lunes, 11 de febrero de 2019

[05/2019] Divas rebeldes, de Cristina Morató

Este 2019 me ha dado fuerte con las biografías. Empecé con Marie Curie, seguí con un precioso libro ilustrado sobre Frida Kahlo y acabo de terminar con Divas rebeldes, de Cristina Morató. Este libro reúne en sus páginas las vidas de siete mujeres que destacaron de alguna manera el pasado siglo XX: Maria Callas, Coco Chanel, Wallis Simpson, Eva Perón, Barbara Hutton, Audrey Hepburn y Jackie Kennedy.

Antes de esta lectura, no conocía en profundidad a ninguna de ellas. De muchas, tenía ciertas referencias. Para comenzar, sabía de Maria Callas que había sido una importante soprano, pero ignoraba que tenía orígenes griegos y que nunca llegó a casarse con el amor de su vida, Aristóteles Onassis. De Coco Chanel, evidentemente, conocía que fue una de las diseñadoras de moda más influyentes del siglo XX, pero nada sobre sus orígenes humildes. De Wallis Simpson y de Barbara Hutton apenas tenía información, y solo tras leer el libro supe que la primera podría haber sido la reina de Inglaterra y que la segunda fue una de las mujeres más ricas del mundo y que murió prácticamente arruinada. Por otro lado, sabía la influencia de Eva Perón sobre el pueblo argentino pero no conocía sus inicios como actriz hasta que conociera a Juan Domingo Perón.

Las otras dos mujeres las dejo para el final porque sus historias son las que más me han gustado. Audrey Hepburn fue una actriz muy conocida y aclamada por el público por películas como Vacaciones en Roma, Sabrina o Desayuno con diamantes, pero esa parte solo es la zona visible del iceberg. Audrey Hepburn fue una niña abandonada por su padre, que sufrió en su cuerpo las miserias de la Segunda Guerra Mundial y una bailarina frustrada. Su llegada a la gran pantalla fue un tanto casual, pero triunfó. Era una mujer equilibrada a la que la fama no se le subió a la cabeza y que tuvo claro su papel de madre. Buscó siempre el amor tradicional en torno a una familia y solo lo consiguió en su vejez. A pesar de todo, supo disfrutarlo. De ella me ha gustado mucho su equilibrio y sus tomas de decisiones.

El capítulo dedicado a Jackie Kennedy se me ha quedado corto. Empecé a leer sobre su vida con algunos prejuicios pero, ¡lo que sufrió esa primera dama! Era una mujer formada, culta y muy profesional (ejerció como periodista durante años). Sin embargo, se la conoció por ser la mujer de  John Fitzgerald Kennedy (y después de Aristóteles Onassis). La relación con el que fuera presidente de los EEUU estuvo marcada por la lejanía de él en momentos muy duros para ella y por las constantes amantes que él tenía. Pero Jackie le cuidó en su enfermedad, le dio dos hijos a pesar de sus fatales experiencias con la maternidad, le ayudó en su carrera a la Casa Blanca y le acompañó hasta el final.

Entre las siete mujeres hay rasgos en común que me han impresionado. Por ejemplo, el origen humilde de la mayoría (Maria Callas, Coco Chanel, Wallis Simpson, Eva Perón y Audrey Hepburn) y cómo lograron zigzaguear hasta conseguir ser lo que eran. Por otro lado, me impresionó lo dura que fue para ellas la maternidad y los abortos que sufrieron. Y, sobre todo, con lo que más he sufrido ha sido con esas relaciones tormentosas que las hicieron infelices en muchos momentos de sus vidas. Y no solo con sus parejas, también con sus padres.

Debido a esto último, he estado reflexionando sobre el concepto de amor líquido creado por el sociólogo polaco Zygmunt Baumant, mediante el que describe las relaciones interpersonales que se desarrollan en la posmodernidad, caracterizadas por la falta de solidez, calidez y por una tendencia a ser cada vez más fugaces, superficiales, etéreas y con menor compromiso. Y es que, de las biografías que he leído últimamente (todas de mujeres del siglo XX, excepto Marie Curie) he echado de menos el amor y el respeto por las parejas. Y no me refiero a un amor romántico y para toda la vida. No. Me refiero a parejas sanas, que se admiren, que se quieran y se respeten durante el tiempo que dure la relación. Me refiero a un amor de este otro tipo. ¿Puede que ya no existan más?

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que quieran iniciarse en las biografías y para quienes busquen inspiración en las historias de mujeres que cambiaron marcaron tendencia en el siglo XX. Para mí, las biografías sirven también para conocer y entender otras formas de vivir.

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miércoles, 6 de febrero de 2019

[11] Los 10 libros que más me han influido en los últimos años

Desde que abrí este blog a finales de 2014, las cosas me han cambiado mucho. Si me paro a pensarlo, solo son cuatro años de mis 35, pero en este tiempo he avanzado más que nunca en mi vida. Y no me refiero a importantes cuestiones terrenales, no; de esas ha habido más bien pocas. Me refiero a grandes cambios dentro de mí.

En los últimos años he vivido la ruptura del seno de mi familia, he tenido que reinventarme a mí misma, eliminar viejos patrones y encontrar nuevos, crecer con mi pareja, buscar un hueco propio en el que sentirme identificada y aceptarme tal como soy. Gracias a todas estas experiencias, la mayor parte de ellas en forma de palo emocional, creo que he logrado conocerme mejor y alinearme conmigo misma.

Desde luego, ha habido mucho trabajo interno, ayuda de seres queridos y sesiones de terapia, pero nunca lo hubiera conseguido sin los libros. Ellos me han dado refugio, respuestas, otras perspectivas, nuevas formas de ver la vida y amor incondicional. Son muchas las lecturas que me han ayudado en este recorrido pero sin esta selección de 10 no podría entenderme en la actualidad. En todas ellas queda reflejado al menos uno de los pilares imprescindibles sobre los que me sostengo: familia, amor, amistad, evolución, feel good, experiencias, viajes, periodismo, enseñanza, lectura, sostenibilidad  y vida sencilla.
  • Salvaje, de Cheryl Strayed. Este relato de un viaje salvaje y solitario por un camino inhóspito es de lo mejor que me ha pasado en los últimos tiempos. La fuerza de una mujer sola y perdida con ganas de encontrar el sentido a su vida me hace sentir el poder del ser humano frente a la adversidad y de que, a pesar del esfuerzo, el resultado final es muy grande.
  • Días de viaje, de Aniko Villalba. Gracias al blog de esta escritora y a sus libros, logré superar uno de los miedos que había ido arrastrando a lo largo de los años: el miedo a viajar. Ella me enseñó a ver los viajes desde una perspectiva diferente. Y no es que hiciera la mochila y saliera a ver mundo como si nada hubiera pasado. No. Pero empecé a dar pequeños pasos en firme, de esos que intuyes que va a salir algo muy bueno
  • Brooklyn Follies, de Paul Auster. Este libro me demostró, a través de la experiencia vital de sus personajes, que es posible (¡qué digo posible, es obligatorio!) poner vida a los años, aunque sea en la última etapa vital.
  • Una madre, de Alejandro Palomas. Hablando con el autor en la Feria del Libro de Madrid de 2016 le dije: "Es imposible escribir sobre los sentimientos que he leído en tu libro sin haberlos vivido antes". En Una madre sentí con la familia de Amalia como si fuera la mía y, de hecho, pude hacer catarsis y comprender muchas de las cosas que habían pasado en mi propia familia en el último año.
  • Los interesantes, de Meg Wolitzer. Adoro esta novela porque analiza la manera en la que te planteas tu propia vida cuando tienes 15 años y cómo esas expectativas van transformándose conforme avanzan los años. Es la evolución de la vida tal cual, sin azúcar añadido: no serás lo que tenían proyectado tus padres para ti; ni siquiera serás lo que tú habías proyectado para ti, sino que tu camino se irá escribiendo conforme avances y dependerá de muchos factores.
  • Todas las familias son psicóticas, de Douglas Coupland. Si pensáis que vuestra familia es peculiar, tenéis razón, pero tenéis que leer las aventuras y desventuras de la familia Drummond para comprobar que donde lo hay malo lo hay peor. Si tenéis problemas familiares, después de leer este libro, os parecerá que lo vuestro es un cuento de gatitos.
  • Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes. Cuando leí esta novela quería que solo fuese para mí y que nadie más la leyese. Habla del amor, pero no del amor romántico, perfecto y con final feliz que nos intentan colar por todos lados. No. Habla del amor cotidiano y sencillo mezclado con las cosas de la vida. Habla de una relación forjada entre los hijos, el trabajo,  la familia, el día a día, las personalidades, la enfermedad, la incondicionalidad y la muerte.
  • Historia de una maestra, de Josefina Aldecoa. Mi profesión frustrada es la de maestra. Una decisión precipitada me llevó a estudiar periodismo y lo de enseñar me ha quedado como una espinita en el corazón. Por eso este libro me llegó tan adentro. Muchos de los valores relacionados con la educación de los que se hablan en las páginas de Historia de una maestra, son los míos propios.
  • Sostiene Pereira, de Antonio Tabucci. Este libro es con el que empecé, de nuevo, una relación estable y madura con la lectura. Y surgió hablando con unas compañeras en el trabajo. Y fue el que marcó un nuevo hito en mi vida. Por eso le tengo tanto cariño. Además, habla del periodismo en un momento difícil de la historia de Portugal. Y yo soy periodista y, aunque a veces reniegue, sé que, en el fondo, la profesión la llevo dentro.
  • The year of less, de Cait Flanders. En los últimos dos años, la sostenibilidad y la vida sencilla son un must en mi formade vida: menos consumo, menos plástico, mejor alimientación, vida más sencilla y centrada en necesitar menos. He de decir que me encantan las historias de vida y que esta de Cait Flanders inspiró muchísimo. Y, además, cumple uno de mis principales objetivos de lectura: leer en inglés.

domingo, 20 de enero de 2019

[02/2019] Bajo el cielo de Dublín, de Maeve Binchy

Cuando abro un libro, rápidamente sé si me va a enganchar o no. Los principios, para mí, son importantes, porque si no me atraen lo suficiente, la experiencia puede acabar en fracaso. En el caso de Bajo el cielo de Dublín, de Maeve Binchy, la premisa de partida es atrapadora, a pesar de que, en sí, el libro al completo no parece muy prometedor.

Estela es una madre soltera con una historia delicada: le quedan pocas semanas para dar a luz y también para morir, lo que significa que tiene que buscar al padre de su hija para que se haga cargo de ella. Y resulta  que el padre es Noel, un joven perdido, alcohólico, con un trabajo que aborrece y un futuro gris. Cualquiera diría que no está preparado para criar a un bebé pero, ¿acaso es mejor dejar a la niña en manos de los servicios sociales?

Moira, la asistente social, diría que sí, que esa niña debería criarse con una buena familia, bien atendida, pero el entorno de Noel no está dispuesto a dejar que eso pase: sus padres, sus vecinos, sus amigos y, sobre todo, su prima, la recién llegada, Emily, van a conseguir no solo que Noel cuide de la pequeña Frankie, sino que cambie la perspectiva de su futuro por otro más prometedor.

De nuevo, como me pasó con Una semana en invierno, otro libro de la autora, esta novela se convierte en una obra coral, repleta de personajes que cooperan por el bien de la comunidad y que conforman una gran familia. También en esta novela, como en la anterior, Maeve Binchy reflexiona acerca del paso de los años y de cómo evoluciona la vida. Pero, sobre todo, te hace ser consciente de cómo puede cambiarte la vida en un momento y de que es posible sacarle el lado positivo a una situación que, en principio, parece desastrosa.

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que quieran buscarle otra lectura a un acontecimiento inesperado en sus vidas e incluso ponerla a su favor. También para aquellos que encuentren sentido en el apoyo de una comunidad de personas que cooperan por el bienestar común de todos.

Esta novela también está indicada para echar el freno y leer lento. Como otras novelas de la misma autora, estamos ante un libro dinámico en cuanto a personajes e historias pero lento en cuanto a la manera en que viven.

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domingo, 13 de enero de 2019

[01/2019] La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero

Una de las cosas que más me obsesiona en la vida es saber cómo viven o han vivido otras personas. En realidad, lo que me maravilla es ver la diversidad de posibilidades siendo en esencia, como somos, lo mismo. Pero hay tantas circunstancias, que las combinaciones resultan infinitas y el resultado somos cada uno de nosotros.

Bajo esta premisa y sin saber cómo, llegué a una reseña de La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero. Había una mezcla de palabras que juntas parecían imposibles: libro inclasificable, biografía de Marie Curie, muerte del ser amado, buena muerte, recuerdos personales de Rosa Montero, entre otras, que despertaron mi curiosidad por saber cómo se montaba todo aquello.

Así que el 1 de enero, con los propósitos de año nuevo muy recientes, empecé a leer. Y, a pesar de que algunas partes del libro, sobre todo interpretaciones de la autora, me parecieron un poco alejadas de mí, disfruté con algunas reflexiones, con el relato de la vida de Marie Curie, y con la historia del descubrimiento del radio.

Pero, sobre todo, me dejé llevar en los momentos en los que Rosa Montero habla del dolor de perder a tu compañero de vida y el duelo posterior. A pesar de que, como dice la escritora, este libro no va sobre la muerte, yo no he podido (o no he querido) dejarlo en un segundo plano. Intentar entender la muerte en varias de sus facetas es algo que tiene muy intrigado a mi curiosidad. 

El título del libro, en sí, me parece maravilloso: La ridícula idea de no volver a verte. ¿Cómo puede alguien si quiera imaginar que al día siguiente no podrá ver a su media langosta? No me lo imagino, no cabe en mi cabeza. Y justo es así como describe Marie Curie el momento en que le dicen que su marido ha fallecido:

Entro en el salón. Me dicen: "Ha muerto". ¿Acaso puede una comprender tales palabras? Pierre ha muerto, él, a quien sin embargo había visto marcharse por la mañana, él, a quien esperaba estrechar entre mis brazos esa tarde, ya solo lo volveré a ver muerto y se acabó, para siempre.

Pero después de este primer mazazo, viene el duelo, un duelo del que Rosa Montero dice que vivió como una enfermedad de la que creyó debía curarse cuanto antes después de la muerte de su marido, lo que fue un error. De hecho, ella dice que "la vida es tan tenaz, tan bella, tan poderosa, que incluso desde los primeros momentos de la pena te permite gozar de instantes de alegría [...] Pero, al mismo tiempo, la pena también sigue su curso. Y eso es lo que nuestra sociedad no maneja bien: enseguida escondemos o prohibimos tácitamente el sufrimiento".

Qué difícil es gestionar emociones, y más si se trata de uno de los momentos sin duda más duros del ser humano. Una forma de aliviar el sufrimiento está en lo que decía al principio de esta reseña, en observar de cuántas maneras diferentes vivimos este proceso. No hay más que echar un vistazo a la película de Disney, Coco, por ejemplo, para notar que los mexicanos sienten la muerte de otra manera.

De hecho, hace poco, a través de la cuenta de instagram de una periodista murciana, descubrí un nuevo modelo de negocio que está intentando dar un nuevo sentido a la forma en que se aborda la muerte de un ser querido a través de lápidas homenaje a la persona fallecida. Curioso, sin duda, todavía un poco tabú en nuestra sociedad pero, de alguna manera, proporciona alivio.

Para terminar, a pesar de que me ha quedado una reseña muy asociada a la muerte, he de decir que este libro es también un medio para conocer un poquito la historia de Marie Curie y de su familia, y de cómo consiguió abrirse paso en la elitista sociedad científica de la época.

Me quedo con las reflexiones acerca de cómo, tanto Marie como Pierre Curie, se rindieron ante el descubrimiento del radio y la forma en la que se llegó a utilizar en la época: en pinturas para esferas luminosas de relojes e incluso una lana radiactiva para hacer ropas de bebé con fuente de calor. Por lo visto, este furor por el radio duró tres décadas hasta que en los años 30 del siglo pasado la gente empezó a ser consciente de los peligros de este descubrimiento. Y dice Rosa Montero: "¿No te inquieta pensar cuál será hoy nuestra radiactividad autorizada, qué sustancias legales nos estarán  matando estúpidamente?".

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que quieran conocer más acerca de la vida de una mujer científica, adelantada a su tiempo y que tuvo que superar muchos obstáculos, entre ellos la muerte prematura de su marido. Es, un libro que reflexiona sobre la muerte pero también sobre la vida después de la muerte.

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lunes, 31 de diciembre de 2018

La villa de las telas, de Anne Jacobs

Todo el año 2018 he deseado leer más y, de hecho, en los últimos momentos del año, retomé este propósito e incluso parecía que iba a volver a ser quien era. Sin embargo, estamos en continuo cambio y, por mucho que lo intente, ahora soy otra. La buena noticia es que los libros siguen y que la lectura como terapia continúa siendo mi mejor medicina.

De momento, he cerrado 2018 con esta lista de libros y, el último de ellos, La villa de las telas, de Anne Jacobs, ocupa el lugar número 16. Estaba en mi wishlist y me lo regaló la media langosta por mi cumpleaños. Lo incluí en la lista de deseos porque en las reseñas que había leído hacían referencia a sus similitudes con Downton Abbey y lo cierto es que disfruté mucho la serie y me apetecía volver a algo así.

Y no me defraudó, aunque echando la vista atrás, creo que le faltan cosas. Me explico. La villa de las telas tiene enredos familiares, una mansión gigante, un plantilla en el servicio que da mucho juego, y un secreto familiar que iremos desenmarañando a lo largo de las más de 600 páginas. Sí, es un libro largo y, sí en las primeras 300 páginas casi no pasa nada. La autora se dedica a presentar a los personajes, a plantear la trama y a despistarnos un poco. Pero no temáis, que no se hace demasiado pesado, a pesar de que hay pasajes que bien se podrían omitir.

Marie es una chica huérfana que entra a trabajar como ayudante de cocina en la mansión de los Melzer. Pronto cae en gracia a la hija pequeña de la familia, Katharina, quien consigue que Marie pase a ser su doncella personal y una aliada en sus "excéntricos" gustos, entre los que destaca su afición al arte.

Si su debut en la casa había sido difícil, su rápido ascenso a doncella personal no le pone las cosas fáciles a Marie con el resto del servicio y tampoco con el señor Melzer, sobre todo, cuando ella comienza a descubrir cosas de su pasado en las que el patrón de la casa está involucrado.

La parte más dinámica y más entretenida de esta novela tiene lugar aproximadamente a la mitad, cuando los protagonistas tienen que desplazarse a París. Entonces es cuando te das cuenta de que has estado leyendo más de 300 páginas por inercia y que, en ese momento, comienza una acción que, en realidad, dura alrededor de unas 100 páginas y luego todo vuelve a ser lo que era: una historia fácil y entretenida a la que le falta movimiento.

Biblioterapia


Este libro está recomendado para lectores que tienen interés en historias del estilo de Downton Abbey. Encontraréis muchos ingredientes parecidos pero menos acción, un argumento situado en Alemania y sin el componente bélico.

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