jueves, 19 de mayo de 2016

Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes

¿Habéis deseado alguna vez ser los únicos que habéis leído algo y no querer compartirlo con otros? Cada vez que tengo esa sensación sé que el texto en cuestión está tocando fibra. Y no penséis que es egoísmo (aunque puede que un poco sí); es que no me hago a la idea de que algo tan íntimo pueda ser de dominio público.

No me pasa con muchos, pero en los últimos tiempos he tenido la necesidad de no contarle a nadie nada de lo que estaba leyendo en más de un par de ocasiones. Este sentimiento me lo ha provocado por última vez, otra vez, Miguel Delibes con una obra suya poco conocida como es Señora de rojo sobre fondo gris.

Aunque parece el título de un cuadro cubista, esta novela se desarrolla principalmente a finales de los años 70 cuando Ana, la mujer de un exitoso pintor español de la época, muere de forma prematura. La historia es otra de muchas en las que la mujer interpreta un papel secundario desde el protagonismo más absoluto.

Ana es un torbellino, como lo son todas aquellas mujeres que constituyen el pilar sobre el que se asienta una familia: es inteligente, sensible, tiene ese tipo de personalidad arrolladora que  encandila y, además, es madre, abuela, esposa, amiga y la relaciones públicas de los negocios de su marido.
Es todo esto y muchas cosas más hasta que una enfermedad la obliga a parar, y es en ese momento cuando comienzan a tambalearse los cimientos de todos los que la rodean y, especialmente, los de su marido.

“Una voz misteriosa me soplaba la lección entonces y yo atribuía a los ángeles, pero ahora advertía que no eran los ángeles sino ella; su fe me fecundaba porque la energía creadora era de alguna manera transmisible ¿De quién me compadecía entonces, de ella o de mí?”

Esta novela corta, pero lo suficientemente extensa como para transmitir más que algunas de 1.000 páginas, habla del amor pero no del amor romántico, perfecto y con final feliz que nos intentan colar por todos lados. No. Habla del amor cotidiano y sencillo mezclado con las cosas de la vida. Habla de una relación forjada entre los hijos, el trabajo,  la familia, el día a día, las personalidades, la enfermedad, la incondicionalidad y la muerte.

Y, después de todo esto, relata el dolor desnudo y cruel que deja la pérdida. Y lo hace a través de un monólogo de un padre a su hija escrito de manera impecable. Muy Delibes.

De nuevo me ha vuelto a encandilar un libro de vida, íntimo y personal. No he podido evitar actuar como si fuera la destinataria de esa carta, la hija del pintor. Es tan difícil no leer a Delibes y reconocer ciertas cosas... Si fuera coherente os diría que no leáis este libro, que solo va dirigido a mí. Pero, haced el favor y leedlo. Descubrir a este escritor más allá de El Camino es una delicia.

"Nos bastaba mirarnos y sabernos. Nada importaba los silencios, el tedio de las primeras horas de la tarde. Estábamos juntos, era suficiente. Cuando ella se fue, todavía lo vi más claro: aquellas sobremesas sin palabra, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida, eran sencillamente la felicidad"

Ángeles de Castro, el álter ego de Ana en la realidad


En Señora de rojo sobre fondo gris, Miguel Delibes cuenta de forma velada su propia historia de amor. Salvando las distancias, puesto que el protagonista de la obra, Nicolás, es pintor, en la novela está presente el amor de toda una vida, una gran familia, una influencia enorme de la esposa, una enfermedad y una muerte prematura.

Lo mismo representó Ángeles de Castro para Delibes: su amor de vida, con quien formaría una gran familia, y un apoyo incondicional a lo largo de su recorrido común. Ángeles de Castro murió de forma prematura en el año 1974, y el vacío que muestra Nicolás es el mismo que Delibes pudo por fin plasmar en esta obra, que vio la luz en el año 1991, 17 años después del fallecimiento de su esposa.

2 comentarios:

  1. Vengo porque te he leído recomendar este libro en el Reto Serendipia 2017.

    Cómo te entiendo cuando dices que hay libros que te da pena compartirlos porque son un poco tuyos.

    Con este también me pasa a mí, ¡cómo lloré! Madre mía, tengo el recuerdo de no ver ni las letras mientras lo leía.



    Te sigo desde ahora, y te invito a que me visites en mi rincón La palabra pronunciada. Soy Inés

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    1. ¡Hola Inés!

      Ya te sigo en tu blog, ¡veo que eres profe! Yo siempre he querido ser profe pero la vida me ha llevado por el momento por otros caminos, aunque nunca se sabe.

      Este libro de Delibes me llegó directo al corazón. Me encantó, me emocioné y lo sentí muy mío.

      Gracias por quedarte por aquí. ¡Nos leemos!

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