martes, 16 de diciembre de 2014

Las ventajas de ser un marginado, Stephen Chbosky

La verdad es que no soy muy dada a leer novelas protagonizadas por adolescentes. Me siento poco identificada con ellos porque creo que los caracteres que se les otorga están en cierta medida bastante alejados de la realidad de un adolescente tipo. Sin embargo, este año (es lo bonito de pertenecer a un club de lectura) he leído más de un libro de esta clase.

Por ejemplo, he lidiado con Holden, de El guardián entre el centeno, y con los adolescentes de la Nada de Janne Teller, especialmente con Pierre Anthon. Así que cuando se decidió por unanimidad en el Club de Lectura de Parla Este leer Las ventajas de ser un marginado, de Stephen Chbosky, pensé que me enfrentaría a otro rollo adolescente raro.

Y la verdad es que así fue. La novela es diferente en la forma y en el contenido. Pero con un matiz. Charlie, el protagonista, es totalmente adorable aun teniendo sus paranoias que, como cualquier adolescente, las tiene (y gordas).

Lo que realmente diferencia a Charlie de los otros adolescentes es que es un chico con una personalidad muy poco formada. Él es bueno por naturaleza y extraordinariamente inteligente pero tiene dificultades para darse a conocer tal cual es, principalmente, porque ni él mismo lo sabe.

Y esta indefinición con 15-16 años me concuerda más con la personalidad de una persona de esa edad en la que aún se están formando el cuerpo pero también los gustos y las aficiones a base de prueba-error. Una de las cosas que más me llamó la atención de Holden es que tuviera tan forjado su carácter y se conociera tanto y, por supuesto, de Pierre Anthon, que estuviera tan seguro de que el mundo no tenía significado.

Charlie, en cambio, va descubriéndose a sí mismo durante su primer año de instituto. Sus mejores amigos, Sam y Patrick, la relación con su hermana y con su profesor de literatura, Bill, van poco a poco sacando lo mejor de él. Afronta situaciones como el alcohol, el sexo o las drogas, con curiosidad y con las ganas de formar parte del grupo típicas de los adolescentes.

El personaje de Charlie sufre una transformación profunda en el transcurso de la novela. Desde el inicio, que coincide con el comienzo de las clases de instituto marcado por el suicidio de su mejor amigo, hasta el decisivo final que por supuesto no voy a descubrir, tranquilos, la evolución del personaje es excelente.

La forma en que está escrito el libro es fundamental para entender el contenido. Charlie escribe en forma de cartas a un amigo anónimo durante todo un año, desde el comienzo de un curso escolar hasta el final. Nos habla directamente a nosotros. El amigo anónimo eres tú, lector, y notarás cómo enseguida conectas con él. Es un libro repleto de frases para pensar pero nada enrevesadas en plan soy un crack, sino más bien se trata de reflexiones sinceras sobre las preguntas que surgen de la vida de repente empiezas a formar tu propio mundo.
–¿Siempre piensas tanto, Charlie?
–¿Es malo? – solo quería que alguien me dijera la verdad.
– No necesariamente. Es que a veces la gente utiliza el pensamiento para no implicarse en la vida.
– ¿Eso es malo?
– Sí.

Wallflower

Al escribir la reseña intenté sin éxito filosofar un poco acerca del título. No logré encasillar a Charlie como un marginado. Es verdad que es un chico algo raro pero con habilidad suficiente para hacer amigos e integrarse en un grupo. Así que busqué el título original del libro, que se publicó en inglés por primera vez en el año 1999: The Perks of Being a Wallflower. He estado buscando en varios diccionarios y definen wallflower, además de la acepción de alhelí, como persona tímida.

Casi incluso me pareció más acertada la traducción para el título en español de Latinoamérica, Las ventajas de ser invisible, aunque sinceramente creo que ninguno de ellos define al 100% al Charlie que después descubrimos en el libro.


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