martes, 22 de noviembre de 2016

Todas las familias son psicóticas, de Douglas Coupland

El pasado mes de octubre, en la última reunión del Club de Lectura Parla Este, escogimos dos libros para la siguiente quedada: La librería ambulante, de Christopher Morley, novela directa a mi top ten 2016 de la que os hablé hace unos días, y Todas las familias son psicóticas, de Douglas Coupland, de la que os vengo a hablar hoy.

Os puedo resumir mi opinión en cuatro palabras: dos elecciones, dos aciertos. Cada una en su estilo, eso sí. La librería ambulante me conquistó por lo que ya os comenté del libro sobre libros y la venta nómada mientras que con Todas las familias son psicóticas me he enamorado de los personajes y de la historia llevada al extremo que cuenta. Si pensáis que vuestra familia es peculiar (y más ahora que se acerca la Navidad), tenéis razón, pero, tenéis que leer las aventuras y desventuras de la familia Drummond para comprobar que donde lo hay malo lo hay peor.

Sarah Drummond es la mediana de los tres hijos de Janet y Ted Drummond. Padece secuelas por talidomida, un medicamento para las náuseas que le recetaron a su madre cuando estaba embarazada y que provocó que naciese sin una mano. El caso es que Sarah trabaja para la NASA y va a participar en un lanzamiento al espacio y, para la ocasión, ha querido reunir a toda su familia para que la acompañe.

La familia está compuesta por Ted y Janet, sus padres, divorciados desde hace unos años; Wade, el hermano mayor, junto a su mujer embarazada, Beth; Bryan, el hermano pequeño, y su novia también embarazada Shw; Nickie, la actual esposa de Ted, Nickie; y Howie, el marido de Sarah.

Hasta ahí, todo normal. Una familia corriente dentro de la sociedad occidental actualhasta que empezamos a profundizar en las entrañas de todo el entramado y descubrimos que Wade está enfermo de sida después de unos años de los que casi no quiere hablar; él mismo infectó a Janet y Nickie de esta manera: de vuelta a casa en un bar conoció a una rubia despampanante y se lio con ella. Después, fue a visitar a su padre, con el que tiene una relación horrorosa y, cuando este le va a presentar a su nueva mujer, Wade se da cuenta de que ¡es la misma rubia despampanante con la que se acaba de acostar!

A pesar de que sale por patas de la casa de su padre, este le persigue hasta la casa de Janet, donde Wade se ha refugiado. Ted dispara contra Wade y la bala que le roza acaba en el esternón de su madre, quien sobrevive al episodio pero se contagia de sida, al igual que Nickie después de su rollo con Wade. Y, por si os lo preguntáis, nadie denuncia a Ted.

Esto pasa tiempo antes de que todos se den cita en Orlando para apoyar a Sarah en su misión, aunque lo que pasa en el tiempo en que están aquí concentrados también supera con creces el surrealismo más absoluto. Primero, Wade, Ted y Bryan, en la bancarrota más absoluta, aprovechan que están en Orlando para hacer unos negocios un tanto irregulares con un antiguo amigo de Wade. A la vez, se desenmaraña una trama de presuntos traficantes de bebés en la que juegan un papel importante otros integrantes de la familia.

Entre todo este lío, los Drummond van limando asperezas y resolviendo situaciones enquistadas, eso sí, algunos con más atino que otros. Por ejemplo, una de las escenas magistrales del libro (por cierto que los diálogos en este libro son increíbles) se produce entre Janet y Ted. Con tan solo una conversación y tras haber reposado con tiempo lo que ha pasado a lo largo de sus vidas, son capaces de hablar de una manera lúcida (especialmente Janet) acerca de su relación. Me parece simplemente espléndido.

Todas las familias son psicóticas me ha recordado por unas cosas a La familia Fang, de Kevin Wilson y por otras a La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Tiene una parte de familia excéntrica llevada al extremo y otra de situaciones surrealistas que llegan a generar un sentimiento de compasión por cómo han gestionado esas personas su vida.

Capítulo aparte merece la madre, Janet, el centro de la familia y pilar fundamental, una mujer que cree que su vida no ha sido para tanto pero que demuestra con sus acciones continuamente la gran mujer que fue y que es. Es mi personaje favorito, sin duda alguna, y me recuerda a otro personaje con el que me emocioné sobre manera, Amalia, la protagonista de la novela de Alejandro Palomas, Una madre.

La conclusión: otro hallazgo directo a mi top 10 de este año.

¿Qué es la talidomida?


Sarah, la hija de Janet y Ted, nació sin una mano por efectos de la talidomida, un  fármaco sedante e hipnótico que se introdujo en el mercado mundial en 1957 (en España llegaría más tarde) para tratar la ansiedad, el insomnio y las náuseas y vómitos en mujeres embarazadas. El medicamento se distribuyó por Europa, Asia, África, además de Canadá, donde residía la familia Drummond. Unos dos años después del comienzo de la comercialización, se comenzaron a detectar malformaciones congénitas en niños.

En 1962, el pediatra alemán Widukind Lenz publicó un trabajo alertando de la posible relación entre la ingesta del fármaco durante los primeros meses de embarazo y las malformaciones en esos niños: nacían con graves malformaciones, sobre todo en los brazos y antebrazos.
El medicamento se retiró en 1962 (1963 en España) con un balance que el pediatra alemán estimaba en al menos unos 3.900 afectados a los que habría que sumar casi 2.000 víctimas mortales.
A pesar de todo, este fármaco se sigue utilizando con estrictos controles ya que se han identificado propiedades como sedante no barbitúrico, antiinflamatorio, etc. Se emplea para tratar, por ejemplo, síndrome de Behçet  y es un tratamiento útil contra la lepra.

Podéis ampliar la información en la fuente de donde he sacado la información, El Mundo.

1 comentario:

  1. Yo también disfruté mucho la novela. Los diálogos son geniales. saludos y gracias por la reseña.

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