11 de junio de 2019

Entrevista a Mimi Almita (sobre levantarse a las 5 am): "Lo importante no es si te despiertas a las 5, a las 6 o a las 3 de la mañana, sino la intención de encontrar ese tiempo para ti misma"

A finales del mes de abril comencé a adquirir el hábito de levantarme antes de mi hora habitual. Lo hice por dos cuestiones: primero, porque me daba la sensación de que, trabajando en casa, no aprovechaba bien el tiempo; y, segundo, porque necesitaba hacer hueco para esas cosas que siempre dejamos para otro momento (especialmente el ejercicio).

En esos días también estuve leyendo el libro Qué hace la gente exitosa antes del desayuno, de Laura Vanderkam y recogí frases interesantes como: “Antes de que el resto esté desayunando, la gente más exitosa ya se anotó victorias cotidianas que le ayudan a acercarse a la vida que quiere tener”. Pero, ¿qué hora es "antes del desayuno"? El libro no fija una hora en concreto, aunque, por los casos prácticos, pude intuir que estaríamos hablando de entre las 5 y las 5:30 horas.

Desde luego, en ese momento, no estaba preparada para despertarme a las 5 de la mañana y terminé por programar mi despertador a las 7 am. Los primeros días mi cuerpo ofreció bastante resistencia, pero la clave a por qué sucedía esto me la dio Enfermero Morfeo en una entrevista que le hice hace unas semanas: no estaba durmiendo lo suficiente.

El factor psicológico también influye muchísimo. La manera en la que te motivas para despertarte es fundamental y dar valor a las actividades por las que haces ese esfuerzo es un requisito para que las sábanas dejen de pesar. Si, además, estás rodeada de gente que hace lo mismo que tú, ya tienes mucho ganado. Y, gracias a Instagram, creamos un grupo de chicas que seguimos apoyándonos para conseguir nuestro propósito de madrugar.

Con todo esto, aún me quedaban algunas dudas que quise que me respondiera Mimi Almita, la reina de la organización slow en Instagram. Ella se levanta diariamente a las 5 de la mañana, es emprendedora y madre.

4 de junio de 2019

[19/2019] El síndrome de París, de Aniko Villalba

En colaboración con Wear it slow


Dicen que alrededor de una veintena de japoneses al año no puede asimilar la realidad de París cuando llegan por primera vez. La diferencia entre lo que imaginan que es y lo que en realidad es les supera: ellos esperan una ciudad perfecta y se encuentran otra más real, con sus virtudes, pero también con sus defectos. El resultado es que se sienten ansiosos y desilusionados. A esto se le llama el Síndrome de París.

En alguna ocasión, seguro que tú también has ido de viaje a algún sitio que no resultó ser lo que esperabas. A mí me ha pasado varias veces y, aunque al principio intentaba convencerme de que no era tan malo, ahora ya no lo hago. ¿Y qué si el lugar que he elegido no es lo que yo pensaba?

Nos hemos acostumbrado a anticipar lo que vamos a encontrar en cualquier lugar del mundo, independientemente de lo lejos que esté. Nos dejamos influir por fotos, comentarios, guías, el GPS … Y matamos el componente sorpresa de los viajes. Además, nos gusta llenar nuestras agendas, programar decenas de visitas… Y nos olvidamos de ver, de intercambiar palabras, de armar nuestro propio itinerario, de callejear…

Por suerte, el slow travel se está convirtiendo cada vez más en tendencia y son muchas las personas que se paran a sentir los lugares que visitan con los cinco sentidos. Una de ellas es Aniko Villalba, una chica argentina que ha recorrido el mundo sola durante los últimos años.

Su experiencia la ha contado en dos libros. El primero de ellos, Días de viaje, lo reseñé hace unos años en mi blog y en él la autora hace un repaso por sus primeros dos años de aventura prácticamente en solitario por América Latina, Asia y parte de Europa. Lo que encontraréis no es una guía de viaje, sino un relato sobre experiencias, sensaciones, lugares, gentes, costumbres, anécdotas y vida.

El segundo libro se titula precisamente El síndrome de París y supone la vuelta a la vida nómada de Aniko tras un parón en Buenos Aires después de su primer viaje. Sin embargo, y a pesar de que esta forma de vida es con la que soñamos todos, vivir en movimiento no siempre es fácil.

Aniko comenzó esta nueva aventura en 2013, justo unos días después de la muerte de una de sus mejores amigas. Con este punto de partida de fondo, la escritora reflexiona a lo largo del libro acerca de esas cosas de viajar menos atractivas, como el movimiento constante sin sensación de pertenencia a ningún lado; la gente que queda lejos, tu familia, los amigos; las relaciones, cómo mantenerlas a distancia, …

Pero, como no hay mal que 100 años dure, superada la primera fase del duelo y tras recorrer parte de Chile y Bolivia, Aniko aterrizó en España y descubrió el sentido de su nuevo viaje: iba a experimentar con él. Y, de esta manera, dejó de hacer lo de siempre y se retó a sí misma a… recorrer Altea de manera automática; hacer contraturismo en Valencia; ir a la búsqueda del tesoro en Barcelona y París; recorrer Londres solo en transporte público; descubrir a su manera la ciudad de uno de sus grupos musicales favoritos, los Beatles; atravesar Islandia haciendo autostop; y conocer las raíces de sus antepasados en Hungría.

Hasta que llegó un momento en el que el cuerpo y la mente pidieron parar: es en los últimos capítulos donde Aniko cuenta su necesidad de asentarse en un lugar, junto con L, esa persona especial que se presentó después de la colección de relaciones rotas que supone vivir en constante movimiento.

Y, así, llegamos al último capítulo, mapa subjetivo de Biarritz, un recorrido alternativo por la archiconocida ciudad francesa, el lugar donde una chica argentina que había recorrido medio mundo sola en los últimos 10 años levanta su campamento base para quedarse a vivir.

“Caminar sin rumbo, callejear, es mi manera de conocer el mundo”
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29 de mayo de 2019

[18/2019] Que no te quiten el sueño, de Eduard Estivill

Hace unas semanas, después de leer el libro Qué hace la gente exitosa antes del desayuno, de Laura Vanderkam, me propuse añadir a mi rutina diaria el hábito de levantarme más temprano. Lo que pretendía conseguir era alcanzar los objetivos que me estaba marcando en el terreno laboral y personal. Las conclusiones las publicaré en una nueva entrada el jueves, porque hoy de lo que os quiero hablar es de un tema que me preocupaba bastante relacionado con levantarnos temprano: el sueño.

En un apartado de la reseña, os decía que, para madrugar, casi que era necesario programar el despertador también para irnos a la cama. De esa manera, venceríamos la resistencia que opone el cuerpo a la hora de levantarnos. Porque, efectivamente, la sensación de que nos pesan las sábanas sucede cuando no hemos dormido lo suficiente. Puede haber muchas razones pero, en este artículo, solo me voy a referir a aquellas que no están relacionadas con alguna patología porque, en ese caso, lo recomendable, es acudir a un especialista.

Para aclararme en cuestiones de sueño, he estado leyendo estos días el libro Que no te quiten el sueño, del doctor Eduard Estivill (que conoceréis porque su método para dormir a los niños es muy famoso), y he entrevistado a Álex Pastor (@enfermeromorfeo), enfermero especialista en trastornos del sueño.