martes, 29 de noviembre de 2016

Un hotel en ninguna parte, de Mónica Gutiérrez

Estaba yo pensando que hacía tiempo que no leía una novela de esas que me gustan tanto, o sea, una novela feel good. Y, a pesar de que ya había comenzado Mi Londres, de Simonetta Agnello Hornby, tenía la necesidad de encontrarme de cara con una historia que me hiciese sentir bien, como en casa. Así que eché un vistazo a mi lista de pendientes y allí estaban los primeros libros de Mónica Guitiérrez, escritora de feel good allá donde las haya. Tras leer hace un tiempo El noviembre de Kate, ahora he hecho un precioso retiro en Un hotel en ninguna parte.

Emma es una violinista a la que un día se le desmorona el castillo de naipes que sustentaba su vida. Alentada por su amiga Anna, acepta un trabajo de camarera de piso en un hotel escondido en un bosque cerca de Barcelona. A pesar de que su nueva situación poco tiene que ver con su vida anterior, Emma sabe que esta oportunidad que la han brindado tiene que aprovecharla para dejar atrás todo lo que ha pasado y prepararse para mirar hacia el futuro. Lo que no sabe el día que aterriza por primera vez en El Bosc de les Fades es que su misión va a ser bastante fácil de cumplir.

Rodeada de un paisaje espectacular, unos compañeros que pasarán a ser amigos rápidamente, tés, dulces, recitales de violín y de piano, jardines de ensueño y bonitismo en general, a Emma enseguida empiezan a brillarle los ojos otra vez (a lo que ayuda también la presencia de Samuel, uno de los dueños del hotel).

Los días de Emma pasan entre la tranquilidad que supone un hotel perdido en medio de un bosque en invierno, con casi ningún huésped y pocas tareas que hacer. Las charlas, las noches de insomnio compartidas, la música de sus instrumentos y amor, mucho amor, hacen que su alma vaya poco a poco curando. A la vez, ayuda a Samuel a conseguir aquello por lo que lucha desde hace tiempo: que se le reconozca la propiedad de los caminos y del bosque aledaño al hotel.

Durante su estancia en El Bosc de les Fades, Emma está arropada por unos personajes entrañables (un escritor Premio Nobel, un cocinero roquero, una compañera entrañable y su hija, un mujeriego encantador,  un recepcionista gruñón,…) que la guiarán en su camino de recuperación… Hasta que un día recibe una oferta para trabajar en una orquesta lejos del hotel y tiene que decidir cuál es el próximo paso que debe dar.

El día a día y las anécdotas nos llegan a los lectores a través de los correos electrónicos que Emma le envía a su amiga Anna y los dueños del hotel a su madre. Son, por así decirlo, capítulos cortitos, escritos con mucho gusto y que te hacen querer vivir en ese hotel con toda esa gente. La segunda vez que quiero quedarme a vivir en un lugar que inventa Mónica Gutiérrez para sus personajes :)

Hay muchos elementos de Un hotel en ninguna parte que me recuerdan a El noviembre de Kate: el pelo pelirrojo de la protagonista, las bufandas que usa, el jardín, el hotel (la casa de madera de Norman como refugio) y, sobre todo, algo que caracteriza a las novelas feel good: optimismo, situaciones y cosas que nos hacen sentir bien.

Ya sabéis que un libro de este género, por definición, acaba bien. Pero el final de la historia de Emma tendréis que descubrirlo por vosotros mismos reservando habitación en El Bosc de les Fades.

El té inglés


El té, los dulces y la buena comida están presentes durante todo el libro de la mano de Joaquim, el cocinero de El Bosc de les Fades, y de la señora Povedy, la encargada de la tienda de tés del pueblo.

Yo, que no soy una aficionada al té, he recibido ciertas señales últimamente de que quizá debería probar la experiencia. Mi reticencia viene principalmente porque, para que me sepa bien, tengo que añadirle bastante azúcar y ya sabemos que el azúcar en exceso no es nada bueno. Pero una amiga me dijo hace poco que justamente la idea es hacer una mezcla de varios sabores para echar poco de menos el dulzor del azúcar. Y otro amigo me dijo que probara a echarle un chorrito de leche.

Entendidos y entendidas en té: no os escandalicéis si he dicho algo raro. Admito sugerencias para probar con esta nueva afición. De momento, me quedo con la respuesta que me ha dado San Google a mi pregunta: ¿cómo es un verdadero té inglés?

martes, 22 de noviembre de 2016

Todas las familias son psicóticas, de Douglas Coupland

El pasado mes de octubre, en la última reunión del Club de Lectura Parla Este, escogimos dos libros para la siguiente quedada: La librería ambulante, de Christopher Morley, novela directa a mi top ten 2016 de la que os hablé hace unos días, y Todas las familias son psicóticas, de Douglas Coupland, de la que os vengo a hablar hoy.

Os puedo resumir mi opinión en cuatro palabras: dos elecciones, dos aciertos. Cada una en su estilo, eso sí. La librería ambulante me conquistó por lo que ya os comenté del libro sobre libros y la venta nómada mientras que con Todas las familias son psicóticas me he enamorado de los personajes y de la historia llevada al extremo que cuenta. Si pensáis que vuestra familia es peculiar (y más ahora que se acerca la Navidad), tenéis razón, pero, tenéis que leer las aventuras y desventuras de la familia Drummond para comprobar que donde lo hay malo lo hay peor.

Sarah Drummond es la mediana de los tres hijos de Janet y Ted Drummond. Padece secuelas por talidomida, un medicamento para las náuseas que le recetaron a su madre cuando estaba embarazada y que provocó que naciese sin una mano. El caso es que Sarah trabaja para la NASA y va a participar en un lanzamiento al espacio y, para la ocasión, ha querido reunir a toda su familia para que la acompañe.

La familia está compuesta por Ted y Janet, sus padres, divorciados desde hace unos años; Wade, el hermano mayor, junto a su mujer embarazada, Beth; Bryan, el hermano pequeño, y su novia también embarazada Shw; Nickie, la actual esposa de Ted, Nickie; y Howie, el marido de Sarah.

Hasta ahí, todo normal. Una familia corriente dentro de la sociedad occidental actualhasta que empezamos a profundizar en las entrañas de todo el entramado y descubrimos que Wade está enfermo de sida después de unos años de los que casi no quiere hablar; él mismo infectó a Janet y Nickie de esta manera: de vuelta a casa en un bar conoció a una rubia despampanante y se lio con ella. Después, fue a visitar a su padre, con el que tiene una relación horrorosa y, cuando este le va a presentar a su nueva mujer, Wade se da cuenta de que ¡es la misma rubia despampanante con la que se acaba de acostar!

A pesar de que sale por patas de la casa de su padre, este le persigue hasta la casa de Janet, donde Wade se ha refugiado. Ted dispara contra Wade y la bala que le roza acaba en el esternón de su madre, quien sobrevive al episodio pero se contagia de sida, al igual que Nickie después de su rollo con Wade. Y, por si os lo preguntáis, nadie denuncia a Ted.

Esto pasa tiempo antes de que todos se den cita en Orlando para apoyar a Sarah en su misión, aunque lo que pasa en el tiempo en que están aquí concentrados también supera con creces el surrealismo más absoluto. Primero, Wade, Ted y Bryan, en la bancarrota más absoluta, aprovechan que están en Orlando para hacer unos negocios un tanto irregulares con un antiguo amigo de Wade. A la vez, se desenmaraña una trama de presuntos traficantes de bebés en la que juegan un papel importante otros integrantes de la familia.

Entre todo este lío, los Drummond van limando asperezas y resolviendo situaciones enquistadas, eso sí, algunos con más atino que otros. Por ejemplo, una de las escenas magistrales del libro (por cierto que los diálogos en este libro son increíbles) se produce entre Janet y Ted. Con tan solo una conversación y tras haber reposado con tiempo lo que ha pasado a lo largo de sus vidas, son capaces de hablar de una manera lúcida (especialmente Janet) acerca de su relación. Me parece simplemente espléndido.

Todas las familias son psicóticas me ha recordado por unas cosas a La familia Fang, de Kevin Wilson y por otras a La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Tiene una parte de familia excéntrica llevada al extremo y otra de situaciones surrealistas que llegan a generar un sentimiento de compasión por cómo han gestionado esas personas su vida.

Capítulo aparte merece la madre, Janet, el centro de la familia y pilar fundamental, una mujer que cree que su vida no ha sido para tanto pero que demuestra con sus acciones continuamente la gran mujer que fue y que es. Es mi personaje favorito, sin duda alguna, y me recuerda a otro personaje con el que me emocioné sobre manera, Amalia, la protagonista de la novela de Alejandro Palomas, Una madre.

La conclusión: otro hallazgo directo a mi top 10 de este año.

¿Qué es la talidomida?


Sarah, la hija de Janet y Ted, nació sin una mano por efectos de la talidomida, un  fármaco sedante e hipnótico que se introdujo en el mercado mundial en 1957 (en España llegaría más tarde) para tratar la ansiedad, el insomnio y las náuseas y vómitos en mujeres embarazadas. El medicamento se distribuyó por Europa, Asia, África, además de Canadá, donde residía la familia Drummond. Unos dos años después del comienzo de la comercialización, se comenzaron a detectar malformaciones congénitas en niños.

En 1962, el pediatra alemán Widukind Lenz publicó un trabajo alertando de la posible relación entre la ingesta del fármaco durante los primeros meses de embarazo y las malformaciones en esos niños: nacían con graves malformaciones, sobre todo en los brazos y antebrazos.
El medicamento se retiró en 1962 (1963 en España) con un balance que el pediatra alemán estimaba en al menos unos 3.900 afectados a los que habría que sumar casi 2.000 víctimas mortales.
A pesar de todo, este fármaco se sigue utilizando con estrictos controles ya que se han identificado propiedades como sedante no barbitúrico, antiinflamatorio, etc. Se emplea para tratar, por ejemplo, síndrome de Behçet  y es un tratamiento útil contra la lepra.

Podéis ampliar la información en la fuente de donde he sacado la información, El Mundo.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Una librería con magia, de Thomas Montasser

Una reseña más abajo podéis comprobar que no hace ni una semana que leí un libro de libros. Fue pura coincidencia, deberes del Club de Lectura. Y unos días después, el 11 de noviembre, el Día de las Librerías. Y, entonces, aparecieron muchos artículos y posts sobre novelas de librerías, de libreros y de libros. Y, como ya os dije, para los amantes de la literatura, una lectura de este tipo siempre es una tentación. Y encontré Una librería con magia, de Thomas Montasser.

Charlotte es una anciana librera francesa que desaparece sin dejar más que una nota en la que lega a su sobrina Valerie la librería que llevaba regentando décadas. La joven Valerie estudia Económicas y ni entiende del negocio de las librerías ni tiene ganas. Así que, al principio, el encargo es más un engorro que un sueño como lo sería para mí, y quizá para ti que me lees.

Obligada por la situación, lo primero que hace Valerie es comprobar estados de cuentas, créditos, préstamos y demás cuestiones pecuniarias pero, para su sorpresa, sin ordenador ni recursos informáticos actuales, la tía Charlotte lo tiene todo muy ordenado, sin deudas y puntualmente atado.

Según va realizando todas estas gestiones, Valerie se va relajando y empieza a sentir los libros, las historias de la gente que recibe en la librería y aquellas que lee en los archivos de la tía Charlotte. Además, se desprende del que había sido su novio hasta el momento e incluso, por descuido, deja de ir a clase.

Cada vez pasa más tiempo en la librería, sentada en el sofá de lectura, arropada con una manta y bebiendo té preparado en un samovar. Maravilloso, yo también querría hacerlo.

Sin embargo, hay un par de cosas que no me acaban de encajar en la historia. La primera de ellas, la narración, que me recuerda mucho a la voz en off de la historia de Amelie. Una tercera persona empieza a describir cómo transcurre la vida de Valerie. En la peli de Amelie me gusta pero en este libro se me hace pesado y lento y no me aporta nada la visión de un extraño; me hubiera gustado que la protagonista me expresara ella misma sus sentimientos.

En segundo lugar, no me convencen los tintes amorosos de la historia, ya que el punto de partida, por sí solo, tenía chicha y miga suficiente. Además, hay una parte del libro poco explotada… un libro que, llegado a un punto, tiene hojas en blanco y que Valerie piensa que es defectuoso pero, en realidad, es algo más.

Lo que me parece más reseñable de toda la novela es que es una oda a las librerías pequeñas de barrio: muy cerca de ti se esconden muchos tesoros y libreros que estarían encantados de descubrírtelos.

¿Un samovar? ¿Qué es un samovar?


El samovar es un elemento bastante recurrente en esta novela. En él, Valerie se prepara montones de tés de diferentes procedencias y sabores. Yo al principio no sabía qué era un samovar y, a pesar de que se describe en el libro, no acababa de visualizarlo al 100%. De hecho, no sé por qué, yo pensaba que era un mueble y no, no tiene nada que ver.

El samovar es un utensilio típico de Rusia para hervir agua y conservarla caliente para el té. Tiene un recipiente de cobre u otro metal con una llave en su parte inferior para servir el agua y una concavidad en la parte superior donde se puede colocar la tetera. El agua se calienta mediante un infiernillo o una resistencia eléctrica.

Aquí tenéis un vídeo de cómo es un samovar tradicional ruso y de cómo funciona:


lunes, 7 de noviembre de 2016

La librería ambulante, de Christopher Morley

Para los amantes de la literatura, los libros de libros y de librerías casi siempre suelen ser una delicia. Desde luego, La librería ambulante, de Christopher Morley, lo es y, si a eso le sumamos el encanto que desprende vender libros por el mundo como un alma libre, pues multiplícalo por dos.

Helen McGill es una mujer de cerca de cuarenta años que se libró de su destino de institutriz gracias a que ella y su hermano, Andrew, pusieron en marcha una granja ubicada en una zona rural del estado de Nueva York. La estabilidad de Helen se tambalea cuando Andrew escribe un libro que, para su sorpresa, se convierte en todo un éxito. A partir de entonces es Helen quien tiene que lidiar con los quehaceres diarios prácticamente sola y soportar que su hermano se ausente durante largos periodos de tiempo para recopilar datos y hacer trabajo de campo para sus libros.

Por eso, el día en que el profesor Roger Mifflin se presenta en la granja con la intención de venderle a Andrew El Parnaso, una librería ambulante dispuesta en un carro tirado por un caballo, Helen decide ser ella misma quien la compre para evitar que su hermano vuelva a dejarla sola y se embarque en una de sus nuevas aventuras.

Sin embargo, tras realizar el trato, Helen le da vueltas a un asunto: además de haber comprado El Parnaso para que Andrew no se marche, es hora de que ella se tome unas merecidas vacaciones después de quince años de entrega total a la granja y a su hermano.

Y así es como emprende su propia aventura, guiada en los primeros momentos por la experiencia del profesor Mifflin, que lleva años dirigiendo El Parnaso. Helen y Roger comparten unos cuantos días de travesía llevando libros a las granjas de la América más rural. Él pone en práctica todas sus técnicas, su entusiasmo y su sabiduría  y ella, como nueva propietaria, se deja contagiar y aprende para poder continuar sola su periplo.

Tras varios incidentes, ventas, sitios y encuentros con gente que ama los libros y otros que algo menos, el profesor se debe marchar para coger un tren rumbo a Brooklyn y trabajar en su sueño, escribir un libro propio. Pero entonces, algo inesperado (o tal vez no) surge en su camino.

En este libro los protagonistas son los libros, y hay un gran número de referencias y citas. Pero, si por algo lo voy a elevar al top ten de mi lista de 2016 es porque en esta historia de las que me gustan en las que hay una persona que cambia de estilo de vida y emprende una aventura que, para más deleite mío, es una aventura con libros, y en itinerancia. Amantes de los libros y de los viajes, ¿qué más se puede pedir?

¡Siguen existiendo librerías ambulantes!


Estaba yo pensando sobre qué materia ampliar en este recuadro rojo que siempre me sirve para analizar curiosidades y me pregunté si existiría alguien tan maravillosamente loco como Roger Mifflin pero en este siglo. Y resulta ¡que sí lo hay! Y hay más de uno, por cierto.

En El País he descubierto que la furgoneta azul Tell a Story vaga por Lisboa con su selección de literatura portuguesa; o el que Penguin Book Truck recorre Estados Unidos. Además, existen un montón de proyectos más personales que podéis encontrar en el artículo. Pero sin duda, me quedo con el proyecto de vida de Martín Roberto Murillo Gómez, de La Carreta Literaria ¡Leamos!, que ha recorrido cinco países. No os lo perdáis, yo hasta me he emocionado… ¡Qué haya gente viviendo de esta manera tan libre y con tanto amor sincero por la lectura!


miércoles, 2 de noviembre de 2016

La magia del orden, de Marie Kondo

He de reconocer que soy una persona bastante ordenada. En mi casa cada objeto tiene un sitio propio y pocas veces hay desorden. Me gusta verlo todo recogido, me da paz. Algunas personas piensan que esta filosofía de vida me da trabajo extra que no merece la pena pero están equivocados: a mí el orden me hace feliz y ver las cosas desparramadas por ahí, me agobia. Además, como todo tiene su lugar, apenas me lleva tiempo de más.

Hace ya tiempo que conocía el método Konmari. Lo descubrí gracias a unas de mis blogueras favoritas, Gemma, de Wasel Wasel. Ella resumía en una entrada de su blog cuáles eran las premisas de este método de organización y, en un post posterior, sus primeras impresiones  después de ordenar con este método en el que le daba un sí rotundo.

En aquel momento, mi interés por este tema se quedó ahí pero hace unas semanas el libro La magia del orden, de Marie Kondo, volvió a mí tras leer un artículo en un periódico. Me quedaban unas páginas para terminar Ser feliz en Alaska, de Rafael Santandreu, un libro en el que el autor aboga por la felicidad en casi cualquier circunstancia, y me apetecía seguir profundizando en el autoconocimiento personal.

¿Y qué tiene que ver el autoconocimiento con un libro de organización? Yo tampoco lo hubiera adivinado con facilidad antes de leer La magia del orden pero hubo una cosa que me resultó curiosa de la portada del libro, el subtítulo: “Herramientas para ordenar tu casa y tu vida”.

Me resultó curiosa la asociación de ordenar casa y vida y quise comprender mejor cuál era el punto en común. Básicamente, el método Konmari consiste en ordenar tu casa de tal manera que solo te quedes con los objetos que te dan alegría, con los que te sientes bien. Pero, para llegar a este punto, tienes que coger con tus manos cada objeto que posees y evaluar qué sientes. Si te da alegría, consérvalo, aunque sea una excentricidad. Si dudas, quizá sea el momento de darle las gracias y dejarlo ir. Y, si definitivamente no sientes alegría alguna, deséchalo.

De esta manera, en tu casa solo tendrás cosas que te inspiren alegría y disfrutarás de ellas con mayor plenitud. Además, te darás cuenta de que necesitas pocas cosas para vivir y ser feliz y, por esta razón, te sentirás más liberado. Marie Kondo da ejemplos de clientes que, una vez que terminaron de organizar su casa, lograron hacer un cambio profundo en sus vidas. Al fin y al cabo, dice que si tu casa está desordenada puede que haya un problema de fondo. Cuando acabas de ordenar sientes que has recuperado ciertas parcelas de tu vida o, simplemente, tiempo para hacer cosas que deseabas hacer desde hace tiempo.

Lo que más me sorprendió del libro fue la manera en que Marie Kondo trata a sus objetos. Personifica las cosas hasta el punto de que les da las gracias por su labor y su función en su vida. Pero no solo eso. Cuando las almacena, lo hace de tal manera que su descanso sea el mejor posible. Por ejemplo, los calcetines. Cuando Marie Kondo dobla sus calcetines para guardarlos, no los hace una pelota, sino que tiene una técnica para que descansen bien doblados y se mantengan en posición vertical. Toda la ropa, excepto la que por su naturaleza ha de mantenerse colgada, tiene que guardarse en vertical.

Es posible que pienses que no te puedes deshacer de ciertas cosas como fotos, recuerdos familiares, cartas,… porque creas que te dan felicidad. Pero acumular cosas tampoco es la solución: hay que aprender a decirles adiós, a darles las gracias por haberte convertido en la persona que ahora eres y centrarte en el presente.

No te voy a decir que vaya a poner en marcha el método Konmari  al 100% porque, al fin y al cabo, creo que cada uno cogemos de las enseñanzas que recibimos del exterior lo que se adapta mejor a nosotros. Pero, yo que soy una persona bastante ordenada y nada consumista ni materialista, creo que he encontrado el procedimiento más efectivo para los bienes que poseo: quédate y compra aquello que te produzca alegría.

Esto puede ser una máxima extrapolada a toda tu vida: todo lo que no te haga sentir feliz, puedes darle las gracias sinceras y dejarlo ir. Esta es la enseñanza que he sacado yo del libro de Marie Kondo.

Cómo almacenar tu ropa según el Método Konmari

Hay muchos vídeos en Internet que aplican a la vida real el método Konmari. Para que os podáis hacer una idea de lo que contaba en la reseña acerca de los calcetines, aquí podéis ver un vídeo explicativo de cómo hace Marie Kondo para que descanse su ropa interior mientras que no la está utilizando.


miércoles, 26 de octubre de 2016

Ser feliz en Alaska, de Rafael Santandreu

Todos los años intercalo en mis lecturas algún que otro libro de psicología. Me gusta conocer cómo funciona la mente humana y, sobre todo, me encanta avanzar en mi vida interior (para los que estéis interesados en ello, tenéis que echar un vistazo a esto).

El caso es que este 2016 uno de mis psicólogos favoritos, Rafael Santandreu, ha sacado nuevo libro con el sugerente título de Ser feliz en Alaska. Como os podéis imaginar, este manual, como podemos llamarlo, insiste en la capacidad de todos los seres humanos de ser felices en cualquier momento y circunstancia.

Ya leí en 2015 otra de sus obras, Las gafas de la felicidad, y en 2014, El arte de no amargarse la vida. En realidad, no se trata de libros de autoayuda, sino más bien de autoconocimiento personal, es más, me da la impresión de que muchas veces ya he reflexionado sobre muchos de los temas que él propone pero, simplemente, después los echo en el olvido.

Ser feliz en Alaska viene a reforzar los mensajes que Santandreu ya nos transmitió en sus manuales anteriores: podemos ser felices en cualquier circunstancia y lo único que necesitamos de verdad es la comida y la bebida del día.

En Las gafas de la felicidad ya insistía en que muchos de los problemas que tenemos no son tal, que nos hemos acostumbrado a lo que él denomina terribilitis, y que necesitamos aprender a desdramatizar las situaciones y a pensar que, a pesar de todo, en cualquier situación podríamos ser felices y hacer algo bonito por nosotros y por los demás.

En este nuevo libro, lo que propone Santandreu es que las personas emocionalmente fuertes lo son porque han desarrollado una importante fortaleza emocional basada en tres pilares: orientarse hacia el interior (buscar el bienestar dentro de uno); aprender a andar ligeros (saber renunciar a todo); y apreciar lo que nos rodea (aprender a apasionarse por la vida). “Si llegamos a dominar estos tres pasos nos convertiremos en personas libres de neuras, muy fuertes y felices. La mejor versión de nosotros mismos”.

Con esta premisa, el resto del manual expone fábulas, ejemplos de personas excepcionales, casos de pacientes y suyos personales en los que, empleando las técnicas anteriores, se han solucionado asuntos de todo tipo. Algunas de sus premisas más concretas son:
  • Para hacerse fuerte hay que saber crear “paraísos” en los “vertederos”.
  • El ser humano puede transformar cualquier situación en aprendizaje y goce. El diálogo con uno mismo es la clave en ese proceso.
  • Concentrarse en las cosas pequeñas y en la belleza del entorno produce bienestar y nos sitúa en una lógica racional que implica quejarse poco  y ser feliz con poco.
  • La comodidad no da la felicidad.
  • El trabajo solo es una ocupación para entretenernos. Ningún empleo es realmente importante.
  • La humildad radical es la base del amor entre las personas.
  • La clave de una autoestima sólida es la humildad radical.
  • La ansiedad y la depresión se desvanecen cuando dejamos de tenerles miedo.
  • Las personas realmente inteligentes aceptan la imperfección del mundo.
Como ya os comenté en la reseña de Las gafas de la felicidad, los planteamientos que hace Rafael Santandreu pueden parecer extremos y difíciles de ejecutar. En realidad, muchos de ellos lo son desde nuestra perspectiva y, desde luego, el cambio de paradigma no es fácil. Él mismo llega a decir en una ocasión que “algunas personas pensarán que vivo en los mundos de yupi” pero a mí me gusta leer lo que tiene que decirme porque con ello voy alimentado mi crecimiento interior. Evidentemente no todo lo puedo poner el práctica porque quizá aún no estoy en ese punto o simplemente no comulgo con ello, pero estoy abierta a escuchar y a ver hasta dónde llego.

Afrontar la enfermedad y la muerte


Hay un capítulo en el libro que para mí fue muy esclarecedor que hace referencia a la enfermedad y a la muerte. En él se plantea que, en nuestra sociedad actual, consideramos la muerte como algo malo pero que solo hay que cambiar la perspectiva para verlo de otra manera. Por ejemplo: centrarse en el presente aleja el temor a la muerte y la enfermedad o ver la muerte desde una punto de vista ecológico.

Hay incluso un gráfico en el que plantea que quien más disfruta, lleva una vida gozosa y más pasión por el presente, siente menos temor ante la muerte y que este va en aumento cuanto menos se disfruta de la vida, más quejas emitimos y mostramos menos pasión.

Para Santandreu, la enfermedad es una aventura vital más y pensar que moriremos pronto es un activador del carpe diem.

Os dejo un vídeo en el que el autor habla sobre la naturalidad de la muerte y cómo afrontar este tipo de duelos.


viernes, 21 de octubre de 2016

La buena esposa, Jill Alexander Essbaum

Hace unas semanas estuve curioseando por Internet para tantear cómo es eso de ser lectora editorial, así que me enredé por las páginas de mi listado de editoriales en Twitter. Mandé unas cuantas cartas de presentación y encontré un par de iniciativas para empezar. Una de ellas es la comunidad de lectores de Penguin Random House Grupo Editorial, que se llama Edición Anticipada.

Con Edición Anticipada, los lectores podemos recibir ejemplares gratuitos de adelantos editoriales o acceder a la versión en digital a cambio de hacer las correspondientes reseñas en nuestros blog, canales o Amazon. Registrarse en súper sencillo. Solo es necesario proporcionar un par de datos personales, hacer una selección de temas con tus gustos de lectura y enseguida puedes acceder a un listado de libros según tus preferencias. Seleccionas uno y, en mi caso, tuve acceso a una plataforma online para leer desde cualquier dispositivo con acceso a Internet. Cuando terminas, lo reseñas, lo publicas en tu blog y también en su plataforma y ya puedes tener acceso a otras novedades editoriales.

El primer libro que he leído en Edición Anticipada es una novela que salió a la venta el 6 de octubre en España con la editorial Lumen y que se titula La buena esposa, de Jill Alexander Essbaum.

Anna es una americana de 38 años que vive expatriada en Suiza desde que se casó con Bruno, un banquero suizo. Tiene tres hijos también suizos: Victor, Charles y Polly Jean. Su vida transcurre entre la rutina del día a día de las tareas domésticas, la crianza de sus niños y algunas amistades, no demasiadas.

El caso es que, desde su llegada, Anna no se siente cómoda en Suiza. No acaba de adaptarse al carácter reservado de los suizos ni al idioma (el suizo alemán). Su estado de ánimo se mantiene sobre una cuerda floja y fluctúa del optimismo moderado al pesimismo durante todo el libro. La indiferencia de su marido hacia ella y su incapacidad para relacionarse con los suizos acentúan su tendencia a la introspección, a la reflexión y a la soledad.

- Una mujer que se siente sola es una mujer peligrosa. -La doctora Messerli hablaba con grave sinceridad-. Una mujer que se siente sola es una mujer aburrida. Las mujeres aburridas actúan por impulso

En esta situación, Anna encuentra una vía de escape en el sexo: con un compañero de la clase de alemán, con un amigo de la familia… Mantener encuentros esporádicos con otros hombres hace que el día a día sea diferente. Pero, ¿por cuánto tiempo? No mucho. Anna no se siente satisfecha. En realidad no tiene ningún apego a esos hombres y llega a cuestionarse si de verdad merece la pena jugarse lo que tiene por ellos. Tan solo Stephen, un científico americano al que encuentra por casualidad en Zúrich, significó algo, pero ya no está.

La novela transcurre entre episodios de la vida diaria, pequeños fragmentos de las sesiones en la consulta con su psicoterapeuta, la doctora Messerli, las clases de alemán a las que asiste y las citas con los hombres con los que mantiene sexo. Es curioso cómo durante todo el libro hay muchos juegos de palabras en los que Anna relaciona el idioma con la vida.

Hay dos grupos básicos de verbos en alemán -dijo Roland-. Fuertes y débiles. Los débiles son verbos regulares que siguen las reglas habituales. Los verbos fuertes son irregulares. No siguen un patrón. Los verbos fuertes imponen sus propias condiciones. "Como las personas -pensó Anna-. Las fuertes destacan. Las débiles son todas iguales

La vida de Anna pasa mezclada con este devenir de reflexiones y encuentros sexuales hasta que un suceso inesperado lo pone todo en jaque. Es en ese momento cuando Anna se ve obligada a poner las cosas en orden. Pero, ¿tendrá todo sentido?

El sentido de esta novela lo tiene que buscar cada lector. A mí me ha mantenido en vilo y con ganas constantes de tener aunque fueran solo cinco minutos para avanzar unas páginas. Pero conmigo es fácil: me encanta ahondar en la psicología de los personajes y este tipo de libros en los que hay una maraña de emociones, sentimientos, situaciones y vivencias siempre me atrapan. ¿Sentido? Cada uno, dependiendo de su carácter, de sus creencias, de sus valores, de su forma de vivir, sacará el suyo. Pero siempre merece la pena ponerse en el lugar del otro e intentar encontrar un porqué.

Dietlikon, Suiza


Foto de la iglesia y casas de Dietlikon
En esta historia se describen muchos paisajes de Suiza, especialmente de Zúrich y de Dietlikon, una comuna suiza del cantón de Zúrich, donde vive la familia de Anna. En la foto que podéis ver aquí al lado se ve la iglesia que tantas veces aparece en el libro.

Ya os he comentado en otras ocasiones que una de las principales razones por las que me gusta leer es porque conozco sitios a los que no he ido nunca a través de palabras, descripciones y después curioseando por Internet. Para quien conozca Zúrich, seguro que a través de este libro va a recrear muchos de los escenarios que ha pateado y, para los que no, es una manera de saber cómo viven los suizos en esta ciudad, a dónde van, qué hacen,…