lunes, 22 de octubre de 2018

La librería, de Penelope Fitzgerald

Hace un tiempo, cuando se estrenó la película de Isabel Coixet (noviembre de 2017), hice intento de leer La librería, de Penelope Fitzgerald. Pero aquel, definitivamente, no fue su momento. Me encontraba en otro punto y me pareció un libro lento.

Sin embargo, este mes (un año después), coincidiendo con la iniciativa Leo Autoras Octubre, lo encontré de nuevo en la biblioteca y lo cogí prestado. Intuía que le había llegado el momento y que era una buena continuación al libro que había estado leyendo, Soñar bajo el agua, de Libby Page.

Y el resultado de esta lectura ha sido una mezcla de los dos párrafos anteriores. La librería es un libro lento, cotidiano y sencillo pero con la historia de una mujer fuerte y guerrera detrás, como lo eran Kate y Rosemary en la novela de Libby Page.

En esta ocasión, la protagonista se llama Florence Green, es viuda y vive de forma modesta en Hardborough (Inglaterra), un pueblo pequeño y poco desarrollado, con pocos servicios y comercios, motivo por el que Florence pensó que sería buena idea abrir una librería. Al fin y al cabo, de joven había trabajado en la librería Müller's y tenía experiencia en el sector.

A buena parte de los habitantes del lugar, esta iniciativa les parece una locura y otros son bastante reticentes debido sobre todo a que el lugar en el que se abrirá el negocio es una vieja casa en condiciones dudosas conocida como Old Hardborough. Florence se las tiene que ver con el banquero, con el abogado, con las reticencias de la todopoderosa señora Gamart, que tenía otros planes para Old Hardborough, con el pescadero e incluso con un rapper (fantasma) que habita la casa.

Pero también contará con la ayuda de uno de los vecinos más influyentes de Hardborough, el misterioso señor Brundish y de su aprendiz, Christine Gripping. La librería se convertirá durante un tiempo en un comercio de bien en el pueblo y su máximo esplendor llegará cuando Florence decide empezar a vender una novela que hasta el momento se había calificado de escandalosa o inmoral: Lolita, de Vladimir Nabokov (esta es, sin duda, mi parte favorita de la novela).

- ¿Qué? ¿Al final va a encargar Lolita?
- Todavía no lo he decidido. He pedido un ejemplar de lectura. Estoy un poco desconcertada por lo que han dicho de ella los periódicos americanos. Un crítico ha afirmado que su publicación era una mala noticia para el ramo y para los lectores, porque era aburrida, pretenciosa, de lenguaje florido y repulsiva. Pero por otro lado había un artículo de Graham Greene que decía que era una obra maestra.

A pesar de los éxitos, una serie de intereses pondrán en riesgo el negocio de Florence, que tendrá que vérselas con el banquero, con el abogado, con la señora Gamart, con el pescadero e incluso con el rapper.

La librería no es una novela que me haya encantado pero hay dos cosas que me han parecido de lo más interesantes. A una de ellas, ya he hecho referencia, la parte de Lolita, y la otra es el personaje de la protagonista, Florence Green. Es una mujer pequeña, menuda, de hábitos predecibles y muy modesta. Pero tiene coraje, fuerza, valor, perseverancia, lealtad a sus ideas, a la vez que tolerancia y respeto por los demás.

Florence tenía buen corazón, aunque eso sirve de bien poco cuando de lo que se trata es de sobrevivir

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que disfruten con historias de librerías y de libros. También para aquellos que busquen novelas con personajes fuertes, con gran sentido de la lealtad y amplias dosis de coraje, fuerza, valor y perseverancia. Recomendado también para los que sabemos que la vida no es justa, a pesar de.

Si te gusta este libro, también te gustará...


#LeoAutorasOct

Este mes de octubre continúo leyendo autoras. A Todos los veranos del mundo, de Mónica Gutiérrez, y a Soñar bajo el agua, de Libby Page, se La librería, de Penelope Fitzgerald, y, en breve, Eleanor Oliphant está perfectamente, de Gail Honeyman.


lunes, 15 de octubre de 2018

Soñar bajo el agua, de Libby Page

La novela que hoy os reseño la encontré a principios de verano haciendo una búsqueda sobre literatura feel good, que es uno de los cuatro pilares básicos de este blog. Y sí, podemos decir que Soñar bajo el agua, de Libby Page, es un libro feel good pero también me ha recordado mucho a Alguien, de Alice McDermott. Y ahora os explicaré por qué.

Rosemary es una anciana que vive en Brixton. Toda su historia está ligada a este barrio londinense y a su piscina: lleva frecuentándola desde que era una niña, incluso durante la guerra, y después sería uno de los escenarios más representativos de su vida de casada. Ahora, con 86 años, se levanta cada mañana para acudir a su cita puntual con las aguas frías y azules de su piscina hasta que un día el ayuntamiento decide que es hora de vender la piscina a un grupo inmobiliario para evitar las pérdidas que genera. Pero Paradise Living tiene otros planes para el barrio: construirá un complejo de edificios y una cancha de tenis en el lugar que ocupa en este momento la piscina.

Kate es una joven periodista del diario local Brixton Chronicle. Desde que se mudó al barrio hace dos años apenas tiene contacto con nadie y la persigue la sombra de sus ataques de pánico y la depresión. En el trabajo escribe en la sección de mascotas perdidas hasta que su jefe decide darle como encargo que escriba sobre el posible cierre de la piscina del barrio. Ella no lo sabe, pero conocer a Rosemary y al elenco de amigos de la anciana, va a dar un giro a su existencia.

Como en todas las novelas feel good, a los protagonistas les cambia la vida gracias en parte a un arranque de coraje y fuerza por un motivo que les mueve desde dentro. En el caso de Kate, ese motivo es ayudar a Rosemary a evitar el cierre de la piscina que tanto significa para ella y para los habitantes del barrio. Kate se involucra tanto en todo ello que acaba por hacer de esta causa la suya propia, al tiempo que descubre un  mundo que hasta ahora le era desconocido: el sentimiento de comunidad y de amistad en un barrio como Brixton.

¿Y por qué digo que Soñar bajo el agua me ha recordado a Alguien, de Alice McDermott? Pues porque, salvando las distancias del género, ambas son historias de gente corriente y de vida cotidiana. A los personajes de Soñar bajo el agua no les ocurren cosas trascendentales pero sí les pasa la vida alrededor de esa piscina. El frutero, los libreros, la anciana, la vecina, la compra, los estudios, el barrio,... Esos son los protagonistas diarios, para mí mucho más complicados de desarrollar que aquellas novelas en las que pasan grandes cosas. Porque, ¿cómo mantienes vivo el interés del lector? Pues a través de la empatía, de vernos reflejados.

Y, como ya dije en la reseña de Alguien, creo que en ese tipo de libros hay mucha belleza y un mensaje, sobre todo en la sociedad de escaparate en la que vivimos actualmente: todas las vidas son importantes porque ellas influirán en otras, y así sucesivamente.

Sí, este es un libro lento, que transcurre en su mayor parte en la cotidianeidad de gente que normalmente no es protagonista. Es una novela para leer cuando necesites ralentizar tus revoluciones, para no tener prisa y para valorar el día a día, la lentitud y la amistad. También es una novela que reflexiona sobre la soledad en una sociedad afiliada a la prisa y a la imagen externa, y sobre la depresión y la ansiedad.

El florista es un hombre mayor que lleva un delantal de color verde oscuro, luce una cadena de oro en el cuello y tiene las uña negras llenas de tierra. Haga frío o calor, vende "lo sientos" y "te quieros" a un precio razonable. Envueltos en papel marrón y sujetos a una cinta.

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que busquen paz y tranquilidad en su vida y la grandeza de las cosas cotidianas. También para aquellos que deseen encontrar el sentido de la amistad y del amor más puros. La soledad, la ansiedad y la depresión son temas latentes, por lo que también puede servir como terapia en estos casos.

Lee más sobre feel good



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#LeoAutorasOct

Este mes de octubre continúo leyendo autoras. A Todos los veranos del mundo, de Mónica Gutiérrez, y a Soñar bajo el agua, de Libby Page, se sumará La librería, de Penelope Fitzgerald, que reseñaré en breve.


miércoles, 3 de octubre de 2018

Todos los veranos del mundo, de Mónica Gutiérrez (Serendipia)

Hace tiempo que estoy prácticamente desaparecida del blog. Todo tiene su explicación y ya os lo avanzaba en una entrada de hace justo un año. En aquel momento dudaba de si había dejado de conectar con la lectura o si, simplemente, mi crisis lectora estaba más relacionada con el cansancio que acumulaba.

Ahora ya tengo mi respuesta y no tengo mejor modo de celebrarla que volviendo al blog con una nueva reseña de un libro de mi género favorito, el feel good. Pero es que, además, este no es un libro feel good cualquiera. No. Para nada. Es lo nuevo de Mónica Gutiérrez (Serendipia), Todos los veranos del mundo. Un par de entradas más abajo, solo separados por El libro de los Baltimore, de Joël Dicker, podéis leer la reseña de su libro anterior, La librería del señor Livingstone.

Helena es abogada y trabaja para uno de los bufetes más importantes de Barcelona. A finales de verano, unas semanas antes de su boda, se reúne con su familia en el pueblo de su infancia para descansar y hacer los preparativos para la gran fecha. Lo que Helena no sabe en ese momento es que, durante esos días, sucederán cosas que le harán desprenderse de su caparazón y ver la vida desde otro punto de vista: aprenderá a entender a su madre, se reconciliará con su hermana Silvia, se refugiará en su hermano Xavier, conocerá a un librero sabio con acento inglés y cara de ratón y se reencontrará con su viejo amigo de la infancia, Marc Saugrés.

El carácter de Helena va mudando conforme pasan los días en ese pueblo del Pirineo catalán donde el tiempo pasa de otra manera y los problemas se relativizan e incluso desaparecen. El mal humor y los resentimientos van dejando espacio a una Helena que viste calcetines de colores, relajada, tranquila y en paz que, progresivamente, va descubriendo quién es y lo que quiere.

Y es en ese punto, más o menos a la mitad del libro, que aparece el personaje femenino que tanto me gusta de las novelas de Mónica Serendipia. Ese hada vulnerable pero fuerte, indecisa pero segura, que tiene el valor de cambiar el rumbo de su vida para ser fiel a lo que realmente es.

Vuelven a aparecer en este libro esos elementos característicos de la novela feel good con los que tanto disfruto: un pueblo que huele a galletas de vainilla; un bar donde se comen las mejores aceitunas del mundo; un jardín que huele a jazmines decorado con luces navideñas; y una librería en la que podría quedarme a vivir.

También están las numerosas referencias a libros y autores tan propios de las novelas de Mónica, por las que puedes navegar hasta perderte; y esos negocios con encanto que a todos nos gustaría regentar. Siempre es un placer volver a soñar despierta con este tipo de novelas, recuperar la paz y el sentido de tu vida.

[…] Quiero dejar de ser tantas cosas a la vez para convertirme solo en una: una mujer con un libro abierto entre las manos, solo eso, ¡eso es lo que quiero!

Otras reseñas de los libros de Mónica Gutiérrez

Entrevistas y colaboraciones

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#LeoAutorasOct


En octubre de 2016, se popularizó en las redes sociales la iniciativa "Leo Autoras Octubre" para visibilizar la labor de autoras de todo tipo. De nuevo este 2018, la propuesta se ha retomado y quiero hacer mi contribución con esta lectura de Mónica Serendipia y con las que tienen que venir este mes. Ya estoy leyendo Soñar bajo el agua, de Libby Page y dentro de unos días tendréis también la reseña.


lunes, 30 de julio de 2018

El libro de los Baltimore, de Joël Dicker

La lista de lecturas de mi blog pocas veces incluye títulos que traten temas de misterio, intriga, novela negra o thrillers. Pero en verano suelo hacer excepciones. Justo hace cuatro veranos, en 2014, leí el libro del momento, La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker, y disfruté mucho. Además, lo asocio a mi primer viaje a París y a un verano que no podré olvidar.

Así que este año, a la nostalgia por aquel verano de 2014, se han sumado las recomendaciones de unas compañeras a El libro de los Baltimore, y he vuelto a leer a este autor. Y el resultado ha sido muy satisfactorio.

Marcus Goldman es un escritor de éxito que decide trasladarse a Miami para escribir su próxima novela. En pleno proceso creativo se reencuentra, por casualidad, con una vieja amiga, Alexandra Neville. 

Esta coincidencia removerá de nuevo la triste historia de la familia del tío de Marcus, la historia de los Goldman de Baltimore, prósperos, ricos y prometedores, que quedó empañada por el Drama, ocurrido ocho años antes.

Para descubrir el Drama, el autor nos detalla la vida de las dos ramas de la familia Goldman, la de los Baltimore (a la que pertenecen su tío Saúl, tía Anita y sus primos Hillel y Woody) y la de los Montclair, mucho más modesta, (que es la de Marcus y sus padres). El entramado familiar se va desmadejando a lo largo del libro: hay riñas, envidias, orgullo y dinero de por medio, como no podía ser de otra manera. Pero también hay vacaciones inolvidables, mucho amor,... y un final que nadie se espera en las primeras páginas.

El libro de los Baltimore es entretenido, no pesa, se lee ligero y es una estupenda recomendación para el verano. Joël Dicker vuelve a entregarse a esa intriga suave, que mantiene en suspenso, y que genera esas ganas de lectura.

Si te interesa este libro, también te gustará...


Mystic river, de Denis Lehane
Vestido de novia, de Pierre Lemaitre


miércoles, 31 de enero de 2018

La librería del señor Livingstone, de Mónica Serendipia

El feel good vuelve de nuevo a este blog. Si en el post anterior os decía que ponía punto y final a mi año lector 2017 con Tu año perfecto, de Charlotte Lucas, ahora os vengo a contar que no podía haber empezado mejor 2018 que con La librería del señor Livingstone, de Mónica Gutiérrez.

Leer este libro es entrar en el inconfundible mundo de Mónica Serendipia (como se conoce a la autora en la blogosfera literaria): protagonistas acorazadas que deshacen la madeja con pasos de bailarina; personajes secundarios que lo inundan todo; la parte más cálida del otoño, del invierno y del frío; una historia de amor y de amistad entre personas muy dispares; un toque de misterio; y entornos idílicos, algo melancólicos y muy bellos que recogen y transmiten paz.

Agnes Marti es una arqueóloga catalana en paro que decide trasladarse a Londres con el fin de encontrar ese trabajo que tanto desea. Su misión no le resultará fácil pero el camino la llevará por azar (y también un poco por su escaso sentido de la orientación) hasta la librería del señor Livingstone, un viejo librero gruñón adorable que busca un ayudante de librería de cuento.

Para los enamorados de la literatura, de los libros y de las librerías, esta novela es un paraíso. Contiene multitud de referencias a novelas y guiños a escritores en cada una de sus páginas. Además, como en todas las novelas de Mónica, los lugares se convierten en protagonistas y la librería de dos plantas con una cúpula desde la que ver las estrellas en el segundo piso es de ensueño.

Y, a pesar de que este trabajo es algo transitorio para Agnes, el ambiente y cada uno de los peculiares personajes la envuelven y la hacen sentir como en casa, y el hada de los pies descalzos se convierte rápidamente en el ojito derecho del señor Livingstone.

En este libro de Mónica Serendipia también hay un toque de misterio, que es el que introduce el amor y serán el amor y la librería quienes removerán los cimientos de Agnes Marti, una arqueóloga que viajó a Londres para buscar otra cosa bien distinta.

Sin embargo, para los que se relajan y confían en la vida, hay mucho más allá para ellos. Y no podría ser de otra manera para Agnes Marti.

Puedes leer también las reseñas de otros libros que he leído de Mónica Gutiérrez: El noviembre de Kate y Un hotel en ninguna parte.