martes, 30 de diciembre de 2014

La familia Fang, de Kevin Wilson

Ahora que tenemos encima  las Navidades y que nos juntamos con nuestras respectivas familias sufrimos más de cerca las rarezas de cada uno de sus miembros. Y, seguramente, amigos míos, no os falte razón. Nunca falta el tío bromista, el que bebe una copita de más o el tragón de turno.

Pero si pensáis que vuestras faimilias son raras es que aún no habéis leído el libro de Kevin Wilson, La familia Fang. La unidad familiar de los Fang (colmillo en inglés) está compuesta por Caleb y Camile, los padres, Niña A (Annie) y Niño B (Buster).

Caleb y Camille son dos artistas obsesionados con el arte vivo, las conocidas como perfomances (aunque es más exacto el término happening).  Crean arte provocando situaciones que suscitan reacciones extremas en la gente  que tienen a su alrededor, sin que estos sospechen que aquello que están presenciando es una representación llevada al extremo en un lugar y momento inadecuados  con el único fin de medir sus comportamientos.

Al nacer sus hijos, los Fang encuentran un filón en ellos para llevar su arte a otro extremo. Así que si crees en lo malos que fueron tus padres aquella vez que te castigaron sin razón alguna, deberías leer lo que Caleb y Camille Fan les hacen pasar a Niña A y Niña B.

Tanto es así que cuando se hacen mayores y se independizan, Annie y Buster son dos adultos con muy pocos recursos. En un momento dado tocan fondo y se ven obligados a volver a casa. Como no quieren formar parte de nuevo de los numeritos de sus padres se meten en su propio mundo pero justo unos días después Caleb y Camille desaparecen sin dejar rastro.

Confusos, Annie y Buster se transforman en detectives para descubrir si este nuevo episodio es una performance o algo real.

[...] —Somos vuestros hijos.
—Eso no significa nada.
—Cariño, eso no es verdad—dijo Camille.
—Bien, de acuerdo—reconoció Caleb, recuperando la compostura—. Significa algo, pero no tanto como el arte.

Lo último en performance: flashmobs


Por lo que he podido averiguar, la historia de las performaces se remonta a principios del siglo XX, cuando se comenzaron a desarrollar acciones en vivo de movimientos artísticos como el dadaísmo (en concreto, el dadaísmo cuestiona la existencia del arte y otras disciplinas). Por su parte, los happenings, tienen su origen en los años 50 y la diferencia con las performance es la capacidad de improvisación.

La última expresión de este tipo de arte es el conocido como flashmob, tan de moda actualmente gracias a Internet y a las redes sociales. Si buscáis en Google hay miles de ellas. Os dejo el vídeo de una que se representó en el Metro de Madrid.


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