miércoles, 11 de enero de 2017

Los amigos, de Kazumi Yumoto

En las últimas semanas del año 2016 estuve reflexionando acerca de la muerte. No es que esté obsesionada con el tema ni nada de eso, pero me genera curiosidad. Hace unos meses, en un programa de Iker Jiménez, escuché el testimonio de una mujer que estuvo en coma que decía que el momento al borde de la muerte había sido uno de los más felices que había experimentado.

Sí, yo también me quedé a cuadros y en estos meses he estado leyendo un poco más acerca del tema. En concreto, he estado echando un vistazo a la obra de Elisabeth Kübler-Ross, una psiquiatra que estudió casos de personas en coma que finalmente sobrevivieron y que hizo un amplio seguimiento de moribundos. Aun me queda por investigar y profundizar en sus estudios pero muchos de los testimonios de los que habla confirman esa sensación de paz y felicidad en los momentos previos a la muerte.

Y, con todo esto rondando por mi cabeza, recordé que tenía pendiente un libro que también trataba este tema pero desde la ficción y la perspectiva de unos niños de 12 años, y decidí que había llegado el momento de leerlo. La novela en cuestión se llama Los amigos, de Kazumi Yumoto.

Todo empieza el día en que Yamashita falta a clase porque su abuela ha fallecido y tiene que ir al funeral. A su vuelta al colegio, sus amigos, Kawabe y Kimaya, le interrogan acerca de lo que ha vivido porque sienten una gran curiosidad acerca de la muerte: ¿Qué se siente al morir? ¿Qué hay después de la muerte? ¿Existen los espíritus?

Todas esas preguntas se quedan en el aire hasta que los tres amigos deciden hacer un estudio de campo con un viejo de su barrio del que han oído que se está muriendo. Para llevar su investigación a cabo, Yamashita, Kawabe y Kimaya hacen guardia frente a la casa del viejo, como ellos lo llaman, para observarle. Los primeros días parece que el viejo no tiene mucha actividad: de vez en cuando sale a la compra, ve la tele y duerme. Hasta que un día, después de descubrir que los niños le expían, empieza a activarse: lava la ropa, hace la comida, recoge el jardín, limpia la casa,…

Progresivamente, casi sin darse cuenta, los tres amigos pasan a formar parte de la vida del hombre: le ayudan a sacar la basura, a arreglar la casa, a tender la colada,… hasta meriendan juntos y pasan muchos ratos charlando. Parece que el viejo no se va a morir, es más, desde que los niños forman parte de su vida, él ha rejuvenecido.

Los amigos, además de ser una historia que reflexiona sobre la muerte, es un libro que recapacita acerca de la soledad en la que viven los ancianos y también los niños, siempre a expensas de adultos que se pasan el día fuera de casa ocupados con el trabajo. Analiza el papel de los abuelos (aunque sean postizos, como en este caso), su amor por los nietos y la importancia de su experiencia vital con los niños.

Esta novela me recuerda a mi abuelo, que ya no está; a todo lo que significó para mí, a pesar de que llevo viviendo más años sin él que con él. A la autora le pasa lo mismo, y lo dice en el epílogo. Seguro que el resto de lectores puede sentirse también muy identificado con la historia. Yo, desde luego, la recomiendo, como recomiendo que el tándem abuelo-nieto sea un binomio esencial para todos los padres del mundo.

Para terminar, una reflexión acerca de lo que he venido comentando cada vez que he leído a un autor japonés. Cuando hablé de Kokoro, de Natsume Sōseki, decía que los libros de escritores nipones siempre tenían una serie de rasgos como la tristeza, el sueño, el suicidio, la muerte y, por lo general, poca visión optimista de la vida, todo ello envuelto en un halo onírico y misterioso.

Recuerdo que escribí: “Cuando abro un deprimente libro japonés sé que me va a gustar mucho. Lo achaco a las reflexiones sobre la vida y aspectos tan trascendentales como la amistad, la familia o el amor que acostumbran a hacer. Me encanta pensar sobre esas cosas; me chifla, lo reconozco”. Pues en Los amigos volvemos a tener todos esos ingredientes.

En realidad, el subtítulo de esta historia de Kazumi Yumoto es: “Una novela sobre la muerte que defiende la alegría de vivir”. Y es verdad que, en el fondo, hay una reflexión optimista pero los temas que os enumeraba antes siguen estando presentes, quizá de forma más ligera porque los protagonistas son niños.

Sea como sea, cada vez que leo a un autor japonés, es un pleno al quince. Me encanta reflexionar sobre cosas trascendentales y, con ellos, siempre encuentro buenas propuestas para continuar dándole vueltas a la cabeza.

Historias de nietos


Hace un tiempo, participé en un concurso de relato corto en el que tenía que escribir una historia libre de un máximo de 150 caracteres que hiciera referencia a uno de estos tres temas: “Parla”, “libro” o “globo sonda”. Finalmente escribí una historia sobre un abuelo adoptivo porque mi abuelo siempre ha sido una persona muy importante para mí y creo que todos los niños deberían tener la oportunidad de tener un abuelo y, si no, de adoptarlo. La historia decía así:
Publiqué el anuncio en busca de abuelo adoptivo el mismo día que mi amigo Pablo se marchó de vacaciones con su yayo Ramón. Yo, que no tenía abuelos, sentía cierta envidia cuando cada año, a la vuelta, me contaba sus historietas.
Por suerte, mi abuelito en adopción, Tonio, llegó poco después. Era científico y recorría el mundo con un globo sonda recabando información para un estudio sobre cambio climático. A mí me parecía ¡lo más! 
Como su ayudante, diariamente le preparaba el globo para el ascenso; después, de regreso a tierra, Tonio apuntaba los números en su “biblia” o libro de datos.
Una tarde, accidentalmente, quedé enganchado al globo y despegué con él. Durante unos minutos volé como un pájaro y me sentí enormemente feliz por tener una anécdota insuperable para Pablo quien, bien por falta de pruebas, bien por algo de pelusa, nunca terminó de creerlo.


2 comentarios:

  1. Interesante propuesta literaria sobre un tema poco habitual en la literatura (aunque en los últimos años se han publicado álbumes ilustrados o cuentos infantiles que abordan desde diferentes perspectivas la muerte de un ser querido), por lo que me apunto el título para leerlo en cuanto pueda y encuentro el momento.

    El año pasado, a raíz de un trabajo universitario, también tuve la oportunidad de leer una de las obras de esta psiquiatra, Kubler Ross, y me dejó con ganas de seguir investigando sobre la cuestión.
    Te recomiendo El niño ante la muerte, de Montse Esquerda y Anna M. Agustí, otra referencia bibliográfica sobre el tema del duelo infantil.

    Un saludo y gracias por compartir esta recomendación literaria!!

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    1. El libro que leí de Kübler-Ross se llama "La muerte: un amanecer". Lo cierto es que tiene reflexiones que jamás hemos escuchado en otros sitios y el planteamiento es muy diferente al que nos han inculcado culturalmente. Pero muchas de las cosas que dice están basadas en estudios y análisis de campo, con lo cual, yo me he quedado con ganas de saber más. Eso sí, hay que tener la mente flexible y abierta.

      Muchas gracias por tus recomendaciones y me alegro de que te haya gustado mi propuesta de "Los amigos".

      ¡Un abrazo!

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