viernes, 24 de febrero de 2017

[7] Lo que mis lecturas dicen de mí

Probablemente vosotros no lo sabréis pero cuando no leo o leo poco es porque algo me preocupa. Por ejemplo, el verano de 2015 sufrí un bajón existencial profundo y el resultado fue dos libros leídos en junio y julio, a pesar de que suelo leer cuatro de media al mes. El mismo descalabro se puede ver en febrero de 2016 o en julio de 2014. Cuando me pasan estas cosas, no puedo leer. No me concentro.

Indagar en mi lista de lecturas es como leer el futuro en las hojas de té que quedan en el fondo de una taza, pero al revés. Gracias a ellas puedo volver al pasado y recordar qué pensaba o qué me pasaba en determinado momento. Por ejemplo, a finales de 2016 y principios de 2017, leí mucho (y no solo libros) sobre la muerte. Y hubo una época en 2015 en la que el cuerpo solo me pedía literatura feel good. Va por rachas.

No concibo mi vida al margen de los libros que leo. Somos ellos y yo en un proceso de evolución continua. Ellos forman parte de lo que me ronda por la cabeza en ese momento y muchas veces son los responsables de que vengan otras.

Por lo general, aunque piense que un libro que encuentro lo he buscado yo, creo que en realidad es él quien me ha encontrado a mí. Habréis tenido esa sensación muchas veces: enredando por ahí ves algo que no está mal pero lo dejas pasar (si fuera importante para ti en ese momento, lo habrías apuntado, guardado en la lista de favoritos o tu cabeza no lo hubiera olvidado, sin más). Un tiempo después, eso mismo aparece como por arte de magia y ya te has enamorado.

Otros libros llegan sin esperarlo. De hecho, solo los hojeas por curiosidad y cuando despegas los ojos de las páginas es porque tu vejiga te reclama. Pero, ¿ha pasado ya una hora? Sí, aunque te hayan parecido cinco minutos.

Mi lista de lecturas también dice que leo lo que me da la gana. No hay un patrón. Lo mismo escojo a un autor más clásico que a alguien que no conoce ni perri. Hace tiempo que dejé de leer lo que los demás pensaban que era lo correcto. Hubo momentos en que incluso me avergonzaba de leer esto o aquello, pero eso era lo mismo que avergonzarme de la persona que era. Ya no. Escojo agradeciendo todas las posibilidades que tengo frente a mí pero siguiendo siempre mi intuición.

Lo que no me convence en las primeras páginas lo dejo y pruebo con algo que conecte más conmigo en este momento. Quizá el turno de ese libro llegue dentro de un tiempo o quizá ya se le pasó o incluso no llegue nunca.

#Leyendo


El ejemplo más reciente de cómo mis lecturas me definen es este mismo texto. Llevaba mucho tiempo pensando en escribir algo así pero mi parte más racional me decía que me encontraba en una época de secano en cuanto a escritura. Sin embargo, las primeras páginas de El gozo de escribir, de Natalie Goldberg, me han animado a hacer una escritura automática de lo que me rondaba en esta cabeza que tengo. Y ha salido esto.

Mi lista de lecturas es lo que siento en cada momento de mi vida. Variable como yo. Curiosa. Cambiante. Pluma.

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