en que se narra la historia. En otras reseñas os comenté que lo que me chirría de muchos de los libros protagonizados o destinados a niños es que la forma de hablar o las cosas que se cuentan es imposible que las sienta o que las piense un niño porque para sentir o pensar de cierta manera es necesario haberlo vivido antes.


Sin embargo, en Coraline, el vocabulario, la trama y las acciones, a pesar de la fantasía (o incluso gracias a ella) el resultado es una novela contada con la visión de un niño para los niños, no con la visión de un adulto para los niños (o adolescentes). 

La mamá perfecta

La lectura de Coraline me ha recordado a un vídeo que vi hace poco en el que unos niños hablan de algunas cosas de sus mamás que cambiarían. Sin embargo, cuando las meten en una máquina para obtener a la mamá perfecta y aparece otra diferente,... esto es lo que pasa.


lunes, 20 de febrero de 2017

Salvaje, de Cheryl Strayed

Decimos que febrero es el mes del amor. Aunque normalmente nos referimos a la vertiente más romántica de la palabra, mi mes de febrero de 2017 lo estoy dedicando a uno de los amores de mi vida: descubrir sitios. Y no es que esté viajando físicamente, no. Estoy dedicándome a encontrarme a través de los libros de viaje. Si en el anterior post ya os hablé de Días de viaje, de Aniko Villalba, y os dije que me había enamorado de él, creo que lo que siento por Salvaje, de Cheryl Strayed, es un amor divino, fuera de lo común.

Nunca antes había tenido la sensación de que un título fuera tan acertado para un libro. Salvaje es absolutamente salvaje, por las cosas que cuenta pero, sobre todo, por cómo las cuenta. A pesar de que en un primer momento abrí el libro para ver de qué iba, ya no pude dejarlo. No esperaba que fuera a atraparme tan rápido, ni tan hondo. He tardado más de diez días en leerlo, y no es que sea un libro largo, pero es que no quería que terminara. Leyéndolo me he aplicado una terapia que ahora está muy de moda en otras vertientes de la vida: he hecho slow reading, lo he leído muy lento.

Salvaje es una crónica autobiográfica: Es la historia de Cheryl Strayed (strayed en inglés significa extraviada), de cómo una mujer de 22 años sufre el fallecimiento de su madre, la pérdida de su familia, la ruptura de su matrimonio y de cómo su mundo se desmorona entre hombres que no significan nada para ella y un tonteo con drogas que no auguraban buen fin. “Por fin comprendía lo que la heroína había representado para mí: el anhelo de tener una escapatoria cuando, de hecho, lo que yo buscaba era una vía de acceso”.

Esa vía de acceso al cambio de sentido fue el SMP, el Sendero del Macizo del Pacífico, un camino para excursionistas que discurre por los estados americanos de California, Oregón y Washington, entre las fronteras con México y Canadá, de más de 4.200 kilómetros.

Con la única compañía de Monstruo, una mochila a la espalda de más de la mitad de su peso, Cheryl Strayed comenzó en junio de 1995 su camino en el SMP en el desierto de Mojave, al sur de California. En los siguientes 1.400 kilómetros de andadura hasta el Puente de los Dioses, en Oregón, Cheryl camina, cambia la ruta de viaje, sufre el desgaste en sus pies, pasa hambre, recibe cartas, lee, se topa con animales variados, vive lugares, duerme en plena naturaleza, conoce a mucha gente que le aportará grandes experiencias pero, sobre todo, conecta con ella misma.

Todo el relato de su viaje a pie por el SMP se entremezcla de manera fluida con recuerdos y vivencias de cuando era niña, de su madre, de su padre, de su padrastro, de sus hermanos, de su exmarido, de sus amigos,… de su vida. “Es imposible saber por qué ocurre una cosa y no otra. Cuál es la causa de qué. Qué destruye qué. Qué lleva a que unas cosas florezcan o mueran o cambien de rumbo. Pero yo, allí sentada esa noche, tenía la casi total certeza de que, a no ser por Eddie, no me habría encontrado a mí misma en el SMP”.

Desde luego, este libro de Cheryl Strayed, se coloca directamente en mi Top 10 de libros, de hecho, por ahora se sitúa en el número 1. Sin duda, la lista de lecturas de cada uno de nosotros, sean del tipo que sean, nos definen como personas. Seguro que si echáis un vistazo a la mía, podéis sacar muchas conclusiones. Desde luego, este mes de febrero estoy encontrándome a mí misma en experiencias que me parecen alucinantes, historias de superación personal, de transformación emocional, de crecimiento.

Sendero del Macizo del Pacífico (SMP)

En este libro que acabo de reseñar la protagonista principal, sin lugar a dudas, es Cheryl Strayed, pero el SMP interpreta un papel secundario desde el protagonismo más absoluto. Es este sendero el que, con todas sus trabas, belleza, recorrido e historia ayudan a Cheryl a encontrarse a sí misma.

La belleza de los paisajes tiene que ser asombrosa y, aunque en el relato, podemos hacernos una ligera idea a través de las descripciones, he querido ver algunas fotografías y he encontrado estas que aquí os dejo, aunque hay mil. También hay una película, protagonizada por Reese Witherspoon, que veré en nada.