lunes, 21 de diciembre de 2015

Mystic river, de Dennis Lehane

Cuando elegimos Mystic river, de Dennis Lehane, en el Club de Lectura de Parla Este no me convenció demasiado. De hecho, antepuse unos cuantos libros pendientes y lo empecé a leer tan solo diez días antes de la reunión. Cuando lo comencé, sentí que me pasaba lo mismo que con El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald: la traducción. No me sentía cómoda leyéndolo, a pesar de que la historia en sí tenía ese algo. Pero fui pasando las páginas y esa sensación desapareció.

Sean, Jimmy y Dave son tres niños amigos que vivieron una experiencia que marcaría sus vidas para siempre: jugando un día cualquiera en la calle, unos desconocidos hicieron subir a Dave, en presencia de los otros dos, a un coche, y después desaparecería durante días. Lo que le pasó a Dave nadie lo sabe pero todo el mundo lo imagina. Desde entonces, los tres niños crecen en circunstancias muy distintas y por caminos diferentes aunque su destino parece unido.

Dos décadas después, Kate, una de las hijas de Jimmy, aparece muerta cerca de un parque de la zona en la que viven. La noche del supuesto asesinato, Dave llega tarde a casa tarde, embadurnado de sangre y con una coartada que no acaba de convencer a su mujer. Por su parte, Sean, tras varios años sin contacto con sus amigos de la infancia, será el encargado de resolver el asesinato de Kate.

A partir de entonces se abre una investigación en la que todo apunta a que Dave es el sospechoso principal y de la que hay que estar muy atento a los detalles porque son fundamentales en la resolución del caso. Entre medias, se descubren las rencillas de un barrio marginado en el que hay demasiadas heridas cerradas a la fuerza y en el que las traiciones se pagan con sangre.

En mi opinión, Mystic river es otra novela negra. Lo que más me gusta de ella es la descripción de cómo es la vida en un barrio marginal, cómo evoluciona su gente y cómo se forman sus vidas tras esas “mafias” en este tipo de suburbios. Solo me gustaría destacar un párrafo con una reflexión de Jimmy tras enterarse de la muerte de su hija:

Una vez me contaron que la madre de Hitler estuvo a punto de abortar, pero que cambió de opinión en el último momento. También me contaron que él se marchó de Viena porque no podía vender sus cuadros. Ya ves, Sean, si hubiera vendido un cuadro o su madre hubiera abortado, el mundo sería un lugar muy diferente, ¿comprendes? O, por ejemplo, digamos que pierdes el autobús por la mañana y, mientras tomas la segunda taza de café, te compras un boleto de rasca y gana, que va y sale premiado. De repente, ya no tienes que coger el autobús. Puedes ir al trabajo en un Lincoln. Pero tienes un accidente de coche y te mueres. Y todo eso porque un día perdiste el autobús

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