22 de mayo de 2019

[16] Libros duros, el legado del que se va y gracias Eduard Punset

El martes pasado, al hilo de la reseña del libro Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom, hacía en Instagram una encuesta para saber si os atraían o no libros de temas duros como ese (que trata del proceso de una persona con una enfermedad neurodegenerativa progresiva como es la ELA). De las personas que respondieron, un 56% dijo que sí, que leían libros de este estilo, y el resto respondió que no.

Me apetecía saber si preferís evitar en vuestra lista de lecturas cuestiones dolorosas porque a mí, desde hace años, me encantan los libros que me hacen reflexionar sobre ellas, aunque me den respeto. Me pesa más la curiosidad de entender cómo vive alguien una situación así que la resistencia de mi cerebro a afrontar pensar sobre el tema.

21 de mayo de 2019

[17/2019] Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom

La reseña del libro de hoy, no podría publicarla más que un martes, haciendo honor a la historia de los dos protagonistas: Morrie Schwartz y Mitch Albom. Ellos mismos, a lo largo del texto, se definen como "personas de los martes". ¿Y qué significa esto? Para nosotros desde fuera puede que nada, pero adquirirá sentido si te digo es que el típico chascarrillo que todos compartimos con personas con las que tenemos una relación muy estrecha, eso que nos vincula. ¿Te suena, no?

Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom es un libro biográfico que narra la historia real de Morrie Schwartz, un profesor de sociología de la Universidad de Brandeis (Massachusetts), y Mitch Albom, alumno y amigo suyo. Después de acabar la universidad y tras una relación de amistad muy estrecha entre ambos, Mitch sigue su camino en la vida y pasan años antes de que vuelvan a verse. Lo que ninguno sabe entonces es que su reencuentro estará marcado por la enfermedad terminal que sufrirá Morrie. Y por un programa de televisión.

14 de mayo de 2019

[16/2019] Volverás a Alaska, de Kristin Hannah

El año pasado leí una novela preciosa de Kristin Hannah, El baile de las luciérnagas, con un mensaje que difícilmente voy a olvidar nunca. Fue uno de esos libros de evolución de vida que tanto me gustan, al estilo de Los interesantes, de Meg Wolitzer, y Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Butler, con unos personajes y una narración envolventes.

Hace unas semanas, según mi método de elección de lecturas basado en "lo que el cuerpo me pida en el momento", sentí que sería buena idea volver a una novela de evolución, es decir, aquella en la que acompañamos a sus personajes, a lo largo de los años, en la vida misma. Y pensé que con Kristin Hannah y Volverás a Alaska lo tenía asegurado. Y así fue.