jueves, 23 de febrero de 2017

Coraline, de Neil Gaiman

Mil veces os he contado que la literatura juvenil no es mi fuerte. Si a eso le sumo un libro  con ciertos toques de fantasía, casi que paso a otra cosa. Pero me estoy sorprendiendo a mí misma. En los últimos dos años he leído bastantes novelas en las que un niño o adolescente es su protagonista y, aunque han sido menos, también he leído ciertas cosas fantásticas, como Un monstruo viene a verme, de Patrick Ness.

En esta ocasión, he dedicado mi tiempo de lectura a un autor del que algunos de mis compañeros del Club de Lectura son fan de póster y se sorprendieron de que no lo conociera. ¡No has leído a Neil Gaiman! Pues no, hasta hace unos días que me puse con Coraline, una de sus novelas más conocidas, encuadradas dentro del género terror infantil/juvenil.

¿Cómo puede ser un libro para niños de terror? No es lo que imaginamos, no hay muerte y destrucción violenta, sino un relato sutil de algo misterioso con toques de inquietud, bien escrito también para los mayores.

Coraline es una novela cortita que cuenta la historia precisamente de Coraline, una niña súper despierta que se acaba de mudar con sus padres a una casa misteriosa y con vecinos un tanto extraños. Coraline se aburre como una ostra y decide explorar para ver qué encuentra. Sus padres le ponen algunos retos para que les deje trabajar tranquilos y se distrae hablando con los vecinos, pero para ella no es suficiente.

En una de sus excursiones, descubre que en el salón de la casa hay una puerta que abre con la llave más vieja de todo el manojo de llaves de la casa. Pero esa puerta está tapiada, hasta que vuelve de nuevo, la abre y se encuentra con un pasillo oscuro que la llevará a una casa paralela a la suya y con muchas similitudes. De hecho, allí también  viven unos padres que se parecen a los suyos.

En la casa que descubre Coraline, hay muchos juguetes, comida apetitosa y los otros padres siempre la prestan atención. Parece el sitio perfecto para vivir solo que hay un problema: esos padres no son sus padres y esas cosas no son las suyas. Sin embargo, ¿podrá escapar Coraline de esta realidad paralela?

Desde luego, este cuento de Neil Gaiman es fácil y entretenido de leer. Una de las cosas que, en mi opinión, está más conseguida es la forma en que se narra la historia. En otras reseñas os comenté que lo que me chirría de muchos de los libros protagonizados o destinados a niños es que la forma de hablar o las cosas que se cuentan es imposible que las sienta o que las piense un niño porque para sentir o pensar de cierta manera es necesario haberlo vivido antes.


Sin embargo, en Coraline, el vocabulario, la trama y las acciones, a pesar de la fantasía (o incluso gracias a ella) el resultado es una novela contada con la visión de un niño para los niños, no con la visión de un adulto para los niños (o adolescentes). 

La mamá perfecta

La lectura de Coraline me ha recordado a un vídeo que vi hace poco en el que unos niños hablan de algunas cosas de sus mamás que cambiarían. Sin embargo, cuando las meten en una máquina para obtener a la mamá perfecta y aparece otra diferente,... esto es lo que pasa.


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