jueves, 21 de febrero de 2019

[12] Cinco novelas recomendadas para amantes de las librerías

Entre las ciento y pico reseñas que llevo escritas en este blog a día de hoy, hay libros de todo tipo, aunque está claro que algunos temas sobresalen por encima de otros porque, simplemente, me chiflan. Por ejemplo, puedes encontrar mucho feel good, viajes, introspecciones, japoneses,... Dependerá un poco del punto de vida en el que me encuentre pero, por lo general, encontrarás menos novela negra y de fantasía que libros de desarrollo personal.

El género del que voy a hablar hoy (y sí, lo llamo género) tiene ese halo halo romántico y nostálgico que tanto nos atrae a los amantes de los libros y al que pocas veces nos resistimos. Se trata de las novelas sobre librerías.

En los últimos años he leído muchas novelas en las que las librerías y los libros son parte fundamental de la historia; al fin y al cabo, los escritores son amantes de los libros y así queda reflejado en sus obras. Pero es que, además, he encontrado muchas novelas en las que las librerías y los libros son los verdaderos protagonistas

Para mí, este tipo de lectura es reconfortante; es como si estuviera con un amigo; es casa. Suelen relatar historias locas de gente que se quiere dedicar a ser librero, ¡qué disparate!, ¿verdad? O a lo mejor no tanto. Juzga por tí mismo. Por cierto que, en esta lista, el orden de los factores no altera el producto.

La librería ambulante, de Christopher Morley. El día en que el profesor Roger Mifflin se presenta en la granja Hellen McGill con la intención de venderle al hermano de esta una librería ambulante dispuesta en un carro tirado por un caballo, Helen decide ser ella misma quien la compre para evitar que su hermano vuelva a dejarla sola. Pero es que, además, se plantea que es hora de que ella se tome unas merecidas vacaciones después de quince años de entrega total a la granja y a su hermano y se marcha a vender libros por la América rural. 

En este libro los protagonistas son los libros, y hay un gran número de referencias y citas. Pero, si por algo se colocó en el top ten de mi lista de 2016 es porque en esta historia hay una persona que cambia de estilo de vida y emprende una aventura que, para más deleite mío, es una aventura con libros, y en itinerancia. Amantes de los libros y de los viajes, ¿qué más se puede pedir?

La librería del señor Livingstone, de Mónica Gutiérrez. Agnes Marti es una arqueóloga catalana en paro que decide trasladarse a Londres con el fin de encontrar ese trabajo que tanto desea. Su misión no le resultará fácil pero el camino la llevará por azar (y también un poco por su escaso sentido de la orientación) hasta la librería del señor Livingstone, un viejo librero gruñón adorable que busca un ayudante de librería de cuento.

Para los enamorados de la literatura, de los libros y de las librerías, esta novela es un paraíso. Contiene multitud de referencias a novelas y guiños a escritores en cada una de sus páginas. Y, sobre todo, refleja a la perfección el mundo literario y feel good de las novelas de Mónica Gutiérrez

La librería de las nuevas oportunidades, de Anjali Banerjee. Los ingredientes de esta novela son un cóctel para mí porque reúne tres de las cosas sobre las que más me gusta leer: hay libros, porque Jasmine, la protagonista, es una mujer de negocios que decide trasladarse al sitio en el que se crió, Shelter Island (Seattle), tras divorciarse para encargarse durante un mes de la librería de su tía Ruma; hay amor,  y es que durante toda la novela a Jasmine le llegan continuos mensajes de que no debe nunca dejar de creer en el amor y en la posibilidad de volver a enamorarse; y hay una persona que cambia su estilo de vida, que pasa de gestionar carteras de inversiones a regentar una librería. Si a esto le sumamos un puntito de magia, el resultado es una novela con la que disfrutar, y mucho.

La librería de los finales felices, de Katarina Bivald. Sara Lindqvist es una chica sueca que vive de forma solitaria entre sus libros. La pérdida de su trabajo en una librería coincide con la invitación de su amiga Amy Harris, con la que se cartea e intercambia libros, para que la visite en Broken Wheel, un pequeño pueblo de Iowa, en Estados Unidos. Sin embargo, el viaje que Sara había planeado se trastoca cuando, al llegar a Broken Wheel descubre que Amy, que es una anciana, acaba de morir. A partir de ese momento, Sara, que es bastante solitaria, tendrá que aprender a sentirse querida por los habitantes  de este pueblo que, a pesar de ser extraños, se comportan de manera muy hospitalaria.

Si hay algo que me gustó de este libro es la cantidad de reflexiones y de recomendaciones interesantes que aporta, sobre todo de literatura norteamericana.

La librería, de Penélope Fitzgerald. La protagonista de esta novela se llama Florence Green, es viuda y vive de forma modesta en Hardborough (Inglaterra), un pueblo pequeño y poco desarrollado, con pocos servicios y comercios, motivo por el que Florence pensó que sería buena idea abrir una librería. A buena parte de los habitantes del lugar, esta iniciativa les parece una locura y otros son bastante reticentes pero las ganas de la Florence pueden con todo.

La librería no es una novela que me encantara en su momento pero tiene dos cosas que me parecieron de lo más interesantes: la parte en que la autora decide empezar a vender Lolita, la obra de Vladimir Nabokov; y la otra es el personaje de la protagonista: una mujer pequeña, menuda, de hábitos predecibles y muy modesta. Pero tiene coraje, fuerza, valor, perseverancia, lealtad a sus ideas, a la vez que tolerancia y respeto por los demás.

Además de los cinco anteriores, aquí puedes encontrar más novelas sobre librerías. Y, porfa, si tienes alguna recomendación para mí, ¡déjamela en comentarios!

martes, 19 de febrero de 2019

[06/2019] El libro de sinazucar.org, de Antonio R. Estrada

Dice un refrán popular que a nadie le amarga un dulce. De hecho, hemos acostumbrado tanto nuestro paladar al sabor adictivo del azúcar que el gusto natural de algunas comidas incluso nos desagrada. ¿Has probado a hacer una salsa de tomate sin azúcar, a beber un vaso de leche con cacao natural, a comer un yogur natural sin nada más, o a tomarte unas fresas lavadas y punto? Yo reconozco que, antes de conocer el movimiento real food hace más o menos un año, no había probado ninguna de esas cuatro cosas, y tampoco era consciente de la cantidad de azúcar que ingerimos en el día a día sin apenas darnos cuenta. Pero, desde que empecé a fijarme en las etiquetas de los productos, comencé a preocuparme más por este tema.

Fíjate en la imagen que he colocado a continuación. Impacta, ¿verdad? Pues este es solo uno de los ejemplos que puedes encontrar en el libro, en la web y en la cuenta de Instagram de Antonio Antonio R. Estrada, el fotógrafo y nutricionista deportivo que está detrás de la iniciativa sinazucar.org, que pretende concienciar a los consumidores acerca de las ingentes cantidades de azúcar que contienen algunos de sus alimentos favoritos.

Un bote de Infusión digestiva infantil de Mercadona contiene el 90,1% de azúcar y un 4% de plantas.
Un bote de Infusión digestiva infantil de Mercadona contiene el 90,1% de azúcar y un 4% de plantas

Pero, ¿tan malo es el azúcar?

Tanto para los adultos como para los niños, el consumo de azúcares libres se debería reducir a menos del 10% de la ingesta calórica total y una reducción por debajo del 5% de la ingesta calórica total produciría beneficios adicionales para la salud (el consumo excesivo de azúcar puede provocar caries, sobrepeso, obesidad, diabetes y riesgo cardiovascular). Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en una dieta de adulto de alrededor de 2000 calorías diarias, el consumo de azúcar debería reducirse a menos de 25 gramos. “Esta cantidad supone unos seis terrores de azúcar, pero es que una sola lata de refresco ya lleva ocho”, explica Antonio. Por eso, en su cantidad justa no debería suponer un problema. Sin embargo, la cuestión es que actualmente consumimos tanto y de tan diversas maneras que ni siquiera nos damos cuenta. Es decir, tú puedes pensar que compras un paquete de azúcar en el súper y te dura meses en casa pero ese azúcar es el que tienes identificado y controlado. ¿Dónde está el otro? El “otro” está escondido en su mayor parte en los productos procesados que compramos, muchos de los cuales a veces incluso adquirimos convencidos de que son saludables.

En el Libro de sinazucar.org podrás descubrir dónde está ese azúcar que comemos y que apenas percibimos y, además, encontrarás alternativas sanas y saludables. Muchas veces comemos como lo hacemos por costumbre, hábitos y herencias pero, si quieres, lo necesitas o te apetece probar, se pueden hacer ciertos cambios.

En mi caso, desde hace casi un año he adoptado varios cambios y lo he notado sobre todo en el peso pero también en pequeños detalles que cada uno conocemos de nosotros mismos como, por ejemplo, estar menos pesada después de comer, no tener ansiedad cada vez que veo comida de cualquier tipo, menos dolores de cabeza y malestar físico,...

Creo que hacer este tipo de modificaciones después de años de costumbres arraigadas supone un esfuerzo pero me gusta afrontarlo de manera tolerante conmigo misma y con la gente que tengo alrededor. Los extremos, por exceso o por defecto, no me parecen sanos. Es decir, si voy de cumpleaños como tarta, porque me encanta. Pero he aprendido a disfrutar muchísimo comiendo fruta y frutos secos, algo que casi no hacía antes (podéis comprobarlo en mi Instagram). Pruebo todas las frutas de temporada porque, como dice @saludalosaludable_, "las frutas de temporada están preparadas para cubrir nuestras necesidades en función de las condiciones atmosféricas en que nos encontramos".

Y, como prueba de que este tipo de cambios no son rápidos, está mi experiencia con el cacao puro: ¡He tardado casi un año para que mi paladar se acostumbre al sabor de la leche con cacao sin nada de azúcar! Al principio, tenía que mezclarlo con Nesquick. Cuando se me acabó el Nesquick, le añadía un poco de azúcar, y así hasta que un día noté el placer de tomarlo solo con la leche.

Para conocer un poco más por qué pasan estas cosas y las alternativas que tenía a la hora de reducir el azúcar, el verano pasado le hice una entrevista a Antonio sobre el tema. Lo que hicimos fue repasar las comidas que hacemos a lo largo del día y buscar sustitutos porque, aunque al principio parezca difícil, alternativas hay, y bastantes.

Entrevista a Antonio R. Estrada, de sinazucar.org


Pregunta: Un desayuno típico: vaso de leche y cola cao con galletas o cereales, ¿cómo lo ves?

Respuesta: El problema del Cola Cao es que es cerca de un 80% azúcar. Al final, cada cucharada lleva poco cacao y mucho azúcar. Lo que estás añadiendo a la leche es azúcar y un poquito de cacao que le da color. Por otra parte, la mayoría de los cereales, llevan azúcar. Incluso los que no llevan azúcar, llevan edulcorantes. En el caso de las galletas debemos tener en cuenta que los nutricionistas lo consideran bollería. Al final, básicamente, son harinas, grasas y azúcar, como un croissant. Aunque no sea exactamente la misma formulación, no hay diferencia sustancial entre galleta y croissant. En las galletas sin azúcar, se sustituye el azúcar por edulcorantes, con lo cual te diría que las galletas hay que evitarlas y si las tomas de manera excepcional.

Una palmera de chocolate XXL (450g) tiene 132g de azúcar, equivalente a 33 terrones.
Una palmera de chocolate XXL (450g) tiene 132g de azúcar, equivalente a 33 terrones

En cuanto a los cereales, la mayoría de ellos tampoco tienen un gran valor nutricional porque son harinas refinadas y azúcares, o de nuevo edulcorantes. Con lo cual, imagínate, que a un tazón de leche le añades una cucharada de harina y otra de azúcar, lo revuelves,… y eso es lo que estás tomando cuando tomas cereales. Si quieres tomar cereales, mejor copos de avena como tal.

P: Y entonces, ¿qué desayuno?


R: Como alternativa, se puede utilizar cacao puro en polvo, que básicamente es cacao y ya está. El problema es que es un sabor más amargo. Si estamos acostumbrados al Cola Cao, el sabor que me va a dar el cacao puro en polvo es bastante más amargo, con lo cual hay que educar un poco el paladar. Se puede hacer de forma progresiva. Incluso hay gente que mezcla Cola Cao con el cacao puro en polvo para pasar progresivamente de un producto muy dulce a otro más amargo. Pero siempre hay que pensar como alternativas de desayuno algo que se aleje de lo tradicional. Se puede desayunar lo mismo que comerías en cualquier comida. Por ejemplo, un revuelto, huevos en tortilla, fruta, incluso restos de la cena anterior. Lo que pasa es que estamos acostumbrados a un sabor tradicional de desayunos tradicionales. Estamos ante un problema de educación y hábitos. Desde pequeños desayunamos una serie de productos que consideramos que son los esenciales para el desayuno. Sin embargo, en otros países no es así, no tiene por qué ser un desayuno basado en productos tradicionales. Puede ser un desayuno de algo que nos apetezca y que sea fácil de preparar. A veces una pieza de fruta cortada en trozos y huevos revueltos puede ser suficiente.

P: Estamos en verano, vamos a tomar el aperitivo y pedimos un refresco.


R: Los dietistas nutricionistas recomiendan evitar los refrescos por supuesto azucarados y también los tipo light y zero porque llevan edulcorantes y estos tienen un problema: pueden hacer que nos acostumbremos al sabor dulce, de tal forma que si de forma habitual tomamos refrescos edulcorados hace que nuestra sensación de dulzor disminuya y necesitemos sabores más intensos para satisfacer nuestro paladar. Eso hace que luego tengamos deseo de dulce. El problema no está en el refresco sino en que esto hace que desees otro tipo de alimentos dulces.

75g de Cacahuetes con Miel y Sal (Marca Eagle) tienen 10,5g de azúcar, equivalente a 2,6 terrones.
75g de Cacahuetes con Miel y Sal (Marca Eagle) tienen 10,5g de azúcar, equivalente a 2,6 terrones

P: Vale, ¿pues qué pido?


R: El deseo del dulce puede ser reducido acostumbrando al paladar a sabores menos dulces. Por ejemplo, cuando vayamos a tomar algo, podemos optar por un café con hielo e infusión tipo té verde con hielo y limón que tienen en cualquier cafetería y que no tiene por qué ser muy diferente de un refresco. Incluso, te puedes tomar una cerveza sin alcohol, porque está demostrado que no hay una cantidad de alcohol segura para el cuerpo. También te puedes tomar un zumo de tomate o agua, por qué no. Socialmente no está bien visto pero cada vez es más normal.

P: A la hora de comer, aparentemente, no hay azúcar a la vista, ¿o sí?


R: El peligro está generalmente en las comidas preparadas. El problema está en que en lugar de cocinar nosotros abrimos un producto ya cocinado comprado en el súper y lo calentamos. Por ejemplo, una lasaña. Esa lasaña no sabemos cómo está cocinada ni qué ingredientes tiene. Si le damos la vuelta al paquete descubriremos cómo muchos de estos productos llevan azúcar. Por ejemplo, la lasaña, como es un producto que lleva tomate, suele llevar azúcar muy por encima de lo que nosotros añadiríamos a la receta. Uno de los platos más consumidos en España según fuentes oficiales es la pizza, después de la ensalada. Por supuesto, una pizza comprada. Esos platos pueden llevar azúcar oculto. Una pizza barbacoa individual creo que tenía dos terrones de azúcar. Por tanto, es fundamental cocinar nosotros o, si consumimos platos preparados, leer bien las etiquetas.

Una pizza barbacoa individual tiene 17g de azúcar, equivalente a 4,2 terrones. Pizza analizada: Marca Palacios. Barbacoa para el microondas (Individual, 225g.
Una pizza barbacoa individual tiene 17g de azúcar, equivalente a 4,2 terrones. Pizza analizada: Marca Palacios. Barbacoa para el microondas (Individual, 225g

Lo mismo pasa con el tomate. Cada vez se hace menos en casa porque somos cómodos y vamos a algo rápido. Si tenemos que preparar pasta con tomate, compramos tomate ya hecho por no cocinarlo. Ese tomate frito muchas veces lleva gran cantidad de azúcar porque tiene un sabor más apetecible y además el azúcar actúa como conservante y al final hace que dure más en la nevera. Tiene mucho más azúcar de lo que nosotros le pondríamos si lo cocináramos.

P: Varias de las fotos que más me han impactado tenían que ver con productos infantiles. Dicen que con los petit suisse los niños se hacen más grandes y fuertes.

Un Maxi Petit de marca Hacendado contiene 12g de azúcar, equivalente a 3 terrones.
Un Maxi Petit de marca Hacendado contiene 12g de azúcar, equivalente a 3 terrones
R: Es importante la educación. Cuando un niño es muy pequeño, tenemos la opción de darle un yogur natural o azucarado. Muchas veces se les da un yogur azucarado, petit, o los destinados para niños. El bebé aprecia los sabores dulces y hará que se lo coma mejor. Pero cuantos más alimentos les demos de ese estilo, el paladar se acostumbra a lo dulce y rechaza lo demás. Además, cuanto más azúcar le das, más azúcar demanda.

Lo importante es evitar introducir alimentos azucarados de los más pequeños porque eso hará que ellos mismos demanden ese tipo de sabor.

P: Después de todo el día, llegas a casa por la noche, cenas y… te entra antojo de algo dulce.


R: Lo ideal es intentar recurrir a los alimentos dulces por naturaleza como son las frutas. Una pieza de fruta madura es dulce. Si lo tomamos de postre, saciamos esa necesidad de dulce. Si nosotros queremos un sabor dulce más intenso, podemos optar por las frutas desecadas como las pasas e incluso echándolo al yogur y unas nueces puede ser un postre saludable. Puede ser una forma sencilla de satisfacer la necesidad de dulce, que viene condicionada por el resto de alimentación. Si nosotros poco a poco retiramos el azúcar de nuestra dieta y alimentación diaria, tendremos cada vez menos necesidad de ese sabor dulce para quedarnos satisfechos después de la comida. Educación, hábitos, rutinas, todo forma parte de nuestro día a día. Si entramos en una espiral ascendente de consumo de azúcar, podemos acabar ingiriendo demasiado azúcar. También pasa lo mismo de manera contraria, si introducimos el azúcar de forma consciente y voluntaria, cada vez nos costará menos reducir a este tipo de productos, con lo cual la espiral descendente también ocurre.
Nada es veneno, todo es veneno: la diferencia está en la dosis. Paracelso

lunes, 11 de febrero de 2019

[05/2019] Divas rebeldes, de Cristina Morató

Este 2019 me ha dado fuerte con las biografías. Empecé con Marie Curie, seguí con un precioso libro ilustrado sobre Frida Kahlo y acabo de terminar con Divas rebeldes, de Cristina Morató. Este libro reúne en sus páginas las vidas de siete mujeres que destacaron de alguna manera el pasado siglo XX: Maria Callas, Coco Chanel, Wallis Simpson, Eva Perón, Barbara Hutton, Audrey Hepburn y Jackie Kennedy.

Antes de esta lectura, no conocía en profundidad a ninguna de ellas. De muchas, tenía ciertas referencias. Para comenzar, sabía de Maria Callas que había sido una importante soprano, pero ignoraba que tenía orígenes griegos y que nunca llegó a casarse con el amor de su vida, Aristóteles Onassis. De Coco Chanel, evidentemente, conocía que fue una de las diseñadoras de moda más influyentes del siglo XX, pero nada sobre sus orígenes humildes. De Wallis Simpson y de Barbara Hutton apenas tenía información, y solo tras leer el libro supe que la primera podría haber sido la reina de Inglaterra y que la segunda fue una de las mujeres más ricas del mundo y que murió prácticamente arruinada. Por otro lado, sabía la influencia de Eva Perón sobre el pueblo argentino pero no conocía sus inicios como actriz hasta que conociera a Juan Domingo Perón.

Las otras dos mujeres las dejo para el final porque sus historias son las que más me han gustado. Audrey Hepburn fue una actriz muy conocida y aclamada por el público por películas como Vacaciones en Roma, Sabrina o Desayuno con diamantes, pero esa parte solo es la zona visible del iceberg. Audrey Hepburn fue una niña abandonada por su padre, que sufrió en su cuerpo las miserias de la Segunda Guerra Mundial y una bailarina frustrada. Su llegada a la gran pantalla fue un tanto casual, pero triunfó. Era una mujer equilibrada a la que la fama no se le subió a la cabeza y que tuvo claro su papel de madre. Buscó siempre el amor tradicional en torno a una familia y solo lo consiguió en su vejez. A pesar de todo, supo disfrutarlo. De ella me ha gustado mucho su equilibrio y sus tomas de decisiones.

El capítulo dedicado a Jackie Kennedy se me ha quedado corto. Empecé a leer sobre su vida con algunos prejuicios pero, ¡lo que sufrió esa primera dama! Era una mujer formada, culta y muy profesional (ejerció como periodista durante años). Sin embargo, se la conoció por ser la mujer de  John Fitzgerald Kennedy (y después de Aristóteles Onassis). La relación con el que fuera presidente de los EEUU estuvo marcada por la lejanía de él en momentos muy duros para ella y por las constantes amantes que él tenía. Pero Jackie le cuidó en su enfermedad, le dio dos hijos a pesar de sus fatales experiencias con la maternidad, le ayudó en su carrera a la Casa Blanca y le acompañó hasta el final.

Entre las siete mujeres hay rasgos en común que me han impresionado. Por ejemplo, el origen humilde de la mayoría (Maria Callas, Coco Chanel, Wallis Simpson, Eva Perón y Audrey Hepburn) y cómo lograron zigzaguear hasta conseguir ser lo que eran. Por otro lado, me impresionó lo dura que fue para ellas la maternidad y los abortos que sufrieron. Y, sobre todo, con lo que más he sufrido ha sido con esas relaciones tormentosas que las hicieron infelices en muchos momentos de sus vidas. Y no solo con sus parejas, también con sus padres.

Debido a esto último, he estado reflexionando sobre el concepto de amor líquido creado por el sociólogo polaco Zygmunt Baumant, mediante el que describe las relaciones interpersonales que se desarrollan en la posmodernidad, caracterizadas por la falta de solidez, calidez y por una tendencia a ser cada vez más fugaces, superficiales, etéreas y con menor compromiso. Y es que, de las biografías que he leído últimamente (todas de mujeres del siglo XX, excepto Marie Curie) he echado de menos el amor y el respeto por las parejas. Y no me refiero a un amor romántico y para toda la vida. No. Me refiero a parejas sanas, que se admiren, que se quieran y se respeten durante el tiempo que dure la relación. Me refiero a un amor de este otro tipo. ¿Puede que ya no existan más?

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que quieran iniciarse en las biografías y para quienes busquen inspiración en las historias de mujeres que cambiaron marcaron tendencia en el siglo XX. Para mí, las biografías sirven también para conocer y entender otras formas de vivir.

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miércoles, 6 de febrero de 2019

[11] Los 10 libros que más me han influido en los últimos años

Desde que abrí este blog a finales de 2014, las cosas me han cambiado mucho. Si me paro a pensarlo, solo son cuatro años de mis 35, pero en este tiempo he avanzado más que nunca en mi vida. Y no me refiero a importantes cuestiones terrenales, no; de esas ha habido más bien pocas. Me refiero a grandes cambios dentro de mí.

En los últimos años he vivido la ruptura del seno de mi familia, he tenido que reinventarme a mí misma, eliminar viejos patrones y encontrar nuevos, crecer con mi pareja, buscar un hueco propio en el que sentirme identificada y aceptarme tal como soy. Gracias a todas estas experiencias, la mayor parte de ellas en forma de palo emocional, creo que he logrado conocerme mejor y alinearme conmigo misma.

Desde luego, ha habido mucho trabajo interno, ayuda de seres queridos y sesiones de terapia, pero nunca lo hubiera conseguido sin los libros. Ellos me han dado refugio, respuestas, otras perspectivas, nuevas formas de ver la vida y amor incondicional. Son muchas las lecturas que me han ayudado en este recorrido pero sin esta selección de 10 no podría entenderme en la actualidad. En todas ellas queda reflejado al menos uno de los pilares imprescindibles sobre los que me sostengo: familia, amor, amistad, evolución, feel good, experiencias, viajes, periodismo, enseñanza, lectura, sostenibilidad  y vida sencilla.
  • Salvaje, de Cheryl Strayed. Este relato de un viaje salvaje y solitario por un camino inhóspito es de lo mejor que me ha pasado en los últimos tiempos. La fuerza de una mujer sola y perdida con ganas de encontrar el sentido a su vida me hace sentir el poder del ser humano frente a la adversidad y de que, a pesar del esfuerzo, el resultado final es muy grande.
  • Días de viaje, de Aniko Villalba. Gracias al blog de esta escritora y a sus libros, logré superar uno de los miedos que había ido arrastrando a lo largo de los años: el miedo a viajar. Ella me enseñó a ver los viajes desde una perspectiva diferente. Y no es que hiciera la mochila y saliera a ver mundo como si nada hubiera pasado. No. Pero empecé a dar pequeños pasos en firme, de esos que intuyes que va a salir algo muy bueno
  • Brooklyn Follies, de Paul Auster. Este libro me demostró, a través de la experiencia vital de sus personajes, que es posible (¡qué digo posible, es obligatorio!) poner vida a los años, aunque sea en la última etapa vital.
  • Una madre, de Alejandro Palomas. Hablando con el autor en la Feria del Libro de Madrid de 2016 le dije: "Es imposible escribir sobre los sentimientos que he leído en tu libro sin haberlos vivido antes". En Una madre sentí con la familia de Amalia como si fuera la mía y, de hecho, pude hacer catarsis y comprender muchas de las cosas que habían pasado en mi propia familia en el último año.
  • Los interesantes, de Meg Wolitzer. Adoro esta novela porque analiza la manera en la que te planteas tu propia vida cuando tienes 15 años y cómo esas expectativas van transformándose conforme avanzan los años. Es la evolución de la vida tal cual, sin azúcar añadido: no serás lo que tenían proyectado tus padres para ti; ni siquiera serás lo que tú habías proyectado para ti, sino que tu camino se irá escribiendo conforme avances y dependerá de muchos factores.
  • Todas las familias son psicóticas, de Douglas Coupland. Si pensáis que vuestra familia es peculiar, tenéis razón, pero tenéis que leer las aventuras y desventuras de la familia Drummond para comprobar que donde lo hay malo lo hay peor. Si tenéis problemas familiares, después de leer este libro, os parecerá que lo vuestro es un cuento de gatitos.
  • Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes. Cuando leí esta novela quería que solo fuese para mí y que nadie más la leyese. Habla del amor, pero no del amor romántico, perfecto y con final feliz que nos intentan colar por todos lados. No. Habla del amor cotidiano y sencillo mezclado con las cosas de la vida. Habla de una relación forjada entre los hijos, el trabajo,  la familia, el día a día, las personalidades, la enfermedad, la incondicionalidad y la muerte.
  • Historia de una maestra, de Josefina Aldecoa. Mi profesión frustrada es la de maestra. Una decisión precipitada me llevó a estudiar periodismo y lo de enseñar me ha quedado como una espinita en el corazón. Por eso este libro me llegó tan adentro. Muchos de los valores relacionados con la educación de los que se hablan en las páginas de Historia de una maestra, son los míos propios.
  • Sostiene Pereira, de Antonio Tabucci. Este libro es con el que empecé, de nuevo, una relación estable y madura con la lectura. Y surgió hablando con unas compañeras en el trabajo. Y fue el que marcó un nuevo hito en mi vida. Por eso le tengo tanto cariño. Además, habla del periodismo en un momento difícil de la historia de Portugal. Y yo soy periodista y, aunque a veces reniegue, sé que, en el fondo, la profesión la llevo dentro.
  • The year of less, de Cait Flanders. En los últimos dos años, la sostenibilidad y la vida sencilla son un must en mi formade vida: menos consumo, menos plástico, mejor alimientación, vida más sencilla y centrada en necesitar menos. He de decir que me encantan las historias de vida y que esta de Cait Flanders inspiró muchísimo. Y, además, cumple uno de mis principales objetivos de lectura: leer en inglés.

domingo, 20 de enero de 2019

[02/2019] Bajo el cielo de Dublín, de Maeve Binchy

Cuando abro un libro, rápidamente sé si me va a enganchar o no. Los principios, para mí, son importantes, porque si no me atraen lo suficiente, la experiencia puede acabar en fracaso. En el caso de Bajo el cielo de Dublín, de Maeve Binchy, la premisa de partida es atrapadora, a pesar de que, en sí, el libro al completo no parece muy prometedor.

Estela es una madre soltera con una historia delicada: le quedan pocas semanas para dar a luz y también para morir, lo que significa que tiene que buscar al padre de su hija para que se haga cargo de ella. Y resulta  que el padre es Noel, un joven perdido, alcohólico, con un trabajo que aborrece y un futuro gris. Cualquiera diría que no está preparado para criar a un bebé pero, ¿acaso es mejor dejar a la niña en manos de los servicios sociales?

Moira, la asistente social, diría que sí, que esa niña debería criarse con una buena familia, bien atendida, pero el entorno de Noel no está dispuesto a dejar que eso pase: sus padres, sus vecinos, sus amigos y, sobre todo, su prima, la recién llegada, Emily, van a conseguir no solo que Noel cuide de la pequeña Frankie, sino que cambie la perspectiva de su futuro por otro más prometedor.

De nuevo, como me pasó con Una semana en invierno, otro libro de la autora, esta novela se convierte en una obra coral, repleta de personajes que cooperan por el bien de la comunidad y que conforman una gran familia. También en esta novela, como en la anterior, Maeve Binchy reflexiona acerca del paso de los años y de cómo evoluciona la vida. Pero, sobre todo, te hace ser consciente de cómo puede cambiarte la vida en un momento y de que es posible sacarle el lado positivo a una situación que, en principio, parece desastrosa.

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que quieran buscarle otra lectura a un acontecimiento inesperado en sus vidas e incluso ponerla a su favor. También para aquellos que encuentren sentido en el apoyo de una comunidad de personas que cooperan por el bienestar común de todos.

Esta novela también está indicada para echar el freno y leer lento. Como otras novelas de la misma autora, estamos ante un libro dinámico en cuanto a personajes e historias pero lento en cuanto a la manera en que viven.

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