lunes, 20 de febrero de 2017

Salvaje, de Cheryl Strayed

Decimos que febrero es el mes del amor. Aunque normalmente nos referimos a la vertiente más romántica de la palabra, mi mes de febrero de 2017 lo estoy dedicando a uno de los amores de mi vida: descubrir sitios. Y no es que esté viajando físicamente, no. Estoy dedicándome a encontrarme a través de los libros de viaje. Si en el anterior post ya os hablé de Días de viaje, de Aniko Villalba, y os dije que me había enamorado de él, creo que lo que siento por Salvaje, de Cheryl Strayed, es un amor divino, fuera de lo común.

Nunca antes había tenido la sensación de que un título fuera tan acertado para un libro. Salvaje es absolutamente salvaje, por las cosas que cuenta pero, sobre todo, por cómo las cuenta. A pesar de que en un primer momento abrí el libro para ver de qué iba, ya no pude dejarlo. No esperaba que fuera a atraparme tan rápido, ni tan hondo. He tardado más de diez días en leerlo, y no es que sea un libro largo, pero es que no quería que terminara. Leyéndolo me he aplicado una terapia que ahora está muy de moda en otras vertientes de la vida: he hecho slow reading, lo he leído muy lento.

Salvaje es una crónica autobiográfica: Es la historia de Cheryl Strayed (strayed en inglés significa extraviada), de cómo una mujer de 22 años sufre el fallecimiento de su madre, la pérdida de su familia, la ruptura de su matrimonio y de cómo su mundo se desmorona entre hombres que no significan nada para ella y un tonteo con drogas que no auguraban buen fin. “Por fin comprendía lo que la heroína había representado para mí: el anhelo de tener una escapatoria cuando, de hecho, lo que yo buscaba era una vía de acceso”.

Esa vía de acceso al cambio de sentido fue el SMP, el Sendero del Macizo del Pacífico, un camino para excursionistas que discurre por los estados americanos de California, Oregón y Washington, entre las fronteras con México y Canadá, de más de 4.200 kilómetros.

Con la única compañía de Monstruo, una mochila a la espalda de más de la mitad de su peso, Cheryl Strayed comenzó en junio de 1995 su camino en el SMP en el desierto de Mojave, al sur de California. En los siguientes 1.400 kilómetros de andadura hasta el Puente de los Dioses, en Oregón, Cheryl camina, cambia la ruta de viaje, sufre el desgaste en sus pies, pasa hambre, recibe cartas, lee, se topa con animales variados, vive lugares, duerme en plena naturaleza, conoce a mucha gente que le aportará grandes experiencias pero, sobre todo, conecta con ella misma.

Todo el relato de su viaje a pie por el SMP se entremezcla de manera fluida con recuerdos y vivencias de cuando era niña, de su madre, de su padre, de su padrastro, de sus hermanos, de su exmarido, de sus amigos,… de su vida. “Es imposible saber por qué ocurre una cosa y no otra. Cuál es la causa de qué. Qué destruye qué. Qué lleva a que unas cosas florezcan o mueran o cambien de rumbo. Pero yo, allí sentada esa noche, tenía la casi total certeza de que, a no ser por Eddie, no me habría encontrado a mí misma en el SMP”.

Desde luego, este libro de Cheryl Strayed, se coloca directamente en mi Top 10 de libros, de hecho, por ahora se sitúa en el número 1. Sin duda, la lista de lecturas de cada uno de nosotros, sean del tipo que sean, nos definen como personas. Seguro que si echáis un vistazo a la mía, podéis sacar muchas conclusiones. Desde luego, este mes de febrero estoy encontrándome a mí misma en experiencias que me parecen alucinantes, historias de superación personal, de transformación emocional, de crecimiento.

Sendero del Macizo del Pacífico (SMP)

En este libro que acabo de reseñar la protagonista principal, sin lugar a dudas, es Cheryl Strayed, pero el SMP interpreta un papel secundario desde el protagonismo más absoluto. Es este sendero el que, con todas sus trabas, belleza, recorrido e historia ayudan a Cheryl a encontrarse a sí misma.

La belleza de los paisajes tiene que ser asombrosa y, aunque en el relato, podemos hacernos una ligera idea a través de las descripciones, he querido ver algunas fotografías y he encontrado estas que aquí os dejo, aunque hay mil. También hay una película, protagonizada por Reese Witherspoon, que veré en nada.




jueves, 9 de febrero de 2017

Días de viaje, de Aniko Villalba

Antecedentes

Conocí el trabajo de Aniko Villalba entre los años 2013 y 2014. Fue Google quien nos presentó a su blog y a mí justo cuando yo buscaba sobre algo que me llevaba atormentando y avergonzando desde hacía mucho tiempo: el miedo a viajar. Recibí muchas críticas por haber dejado pasar ciertos viajes para los que no me sentía preparada. Viéndolo con retrospectiva, esas mismas voces que me reprocharon mi cobardía entonces, fueron las que me tildaron de loca por hacer un roadtrip de más de 3.000 kilómetros en coche. Pues eso.

El caso es que después de haber enfrentado durante algún tiempo comentarios que no me ayudaban en nada a superar mi miedo, encontré esto y, de repente, pude ver mi problema desde otra perspectiva. Y no es que hiciera la mochila y saliera a ver mundo como si nada hubiera pasado. No. Pero empecé a dar pequeños pasos en firme, de esos que intuyes que va a salir algo muy bueno.

El problema es que estaba enfocando mal el asunto. Yo, que había tenido siempre ganas de conocer lo desconocido, porque soy curiosa por naturaleza, pensaba que ese miedo no me iba a dejar nunca realizar uno de mis sueños, ir de viaje por aquí y por allá. Ese pensamiento me frustraba y me hacía verlo todo de color gris.

Sin embargo, el quid de la cuestión estaba en una frase que leí en el post de Aniko sobre el miedo a viajar y por qué no hay que dejar quenos frene: “Es normal tenerle miedo a lo desconocido”. Yo aún sigo sintiendo esa ansiedad (que, según Paul Theroux, Freud también sentía y llamaba reiseangst) cuando preparo un viaje pero ahora enfoco esa energía en otra cosa: es un reto a mí misma, para saber hasta dónde puedo llegar. Cuando estoy en ruta, ni me acuerdo del miedo. Y cuando vuelvo a casa, extraño mucho todo lo que conocí.

El libro

Todo este prólogo, que más bien parece una sección de autoayuda J, era para poner en contexto cómo llegué al trabajo de Aniko Villalba, primero a través de su blog y, ahora, unos años después, hasta Días de Viaje, su primer libro escrito. Días de Viaje no se puede conseguir por los medios de compra tradicionales. Es de edición independiente y solo se puede comprar a través de la web de Aniko y en puntos de venta contados. La verdad es que podía haberlo comprado en ebook, formato en el que suelo leer muchísimo, pero esta lectura me estaba pidiendo a gritos contacto físico. Tras mucho buscar por Madrid, lo encontré en la librería Desnivel, especializada en libros de montañismo, viajes y aventuras.

La preciosa ilustración de portada promete: una mochila de la que salen cámaras fotográficas, cuadernos, bolígrafos, gatos, naipes,… todos ellos elementos que representan los primeros años como viajera y nómada digital de Aniko Villalba.

El punto de partida es Buenos Aires. Una chica que acaba de terminar su formación universitaria tiene que decidir acerca de su futuro. Y aquí se le plantean dos tipos de vida: la convencional de trabajo de ocho horas, casa, boda e hijos; o la alternativa al sistema, que muchos tachan de locura, y que consiste en ir a recorrer el mundo y escribir sobre ello. A pesar de las voces críticas, Aniko elige seguir su sueño y emprende su primer viaje en solitario por América Latina.

Lo que sigue no es una guía de viajes, por si algún despistado se hace con el libro para ese fin. Nada de eso. Lo que sigue es un relato sobre experiencias, sensaciones, lugares, gentes, costumbres, anécdotas y vida.

Además de América Latina, la autora nos cuenta también sobre su viaje por Asia, su segundo gran reto tras un parón en Buenos Aires.  Disfruté lo que no está escrito leyendo el capítulo de China; me parece fascinante la manera en que Aniko es capaz de superar sus propias limitaciones, en este caso, la barrera del idioma.

Días de viaje relata otros recorridos por Europa, donde se incluyen por cierto estancias en Madrid, Carcelona (Barcelona), Asturias y Andalucía, un precioso viaje a Laponia, a Lisboa o a la República Checa, así como un par de meses de travesía por Marruecos.


El libro está repleto de reflexiones, de impresiones, de sentimientos, de gente. Desmonta los típicos mitos de que viajar es muy caro, de que vivir de manera nómada es incompatible con formar una familia, o de que viajando estás como de vacaciones. Además, hay una sensación recurrente a lo largo de todo el texto que a mí también me ha pasado cuando vuelvo de algún sitio; se trata de la parte más onírica de un viaje: ¿de verdad yo he estado allí? ¿De verdad he sido capaz de hacer eso? Pues parece ser que sí.

Roadtrip Madrid-Bélgica


Como viajera principiante, el verano pasado hice con mi media langosta un recorrido en nuestro coche desde Madrid hasta Bélgica. Nada extraordinario, por otro lado, si no fuera por los antecedentes que os acabo de contar. Para mí, el viaje a Bélgica fue de reencuentro con la esencia viajera que sé que siempre he tenido. Y también de reconciliación conmigo misma.

Si os animáis a leer nuestra aventura, en la que hubo algún que otro contratiempo emocional y práctico, lo que encontraréis no es un listado de monumentos ni nada por el estilo; esos contenidos se encuentran fácilmente en Internet. Lo que sí podéis encontrar en este relato es el viaje enmarcado en la vida misma, además de cuestiones útiles y respuestas prácticas a las cuestiones que se plantean en el camino.

El mundo está lleno de #amour #love #amor. Fotografía hecha en Burdeos

miércoles, 1 de febrero de 2017

La fórmula preferida del profesor, de Yoko Ogawa

Mi reciente obsesión con los autores japoneses y sus temas típicos como la muerte, la tristeza o la búsqueda del sentido de la vida ha tomado otra perspectiva desde que leí La fórmula preferida del profesor, de Yoko Ogawa.

La diferencia principal no está tanto en los temas que trata como en la forma de contarlos; desaparece esa neblina pesimista que envuelve a las novelas niponas y aparecen otros rasgos más amables, dulces y poéticos, aunque conservando cierto aire melancólico.

El protagonista de esta novela es “el profesor”, un hombre bastante mayor que, en 1975, sufre un accidente de tráfico que le provoca la pérdida de la memoria presente. A pesar de que conserva todos los recuerdos anteriores, su memoria más inmediata solo dura 80 minutos. Para remediar en parte este problema lleva asidas en su americana un montón de notas que le ayudan a acordarse de su pasado más próximo.

Después de nueve estrellas en su expediente como cliente en una agencia de asistencia doméstica (lo que significa que es bastante problemático), le envían una nueva asistenta de la que no sabemos el nombre pero sí que calza un 24, “un número muy resuelto, factorial de 4”, y cuyo número de teléfono es 5671455, “igual a la cantidad de números primos que existen hasta cien millones”.

Este juego entre la vida cotidiana y las matemáticas es una constante en el libro (aunque se sigue bien y sin problemas; no dudes en leerlo si las matemáticas te dan pavor). El profesor no recuerda nada de lo que hizo 80 minutos atrás pero sí que tiene en la cabeza teoremas y fórmulas matemáticas que integra con normalidad en la vida diaria: números amigos, perfectos y, sobre todo, primos, ayudan a explicar el mundo del profesor.

El béisbol es otro de los elementos que marcan al profesor aunque eso lo sabremos tras conocer a Root (raíz cuadrada en inglés), el hijo de 10 años de la asistenta, apodado así “porque su coronilla era tan plana como el signo de la raíz cuadrada”.

La relación de amistad e incluso de abuelo-nieto que se forma entre Root y el profesor es de las cosas que más me han gustado en este libro y me recuerda mucho a Los amigos, de Kazumi Yumoto. De nuevo, un niño cuyo único familiar es su madre y un anciano solitario se complementan, cuidan y quieren, a pesar de que entre ellos no existe un vínculo familiar. Ambos estarán muy unidos por el béisbol pero también por las matemáticas y los números, hasta tal punto que el futuro de Root dependerá de ello.

El profesor, la asistenta y su hijo se darán el amor que no encuentran por separado e influirán los unos en los otros como una familia de verdad, incluso cuando los tres tienen que separarse porque el profesor se traslada a una residencia. Otra vez, como en Los amigos, personas necesitadas de cariño que lo encuentran fuera de su entorno familiar y que crean vínculos y apegos muy fuertes.

La identidad de Euler


En un momento tenso del libro, el profesor termina una discusión con su cuñada (la que contrató los servicios de la asistenta) mostrándola la siguiente fórmula:

Según he podido leer en Internet, la identidad de Euler es una igualdad matemática que se ha comparado a un soneto de Shakespeare y se ha descrito como la ecuación más bella. Se dice que en esta fórmula convergen las cinco constantes matemáticas más importantes: el número 0, el número 1, π, un número irracional, e, otro número irracional y la i, la raíz cuadrada (root) del número negativo √(-1).

jueves, 26 de enero de 2017

Cosmética del enemigo, de Amélie Nothomb

En la última sesión del Club de Lectura Parla Este, uno de los compañeros habló de Cosmética del enemigo, de Amélie Nothomb y lo apunté para leerlo próximamente. El caso es que como es un libro muy cortito, lo intercalé entre las lecturas pendientes y hoy os traigo la reseña.

Ya había leído algo de Amélie Nothomb el año pasado, Estupor y temblores, pero en cuanto a temática son dos novelas muy diferentes. La que os reseñé en su momento es una novela autobiográfica que cuenta la historia de una joven occidental que consigue un empleo en una importante compañía nipona en Tokio y lo que sigue es un relato espeluznante de cómo “trabaja” la sobre-jerarquizada sociedad japonesa.

Sin embargo, en Cosmética del enemigo, Nothomb enfrenta a dos individuos en la sala de espera de un aeropuerto. El vuelo de Jérôme Angust sufre retraso y no le queda otra que esperar y decide ponerse a leer. Sin embargo, un desconocido llamado Textor Texel se le acerca y comienza a hablarle sin razón aparente.

El diálogo incómodo de quien no ha pedido conversación da paso a un relato excéntrico y surrealista de un interlocutor perturbador y a una serie de revelaciones que Jérôme no puede acabar de creer: Textor Texel violó a una mujer hace 20 años y la mató 10 años después.

Pero, ¿por qué le cuenta esas cosas a él? ¿Será casualidad? Desde luego, Textor Texel y Jérôme Angust tienen más conexión de la que pensamos en un primer momento…

La narración de Cosmética del enemigo sí que me ha recordado a Estupor y temblores. Es una prosa inquietante, sombría, directa al grano. Si el primer libro es intenso y duro, este último lo cerré con cierta angustia. Sin ninguna duda, Amélie Nothomb logra traducir en sensaciones aquello que describe con palabras en unas pocas páginas. Me ha parecido espectacular; hacía tiempo que no me pasaba algo así.

¿Por qué Cosmética del enemigo?


Una de las cosas que me intrigaban es el título del libro. ¿Por qué Cosmética del enemigo? Textor Texel define esos dos términos así en su relato:

Cosmética: “Soy una persona extremadamente formalista. Actúo según una cosmética rigurosa y jansenista…..La cosmética, ignorante, es la ciencia del orden universal, la suprema moral que determina el mundo”.

Enemigo: “Es aquel que, desde el interior, destruye lo que merece la pena. Es el que te muestra la decrepitud contenida en cada realidad. Es aquel que saca a la luz tu bajeza y la de tus amigos. Es aquel que, en un día perfecto, encontrará una excelente razón para que te tortures. Es aquel que te hará sentir asco de ti mismo. Es aquel que, cuando entreveas el rostro celestial de una desconocida, te revelará la muerte contenida en tanta belleza”.

Para poder interpretar bien estas definiciones es necesario llegar hasta el final del libro. Pero es una metáfora muy bien elegida. Os espero en los comentarios.

miércoles, 25 de enero de 2017

Febrero: mes del amor

Es la primera vez que me apunto a algo así pero la verdad es que me parece una iniciativa divertida y accesible. Además, ¿qué hay más romántico que el mes de febrero?

Laky, en su blog Libros que hay que leer, ha organizado un mes temático sobre el amor aprovechando que el 14 de febrero se celebra San Valentín. Las bases son sencillas: se trata de leer y reseñar uno o más libros encuadrados en el género desde el 1 hasta el 28 de febrero. No es necesario que sean novelas rosas o románticas, sino que cualquier que tenga una historia de amor con un peso importante en la trama es válida.

Para participar es necesario publicar un post como el que estáis leyendo en el que se incluya el banner de la iniciativa. Además, habrá que dejar un hueco para poner después enlaces a las reseñas que vayamos publicando.

Aquellos que participen podrán apuntarse también al sorteo de este libro: Besos sabor a café, de Raquel Antúnez.

Yo, me apunto a todo.

Mis lecturas del mes del amor


martes, 24 de enero de 2017

El elemento, de sir Ken Robinson

El elemento, sir Ken Robinson
Cuando somos pequeños, todo lo que nos rodea nos genera curiosidad. Solo tengo que mirar a mi sobrino de seis meses y comprobar que quiere coger mi pelo, morder sus juguetes, mirar los colores de los dibujos de la televisión o girar su cabecita para ver quién acaba de entrar por la puerta de su casa.

Me encanta un momento de esta conferencia de Emilio Duró en la que relata algo más o menos así: “le dices a tu hijo que mañana va a ir a la playa y el tío se levanta a las 5 de la mañana, ha cogido el cubo, la pala,… el tío está en la playa; le dices a tu mujer que mañana va a ir a la playa y responde: ‘lloverá, no encontraremos aparcamiento’… ¿Qué nos han hecho?”.

A lo largo de nuestro crecimiento vamos perdiendo la curiosidad, las ganas de descubrir, la creatividad que llevamos implícita como seres humanos. Pero, ¿en qué momento para esto? Seguramente no hay un momento concreto. Más bien son muchos los factores que influyen en que, según van pasando los años, nos acomodemos en “lo que hay”, y más en tiempos de crisis. ¿Os resulta familiar?

La semana pasada estuve leyendo uno de los libros del retode Mónica Serendipia recomendado por Adella Brac titulado El elemento, de Ken Robinson, un sir inglés que dice, textualmente que las escuelas matan la creatividad.

La explicación más o menos es la siguiente: en pleno siglo XXI, con más de 6.000 millones de personas sobre la faz de la Tierra y una previsión de más de 9.000 para 2050, continuamos con un modelo educativo que tuvo su origen en la Revolución Industrial. La consecuencia de esto es que se instruye a la gente en unas determinadas materias que les prepara para exámenes estandarizados y se les evalúa en esos parámetros.

Sin embargo, en ninguno de estos casos se tiene en cuenta una de las cualidades más importantes del ser humano: la creatividad y, sin ella, será difícil sobrevivir en un mundo cada vez más lleno y con menores diferencias entre unos y otros. Además, hay otra cuestión crucial: la frustración de la persona misma.

El ensayo de sir Ken Robinson está repleto de casos, la mayor parte de ellos famosos, de gente a la que, por ser diferente en algún aspecto, el sistema educativo convencional los habría apartado de brillantes carreras como artistas.

Hay miles de ejemplos, como el de Gillian Lynne, bailarina y coreógrafa famosa por haber diseñado las coreografías de varios musicales como Cats y The Phantom of the Opera. Robinson cuenta que, cuando era niña, no podía estarse quieta en clase, por lo que, alertada por los profesores, la madre la llevó a un psicólogo. Y el diagnóstico fue: “apunte a su hija a baile”.

Cuando nos salimos un poco del patrón, tenemos algún miedo a algo o nos sentimos mayores para alcanzar un objetivo, quizá nos estemos alejando de nuestro elemento. Y en este punto llegamos a “eso” que sir Ken Robinson intenta que alcancemos con la lectura de este libro: “El Elemento es el punto de encuentro entre las aptitudes naturales y las inclinaciones personales […] Tiene dos características principales: capacidad y vocación; y dos condiciones: actitud y oportunidad”.

Para mí vendría a ser, coloquialmente, como aquello que te gusta tanto hacer que las horas te parecen minutos. Es algo que se te da especialmente bien pero que además te gusta, estás predispuesto a hacerlo y le pones tiempo. Hay un momento en el texto que alguien dice “me gustaría tocar tal instrumento como tú. Muy bien, pues tienes que invertir ocho horas al día. Uff, no sé si podría tantas horas. Pues entonces no te gusta tanto como crees”.

En el libro, sir Ken Robinson ofrece una serie de pistas gracias a las cuales todos podemos buscar nuestro elemento. El camino, desde luego, no es fácil. En no pocas ocasiones deberemos poner en marcha planes que se alejen de lo que estamos haciendo en este mismo momento, lo que puede darnos miedo, una de las principales razones por las que muchas personas no llegan a su elemento.

Sin embargo, los que llegan a él logran un estado de plenitud que no se encuentra de otra manera. Esto es lo que dice sir Ken Robinson, puesto que yo aún no he encontrado mi elemento aunque sé más o menos por dónde se encamina. Y vosotros, ¿habéis encontrado vuestro elemento? 

Aedh desea las vestiduras del cielo, de William B. Yeats

Si tuviera las vestiduras bordadas del cielo,
entretejidas de luz dorada y color plata,
las azules, las opacas, las oscuras
vestiduras de la noche y la luz y la penumbra,
tendería a tus pies las vestiduras:
pero, siendo pobre, sólo tengo mis sueños;
he tendido mis sueños a tus pies;
pisa suavemente, pues caminas sobre mis sueños.

lunes, 16 de enero de 2017

[6] Autores nipones, muerte y la búsqueda del sentido de la vida

La mayor parte de los libros de autores japoneses que he leído hasta el momento hablan de la muerte y, a la vez, de las cuestiones que más felices nos hacen en la vida como el amor, la familia y la amistad. ¿Paradójico o complementario?

Hoy, que es el tercer lunes del mes de enero y que se supone que es el día más triste del año o Blue Monday, me apetece hablar de ello. Llevo ya tiempo rondando que tenía que reunir en una sola entrada todo lo que los libros de autores nipones me han hecho rumiar y que he dejado desperdigado por el blog.

Empezaré por esta reflexión que escribí en la reseña de Kokoro, de Natsume Sōseki: “A pesar de que no hay nada que me pueda gustar más que una novela feel good, cuando abro un deprimente libro japonés sé que me va a gustar mucho. Lo achaco a las reflexiones sobre la vida y aspectos tan trascendentales como la amistad, la familia o el amor que acostumbran a hacer. Me encanta pensar sobre esas cosas; me chifla, lo reconozco”.

Y es que los personajes metafóricos de todas las novelas niponas que he leído hasta el momento son la tristeza, el sueño, el suicidio o la muerte. Las páginas de estos libros transcurren envueltas en un halo onírico y misterioso e incluso en ocasiones en estados de inconsciencia o fenómenos paranormales.

Recuerdo que hace unos años, para relajarme antes de dormir, estaba escuchando una grabación que alguien me pasó. Fui aflojando todos los músculos tal como me indicaba la locutora hasta que me quedé frita. O eso pensaba yo. El audio siguió y, en un determinado momento, a la mujer de detrás de mis auriculares se le ocurrió decir que dormirse es como una pequeña muerte diaria y mi cerebro dijo: ¿Cómo, qué? Y me desperté sobresaltada.

Tener una razón para levantarnos todas las mañanas


Anécdotas aparte, en estos libros aparentemente pesimistas, es una constante la búsqueda de la identidad y de la felicidad. Lejos de ser textos tristes o deprimentes, arrojan reflexiones para los que se quedan y apuestan por la vida, a pesar de las dificultades.  Son novelas escritas para los que creen en el amor, en la amistad y en la existencia en general.

Todo esto me quedó más claro si cabe cuando leí Los amigos, de Kazumi Yumoto, un libro que tiene por subtítulo: “Una novela sobre la muerte que defiende la alegría de vivir”. Lo que necesitamos es encontrar una buena razón para levantarnos todas las mañanas, como le pasó al abuelo moribundo de esta novela de Yumoto. El problema es que, a pesar de que las estadísticas indican que el bienestar actual es, con mucho, mejor que nunca, hay una fuerte deshumanización.

Y es esta palabra, deshumanización, una de las que mejor retrata el ambiente que se recrean en las novelas japonesas. Somos muchos, cada uno a nuestras cosas, y nos sentimos solos y perdidos. Eso le pasa a la protagonista de Estupor y temblores, de Amélie Nothomb, un relato espeluznante de cómo “trabaja” la sobre-jerarquizada sociedad japonesa.

Aprendiendo más acerca de la muerte


Por tanto, volviendo a la pregunta que me hacía al principio: entre la muerte y la búsqueda del sentido de la vida: ¿paradójico o complementario? Para mí, es totalmente complementario. No se puede entender la una sin la otra pero puede que una de las cuestiones en las que tengamos que trabajar es en aprender más acerca de la muerte, tratada como un tema tabú y oscuro. ¿Por qué no nos interesarnos más sobre ella? Porque da miedo. Sí, lo sé, a mí también, pero igual es por eso por lo que me produce una gran curiosidad y leo estas novelas de autores japoneses.

No puedo acabar sin recomendar algunos de los trabajos de Elisabeth Kübler-Ross, una psiquiatra que estudió casos de personas en coma que finalmente sobrevivieron y que hizo un amplio seguimiento de moribundos. Yo me estoy iniciando en el tema con ella. Aviso: sus conclusiones pueden chirriar, y mucho, con las creencias actuales que tenemos. Hay que adentrases en ellas con la mente abierta y, en la medida de lo posible, sin prejuicios. Luego cada uno que se quede con lo que más le convenga. Yo siempre lo hago así.