lunes, 25 de enero de 2016

Alguien, de Alice McDermott

En la newsletter del viernes pasado, ya os conté que estaba terminando Alguien, de Alice McDermott, y reflexionaba sobre si una persona a la que no le pasan cosas extraordinarias en la vida puede ser la protagonista de una novela. ¿Es posible hablar de las cosas cotidianas y despertar interés en el lector? A mí, desde luego, me parece que sí.

La protagonista de la novela de McDermott se llama Marie y es una chica de raíces irlandesas que vive con sus padres y su hermano mayor en Brooklyn. El relato, contado en primera persona, lo hace Marie de anciana. Y, si habéis escuchado a una persona mayor hablar de su historia, os podéis hacer a la idea de que las cosas que cuenta son aquellas que le marcaron la existencia. Ningún asunto de Estado, de acuerdo, pero siempre cosas que nos definen como personas y gracias a las cuales podemos comprendernos en nuestro estado actual.

Marie era una niña despierta, curiosa y rebelde. La vida humilde y corriente del barrio de Brooklyn en el que vive y sus gentes se adueñan de su día a día, de sus pensamientos, de sus reflexiones, de su forma de afrontar la vida. A lo largo del libro somos testigos de su evolución y nos daremos cuenta de lo mucho que influyen los años de infancia y juventud en la Marie adulta y después anciana.

En este libro vamos a conocer a muchos personajes más: al hermano de Marie, Gabe; a su madre; a algunos de sus vecinos: Pegeen Chehab, Bill Corrigan,…; a su jefe, el señor Fagin; a su marido, Tom; a sus hijos… Todos ellos conforman en cierta manera la forma de ver la vida de Marie y a todos ellos debemos las reflexiones de la Marie anciana en la última etapa de su vida, marcada por su ceguera.

En una vida tan sencilla como la que se retrata en esta novela, en la que los personajes son partícipes de grandes cosas sin ser ellos mismos los principales protagonistas, se habla de cosas tan trascendentales como la fe, la espiritualidad, la guerra, la muerte, las amistades, las relaciones de pareja, los hijos,… Y de sentimientos íntimos, muy íntimos, como los tuyos y los míos.

Después de todo esto, ¿qué me decís? ¿hay belleza en las cosas cotidianas? Para mí hay mucha belleza y hay un mensaje, sobre todo en la sociedad de escaparate en la que vivimos actualmente: todas las vidas son importantes porque ellas influirán en otras, y así sucesivamente.

“Vi cómo mi madre volvía a meter las manos en el agua, buscando algún cubierto perdido, con aquella pícara sonrisa suya ante la deliciosa singularidad de aquella historia. Después quitó el tapón del fregadero y yo cerré los ojos y me tapé los oídos con los dedos para no oír aquel ruido terrible. Cuando los retiré y abrí los ojos, mi madre estaba limpiando la encimera”.

Narrar vidas cotidianas no es sencillo


Se dice de Alice McDermott que es la Alice Munro de la novela de lo cotidiano (mientras que Munro describe la cotidianidad en pequeños relatos, McDermott lo hace mediante la novela). De todas maneras, he tenido la oportunidad de leer a ambas y otra diferencia que noto es que la literatura de McDermott es más tangible, más cercana. En realidad no sé el por qué y probablemente tenga que leer más de cada una de ellas, pero hacer una historia sobre vidas sencillas no es algo fácil y por ahora me ha gustado más el acercamiento a McDermott. De todas formas, os dejo enlace a la reseña que hice cuando leí Las lunas de Júpiter, de Alice Munro, y os invito a leer el libro para poder comentar.

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