martes, 27 de septiembre de 2016

El noviembre de Kate, de Mónica Gutiérrez (Serendipia)

Si hay algo difícil en estos días que corren es encontrar a alguien o algo que realmente te haga sentir bien. Ya sabéis a lo que me refiero: alguien con quien charlar y que te escuche de verdad sin que la conversación sea un (mal)educado intercambio de egos; o alguna cosa material que valga más por cómo te hace sentir que por fanfarronear ante los demás.

Por eso, cuando leo que las novelas feel good son lecturas fáciles que lo único que intentan es entretenernos para pasar un rato agradable, me pregunto, ¿acaso lo que nos mueve no es nuestro bienestar? ¿No es esto lo más importante de todo? Probablemente sea así pero está claro que confundimos bienestar con “otras cosas más importantes” que normalmente tienen que ver más con el ego y la posesión.

Para mí, el género feel good es un regalo porque siento que humaniza el mundo rebelde en el que vivimos y recrea escenarios que confirman que aún se puede vivir de otra manera más romántica y naif, tal como descubre la protagonista de la última novela de Mónica Gutiérrez (Mónica Serendipia en la blogosfera literaria), El noviembre de Kate.

Kate, la chica del pelo esponjoso, las bufandas largas de colores y los zapatos de bruja buena; la chica sensible y soñadora que decide deshacerse progresivamente del caparazón que la envuelve para resguardarse de un jefe déspota, un trabajo mecánico, una familia que la ignora y un corazón dolorido que no le permite disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.

Sin embargo, los humanos no somos todopoderosos. Todavía hay ciertas cosas por encima de nuestro afán de controlarlo todo, como los fenómenos naturales. En esta novela, es una gran tormenta la que obliga a parar a Kate y a todos los protagonistas, un punto de inflexión para reflexionar, prácticamente incomunicados, acerca del futuro.

Gracias a este parón, las tramas principales del libro (por una parte, la de la nueva vida de Kate y el dilema de Don, el contrapunto de Kate) deshacen el nudo que les impedía avanzar y entregarse a la vida desde una perspectiva diferente.

Pero no solo el argumento de esta historia es bonito, lo son también los escenarios, una característica esencial de las novelas feel good: quiero sentarme en ese jardín selvático de Kate y comer croissants; quiero hacer pan de semillas de amapola en la casa de madera de Norman; quiero participar en un programa de radio en la buhardilla de un edificio entrañable; y quiero quedarme aislada del mundo en una casa con tres chimeneas.

Lo bueno de esta novela es que, además de todo lo anterior, resuelve una intrincada investigación policial en la que tanto Kate como Don van a jugar un papel fundamental. Como veis, ingredientes de todo tipo entre los que destaca, como no podía ser de otra manera, el optimismo y las ganas de cambiar el mundo desde el crecimiento personal de cada uno de nosotros.

Coleridge y Longfellow


Al principio de la novela, se incide en que los sitios en los que transcurre la acción son totalmente inventados por la autora. Los principales son Coleridge y Longfellow. Pero, ¡oh, sorpresa!, investigando un poquito por Internet he descubierto que tanto Coleridge como Longfellow son dos poetas, el primero inglés y el segundo americano, y ambos pertenecientes a la corriente del Romanticismo, un tema que está presente durante toda la novela: “De lo que sí estaba segura era de cómo abriría la sección de ese mismo viernes: iba a hablar sobre los conceptos equívocos actuales entre la palabra romántico y el romanticismo original”.

4 comentarios:

  1. Tengo muchas ganas de leer algo de Mónica. Tengo sus dos primeras novelas esperando en mi Kindle y quiero comprarme esta ¡ahora solo me falta encontrar tiempo!

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    1. Yo también tengo las otras dos pendientes pero no creo que tarde en hincarle el diente a alguna de ellas. De hecho, creo que empezaré con "Un hotel en ninguna parte".

      ¡Gracias por comentar!

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  2. Gracias por esta estupenda reseña, me ha ecantado eso de vivir de una manera más romántica y naif, me ha recordado a "Amelie" ¡ella era una chica muy feelgood! Y sí, el nombre de los dos lugares, aunque son ciudades ficticias, son un homenaje a dos grandes pioneros del romanticismo :-)) Un abrazo y mil gracias, me alegra mucho que te hayas sentido a gusto entre estas páginas.

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    1. Ha sido todo un placer meterme en la historia de esta novela que, desde luego, va a mi top 10 de 2016. ¡Gracias, Mónica!

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